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SINOPSIS
Serafín
(Ernesto Alterio), el cuadriculado
biólogo atado a la razón.
Ariadna (Leticia Dolera), la
trapecista convencida de que
sólo la magia y la pasión
pueden mover el mundo. Y el
estrafalario padre de Serafín
(Héctor Alterio) su particular
compañero de piso. Todo
comienza cuando Serafín
conoce y se enamora de Ariadna,
una paciente de la clínica
donde trabaja, que se esta sometiendo
a un tratamiento de inseminación
artificial.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Cuando ya hace
varios meses pudimos visionar
“El Penalti Más
Largo del Mundo”, película
de Roberto Santiago, en las
líneas de aquella reseña
se leía cierto desasosiego
por la situación del
panorama cinematográfico
en nuestro país. Si series
de televisión insulsas
y sin el más mínimo
trasfondo triunfan en el “share”,
quizás lo que funcione
en la gran pantalla sean meros
entretenimientos ligeros e intrascendentes,
como la película que
nos ocupa.
Concebida inicialmente
con el mero hecho de ser una
comedia suave, poco sesuda y
“apta” para el verano,
según sus directoras
nos contaron en rueda de prensa,
este tipo de producciones animan
al público a replantearse
el concepto de cine nacional
que otros realizadores están
logrando a base de esfuerzo
y tesón.
Historia olvidable
en la que el mínimo interés
es ver trabajar juntos en la
pantalla al clan Alterio por
segunda ver después de
“Tango Feroz” de
Marcelo Piñeyro, Paris
y Fejerman intentan construir
un alegato por la consecución
del amor imposible, o lo que
es lo mismo, aquel que sólo
se cuenta en las películas
románticas.
Ernesto Alterio
interpreta un personaje bobalicón
y sin fondo, que es gracioso
“porque sí”,
en el que se desaprovecha todo
el potencial tanto para la comedia
como para el drama, quedándose
en una peligrosa tierra de nadie
sin definir y Leticia Dolera
interpreta dos personajes distintos,
pero de igual manera y textura,
no notando el espectador ninguna
diferencia (juego que inicialmente
se busca).
Esperemos que
haya más suerte la próxima
vez. |