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SINOPSIS
Una noche
de invierno, una mujer, Pilar,
sale huyendo de su casa. Lleva
consigo apenas cuatro cosas
y a su hijo, Juan.
Antonio no
tarda en ir a buscarla. Pilar
es su sol, dice, y además,
“le ha dado sus ojos”...
A lo largo
de la película, los personajes
irán reescribiendo ese
libro de familia en el que está
escrito quién es quién
y qué se espera que haga
pero en el que todos los conceptos
están equivocados y donde
dice hogar se lee infierno,
donde dice amor hay dolor y
quien promete protección
produce terror.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Al ver la realista
película de Icíar
Bollaín, meterme en las
entrañas y heridas de
su protagonista, Pilar, salta
como un desgarrador resorte
la terrible punzada que también
siento cada vez que leo, escucho
o veo como otra mujer a muerto
a manos de su compañero.
No acabaré nunca de entender,
no puedo racionalizar cuales
son los macabros mecanismos
que se articulan en la mente
de un hombre para maltratar
(física o psicológicamente),
humillar o simplemente despreciar
a una persona a la que se ama.
Bollaín
se aproximó al tema en
el corto "Amores que matan"
y con Alicia Luna, su coguionista,
ha seguido un tortuoso camino,
investigando y escribiendo,
hasta este largometraje En ”Te
doy mis ojos” no se ve
ni un sólo golpe, pero
se sufre al visionar un maltrato
inmoral y mental, constante,
que hiere más que cualquier
corte profundo sobre la piel.
Quizá es mejor intuir
que mostrar, reflexionar entre
lo que se ve y lo que se esconde
detrás de un silencio
o tras una mirada. Eso lo sabe
hacer perfectamente Icíar
que sabe mantener la tensión
y despertar el intelecto de
sus espectadores. Brillante
e inquieta Bollaín consigue
que el espectador huela el terror
que sufre una mujer maltratada
y se plantee inmediatamente,
en una película de visión
tan incomoda como necesaria,
cuantas mujeres estarán
pasando por lo mismo en ese
momento y de que modo podrán
escapar de sus propias cadenas
que les atan a seres viles,
débiles y violentos.
Su gran virtud
además es que la película
hace que el espectador se plantee
y trate de entender que sucede
en la cabeza de un agresor,
y cuales son los mecanismos,
complejos y frustraciones que
le conducen a la violencia.
En dos secuencias claves de
la película (que no voy
a desvelar), sin sentimentalismos
baratos, sin hacer ruido, la
cámara de Bollaín
clava su mirada en el rostro
del tormento y en el silencio
del dolor, generando dos secuencias
únicas en la historia
del cine de este país,
desgarradoras y explícitas,
que muestran el horror tal cual
es y la madurez de la realizadora,
además de exhibir el
inmenso registro actoral de
los dos protagonistas, Laia
Marull y Luis Tosar. Sus personajes
están perfectamente construidos
y son tan complejos y diferentes
entre si, como complicados de
interpretar. Tosar y Marull
se meten en los pliegues de
estos caracteres con maestría
y riesgo, con lucidez y talento,
bajo una impecable dirección
de actores. Las miradas y silencios
de Laia Marull serán
difíciles de olvidar
durante mucho tiempo, ha construido
perfectamente un personaje triste,
desolado pero que se aferra
la vida. Tosar, visceral, encaja
en el perfil de la impotencia,
la violencia y la mediocridad
al dar vida aun ser peligroso,
frustrado e incauto. “Te
doy mis ojos” no solo
cuenta la historia de Pilar
y Antonio sino también
de quienes les rodean, como
sucede en las calles de cualquier
lugar donde se dan situaciones
similares, una madre que consiente
(Rosa María Sarda), una
hermana que no entiende (la
mejor Candela Peña que
se ha visto en pantalla), un
hijo que mira y calla, unas
compañeras de trabajo
y una sociedad impotente ante
estas situaciones.
La única
mujer realizadora en la competición
oficial del Festival de San
Sebastián 2003, increíblemente
no recibió el galardón
a la mejor película,
aunque Laia Marull recibió
la Concha de Plata a la mejor
actriz y Luis Tosar recibió
la Concha de Plata al mejor
actor, ha rodado una película
dura, intensa y comprometida
con una realidad, la violencia
doméstica, como protagonista.
Desde su cine pausado y firme,
con registro de autora (personal),
Bollaín aporta, en su
tercera película como
directora, un canto a favor
de la vida y su reflexión
hacia una sociedad que todavía
permanece un tanto atónita
ante situaciones tan dramáticas
como las narradas en “Te
doy mis ojos”.
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