|
SINOPSIS
Finbar McBride
sólo quiere estar solo
y que le dejen tranquilo, pero
para él, nacido con enanismo,
pasar inadvertido es una tarea
casi imposible. La forma en
que Fin se ha defendido siempre
de la curiosidad que despierta
es llevar una vida aislada presidida
por una única pasión:
los trenes.
Tras la muerte
de su único amigo y compañero
de trabajo, Fin se instala en
una estación de tren
abandonada en el campo, en Nueva
Jersey, para vivir como un ermitaño.
Pero, al igual
que les pasó a los jefes
de estación que vivieron
allí antes que él,
Fin no tarda en verse involucrado
en las vidas de algunos de sus
vecinos: Olivia Harris, una
artista que intenta superar
una tragedia familiar, y Joe
Oramas, un vendedor de perritos
y hamburguesas de origen cubano
con talento culinario y una
sed insaciable de conversación.
En la olvidada
estación de ferrocarril,
este trío tan dispar
empieza a forjar unos lazos
singulares, que en última
instancia revelan que incluso
el aislamiento es mejor compartido.
LA HEMOS VISTO
Y NOS PARECE QUE...
La dulzura
con la que el director y guionista
Tom McCartthy introduce al espectador
en su triángulo narrativo
resulta una experiencia estimulante
a la sensibilidad del espectador.
Cuando te has muerto y tienes
que seguir respirando, además
de conseguir un extraño
brillo en los ojos, entiendes
perfectamente a los personajes
de “The Station Agent”.
Una vez fuiste como ellos y
saboreaste la necesidad de poseer
lo fugaz e intangible.
El excelente
plantel de actores brillan en
el sólido guión
escrito por McCartthy. El equilibrio
interpretativo de la encantadora
Patricia Clarkson y el contundente
registro realizado por Peter
Dinklage, Finbar, refuerzan
la coreografía de unos
personajes inundados de profunda
soledad. Sus caracteres, también
el tercero en discordia interpretado
por Bobby Cannavale, articulan
este memorable canto de esperanzas
y realismo.
Esta película
norteamericana, aclamada en
el Festival de Sundance tanto
por jurados y público,
narra crudas huidas hacia delante
de seres que siguen, en su transito
por las vías, por la
vida, buscando su paz interior
aun sabiendo que todo esta abocado
al desgarro. “The Station
Agent” describe, también,
la resignación de seres
pasivos que circulan por la
vida, cuales trenes en la noche
de los tiempos, hacia el vacío
completo.
“The
Station Agent”, con los
ferrocarriles como importante
telón de fondo e imprescindibles
vehículos de encuentro
(“Vías cruzadas”
en la traducción al Castellano),
es una salubre fantasía
ajena a los cánones ortodoxos
establecidos en la industria
contemporánea del cine
norteamericano. Cierto es que
se le podría criticar
a la película que no
despeje todas las incógnitas
que plantean sus personajes,
ya que el director no se para
a desvelar multitud de detalles
que forman parte del bagaje
previo al encuentro de los protagonistas.
Quizá sea esa la crítica
más “feroz”
que se le puede hacer a “The
Station Agent”; es decir
que presentará mayor
metraje y su director se hubiera
parado a “explicar”
las múltiples conexiones
que aparecen reflejadas en las
cicatrices impresas en el alma
de sus protagonistas.
|