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SINOPSIS
Wenders realiza
un retrato de los Estados Unidos,
Utilizando las calles del centro
de Los Ángeles como fondo,
a partir de dos perspectivas
muy diferentes: a través
de los ojos de Paul (John Diehl),
un veterano de Vietnam excesivamente
patriótico y obsesivo,
que vive en un delirio de desconfianza
ante el temor a un nuevo atentado
e investiga por su cuenta a
todos los árabes que
considera sospechosos, y desde
el punto de vista de su sobrina
Lana (Michelle Williams), una
joven idealista y con creencias
religiosas que ha vivido en
Europa y África que vuelve
a su país con el deseo
de convertirlo en una tierra
libre, abierta y generosa.
El suyo es
el único lazo familiar
que mantienen, lo que les lleva
a una relación especial
que se afianza cuando asisten
casualmente a un incidente que
tiene como protagonista a un
vagabundo árabe.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Ya casi pasan
cuatro años desde el
atentado a las torres gemelas
y es ahora cuando comienzan
a aparecer obras de ficción
que versan sobre el tema, y
a cargo de artistas europeos.
Un par de ejemplos de esto son
el libro Windows on the World
a cargo del francés Frédéric
Beigbeder o la película
que nos ocupa, con un enfoque
más indirecto y postergado
en el tiempo, del alemán
Wim Wenders.
No solo por
tocar el tema innombrable, aunque
sea indirectamente, sino por
el retrato cruel y sin piedad
que realiza de la sociedad americana
y de la política global
de su gobierno, nos da la impresión
de que la película se
ha realizado para ser vista
en festivales y en el mercado
“no-americano”.
Lo cual es contradictorio, curioso
e incluso irónico.
Llama la atención,
como es habitual en las películas
de este autor, el particular
enfoque con el que aborda y
describe a la sociedad norteamericana.
Una sociedad formada por individuos
solitarios y marginados. Como
punta de lanza, los dos protagonistas:
una irreconocible Michelle Williams
(a Wenders gracias) en el papel
de una americana criada en África
e Israel, quien aporta al filme
la visión de EEUU que
se tiene del país fuera
de sus fronteras; y John Diehl
en un papel rudo y agotador,
que aporta justo la visión
opuesta del pueblo americano,
esa visión tan cegada
de sí misma y que tan
interiorizado tiene aquello
de “…no ver la viga
en el ojo propio” que
provoca en el propio individuo
un estado paranoide crónico.
Por supuesto, fomentado por
un gobierno que ignora las capas
bajas de su sociedad, justo
el sector que Wenders se ha
propuesto mostrarnos.
Precisamente
por esto, por enseñarnos
los despojos sociales de la
cultura hipercapitalista, es
por lo que no le auguramos un
futuro prometedor a la película
en los cines estadounidenses.
Como no suele
fallar en las películas
de Wenders, esta también
posee una fotografía
destacable (fría y nocturna)
y una banda sonora muy actual,
a ritmo de guitarras pop, de
la mano de grupos como Travis,
Tv Smith, David Bowie, Die Toten
Hosen, Thom, y Leonard Cohen.
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