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LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Fui a ver
esta película porque
me la recomendó un amigo.
Esto no siempre es fiable, sobre
todo si el amigo es de esos
que van al cine a ver casi todo
lo que se estrena (la suerte
de vivir en un lejano país
donde el cine es siempre en
versión original y a
precios asequibles), pero le
hice caso. De haber sido por
la sinopsis que venía
en la cartelera nunca la habría
visto (en el cine, pagando):
“una joven artista trabaja
como taxista de ancianos”
(¿Quién hace las
sinopsis de las películas?
¿Por qué nunca
tienen que ver con lo que la
película va a contar?).
De hecho, unos amigos no quisieron
ir a verla porque “no
les decía nada”.
Los cinéfagos
más culturetas, cursis
y modernos os comentarían
aquí que si Sundance,
que si referencias al cine americano
independiente, que si película
de autor, que si la directora-guionista-protagonista
y su experiencia con el video-arte
y otras performances, etcétera
etcétera. Yo paso. Si
sirve de pista, como dijo un
colega, es una mezcla de Magnolia
y Amelie filmada por Isabel
Coixet, pero tampoco.
Es una película
rara, eso sí. Marciana
desde el principio, con unas
voces en off muy particulares
hablando de que hay que vivir
como si fuera el último
día de nuestras vidas
sobre una foto fija; luego un
tío se pega fuego a la
mano para llamar la atención
de sus hijos, que en vez de
mirar por la ventana, no se
despegan del ordenador. Y así
una galería de personajes
peculiares, desde ancianos a
niños (es una película
coral, bla, bla, bla…).
El espectador
pasa de la extrañeza
a la sonrisa a cada paso, se
ríe en momentos escabrosos,
se sorprende por cosas aparentemente
normales…
La verdad es
que es muy difícil hablar
de ella sin destripársela
al que no la haya visto. Hay
muchos momentos mágicos
en la película (vaya,
tampoco puedo contarlos): con
un pez, unos zapatos rosa, dibujos
de esos que se hacían
en la pantalla del ordenador
con puntos, comas y demás
signos ortográficos,
la vida que cabe en lo que recorremos
un tramo de la calle, un sonido
metálico extraño
cada amanecer…
He leído
en una crítica lo siguiente:
“es una poética
y minuciosa observación
de la lucha de la gente para
relacionarse con otras personas
en medio del aislamiento del
mundo contemporáneo”,
pero me suena a comentario de
texto. Supongo que se podría
interpretar todo lo que ocurre
en la película de alguna
manera: que la vida diaria más
banal esconde infinidad de sorpresas
y casualidades, que estamos
un poco solos, que no hay “gente
normal”, que, en realidad,
todos somos raros… Pero,
como dijo otra amiga, “no
hay moralina ni sentencia final”.
No os digo
nada más. Os invito a
verla. Si lo hacéis,
id pronto porque la peli se
estrenó en noviembre.
Y fijaos en lo azules que son
los ojos de los dos protagonistas.
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