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SINOPSIS
Tres generaciones
de mujeres sobreviven al viento
solano, al fuego, a la locura,
a la superstición e incluso
a la muerte a base de bondad,
mentiras y una vitalidad sin
límites.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Después
del sabor agridulce, por no
decir agrio, de La Mala
Educación, Almodóvar
vuelve a reencontrarse a sí
mismo por partida doble. Por
una parte recupera el humor
en sus películas, un
humor particular, con ribetes
surrealistas que escupen unos
personajes a priori reconocibles
por la vida, lo que propicia
un contraste que hace que todo
sea más disparatado y
por tanto divertido. Por otro
lado vuelve a sus raíces
en un sentido etimológico,
geográfico y emocional,
porque fuera de cualquier tópico
periodístico es cierto
que esta es su película
más manchega. De hecho,
Almodóvar, otrora tan
urbanita, presenta Madrid como
un lugar circunstancial y difuminado
hasta tal punto que retrata
la ciudad fuera de foco. Aunque
sus orígenes rurales
siempre habían asomado
en sus películas, en
esta ha querido poner toda su
atención en el pueblo,
como si se tratara de saldar
una deuda con un secundario
espléndido, solvente
e imprescindible para el éxito
de sus anteriores historias;
y de paso nos regala una lección
sobre que la “modernidad”
en el cine no pasa necesariamente
por renegar de nuestros orígenes,
ni de nuestros rudos antepasados,
ni tampoco por obviar aquellas
historias contemporáneas
que no se ubiquen en una ciudad.
La historia
de Volver debía andar
rondando en la cabeza de Almodóvar
desde hace tiempo, prueba de
ello es que aparece mencionada
en La Flor de Mi Secreto,
cuando la escritora que encarna
Marisa Paredes, Amanda Gris,
escribe un libro con una trama
muy parecida a la de Volver,
rompiendo así ese contrato
leonino que la obligaba a ser
una escritora de novela rosa
durante años. Después
de La Flor de Mi Secreto,
vinieron un buen puñado
de películas, entre ellas
la maravillosa Hable Con
Ella, por lo que parece
que Almodóvar ha elegido
el momento idóneo para
abordar esta historia de la
que se intuye que el director
ha puesto muchas de sus vivencias
personales.
También
es la película del reencuentro
con Carmen Maura, una de las
mejores actrices del cine español,
reconocimiento que seguramente
tiene mucho que ver con la filmografía
de Almodóvar. El reencuentro
ha sido feliz, aunque el personaje
de Maura dista mucho de cualquier
otro en anteriores colaboraciones.
Carmen Maura vuelve a estar
espléndida, pero no en
demérito de las otras
“chicas Almodóvar”
de la película, que están
sorprendentemente bien. La mano
del director manchego para con
las actrices, se demuestra ya
como infalible, porque sacarle
esos registros arrabaleros a
Penélope Cruz, hacer
de Blanca Portillo una entrañable
aldeana fumadora de marihuana,
exprimir la candidez de Lola
Dueñas o jugar con lo
mejor de secundarias como la
gran Chus Lampreave o la joven
Yohana Cobo, es digno de todas
las alabanzas posibles.
Pero lo mejor
de todo es que Volver
es un compendio de emociones
dosificadas con maestría.
Del exceso se pasa a la contención,
del melodrama a la comedia más
hilarante, del surrealismo al
retrato sociológico.
Volver es un grato paseo por
la vida, vista desde un punto
de vista de un observador nato,
que sin embargo no renuncia
a los extremos y a poner matices
personalísimos a aquello
que ve y nos quiere contar.
Y muchos años después,
continua sorprendiéndonos.
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