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  QUIERO SER UNA TERTULIANA

Acabo de recibir un e-mail en el que me ofrecen la oportunidad de mi vida: dinero fácil sin esfuerzo, sin riesgos. Dinero contante y sonante que aparecerá por mi casa como por arte de magia. Es lo que tiene la red de redes: posibilidades infinitas de comunicación mundial, de información inmediata, de creación monetaria súbitamente nacida de la nada. La piedra filosofal que buscaron sin éxito los alquimistas. Una verdadera tentación, no me digan que no, la de ganarse la vida por el morro.

Pero de esto hay unos cuantos que saben más que Lepe, que se lo tienen montado a lo grande, a todo trapo. Una tropa que pisa fuerte con botas de seudo información, esas que a cada paso machaca el barro de nuestra ignorancia. Y venden, claro que venden, palabras de comadres en los corrillos, que son las que se cuelan con efectos más contundentes y transformadores del pensamiento; una verborrea aplastante y vestida de limpia patena de objetividad (ni que esto fuera posible), de sabios del renacimiento que controlan de todo y de ilustrados “eruditos a la violeta” con efecto educacional. Y todo ello con gabardina a la que resbala la tormenta de errores, barbaridades múltiples y gazapos a conciencia. La gabardina impermeable de la solvencia, de la inmunidad profesional del poder de la cresta, el gallo mediático que kikiriquéa.

Quiero ser tertuliana, coger un taxi de Prado del Rey a la Cadena Ser, hablar por el móvil, leer los titulares de los diarios y “pues, sí”, “pues, no”, me estudio la chuleta y tira millas, de la Ser a Tele 5 a pegar hebra, “pues, sí”, “pues, no” y suma y sigue mi cuenta corriente.

Que no entiendo de un tema ¿y qué? si hago un análisis de la situación económica internacional política aderezado con anécdota del peinado de la Botella y con subidas y bajadas de La Bolsa de Tokio, de NY, de EU, que deja a cualquiera pasmao. Una clase magistral de política de interior, de nacionalismos, de petroleros, de guerras, de OTAN y del último novio de la Obregón. Un refrito de ministros y nombres de la oposición, que si éste que si aquel, que ha dicho que dicen que direte. Que no dijo ¿y qué? podía haberlo dicho, o ¿no? Que si políticamente correcto, que si el estado de derecho, que si el estado de la nación, que si el paro, que si la xenofobia, que si las mujeres, que si la destrucción masiva, que si el botellón. Todos los temas en una noria.

Quiero ser tertuliana, que me maquillen para la pantalla, me inviten a un café, y lista para toda la mañana. Con dos días a la semana tengo bastante. Una columnita en un diario donde mi perro es protagonista, un almuerzo por aquí, y otro por allá. Y “pues sí”, “pues…no”. A lanzar afirmaciones por las ondas, a hacer publicidad de mi persona.

A jugar a las tablas del verbo y la retórica. No perder el norte, no señor, linchar al contertuliano es lo que verdaderamente importa, con ideología en blanco y negro y de cartera, con el regusto de pimienta en la punta de la lengua.

Quiero ser tertuliana y subirme al poder, dejar el cuento de las ganancias por internet para incautos novatos, y dedicarme a los oyentes sin voz, que me subvencionen la ADSL, entre otras muchas cosas.