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Suena el despertador
y lo paras rápidamente,
se acabó la tranquilidad
hay que ponerse en hora. Piensas,
mirando al techo, que no tienes
ninguna gana de levantarte y
enfrentarte un día más
a la tarea cotidiana, al ir
y venir que a veces sientes
pobre y miserable. Con un gran
esfuerzo te calzas las zapatillas
y subes la persiana, la luz
y las ramas casi desnudas te
golpean el pecho y sientes un
pedazo de tristeza así
de grande.
El otoño me pone, el
otoño dorado y castañero,
seco o pasado por agua me pone...
nostálgica y sensible,
inquieta y exigente, tierna
y amorosa, irritable y risueña...
dispara mis hormonas y mis emociones,
todo se mezcla, como esos montones
de hojarasca: castaños,
sauces, plátanos y pétalos
de rosa. Esta mañana
todo andaba revuelto y triste
en mí hasta que un "@"
me salvó, la sinopsis
de una peli de esta misma revista:
"Le fabuleux destin d'Amélie
Poulain", esa chica diferente
de la que Javi dice: "
Ha visto su pez de colores deslizarse
por las alcantarillas municipales,
a su madre morir en la plaza
de Notre Dame y a su padre dedicar
todo su afecto a un gnomo de
jardín..." -¡No
somos nadie!- Sigo leyendo y
quedo seducida por el texto
y por el personaje virtual que
el correo me muestra y de pronto
la alegría me embarga,
siento ganas de conocerla y
decirla ¡ bonjour Amélie!
hoy me has salvado.
Esta tarde compraré dos
entradas -dos- para estar a
mis anchas con Amélie
y pasear París y hablarla
del otoño de Madrid,
de sus olores y del frío
seco que corta la cara y te
hace temblar de dentro afuera
y sentir que la vida es hermosa
y caprichosa, que está
llena de gentes increíbles,
de peces de colores y "Amélies"...
¡ Allons au cinéma
!
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