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Por cierto,
aquel día que caminaba
por esos callejones, vi entre
las malezas, que en él
se habían levantado,
un hombre con sombrero. Lo raro
es que no recuerdo bien su rostro,
aunque creo, sólo creo,
tenía una cicatriz debajo
del pómulo derecho, quizás
un corte hecho con algún
vidrio, al estar en esos lugares
uno corre el riesgo de cortarse
con cualquier tipo de objeto.
En fin, no dejaba de ser raro
el sujeto (pues para caminar
por callejones hay que ser muy
peculiar), me llamó la
atención también
la forma en que vestía:
un tapado negro, pantalón
de cuero y un par de botas,
al igual que el tapado, todo
de color oscuro. Seguí
caminando un poco hipnotizado,
y debo decir que no sé
bien por qué lo hice,
pero seguí mi marcha
cansina que siempre se apodera
de mí. Al instante vi
que el sujeto comenzaba a mirarme
de costado, con una mirada que
podría intimidar al mismísimo
Lucifer, y empecé a ponerme
nervioso, acto que llevó
a paralizarme, ¡a no reaccionar!
El sujeto, que seguía
inmóvil, dejó
caer algo al suelo, creo que
era un cuerpo –por la
dimensión del bulto que
había arrojado-, parecía
además que sus manos
estaban ensangrentadas, digo
parecía, porque las luces
del callejón eran tenues,
y no llegaba a distinguir claramente
lo que había dejado caer
al suelo. De repente, el sujeto
comenzó su marcha hacia
mí, lentamente. Mis nervios
habían aumentado. Volvió
a mirarme y continuó
su camino, taciturno, pero seguro.
En ese momento sentí
pánico, ¡sí,
pánico!, por no saber
qué hacer, pero al instante
me di cuenta de la realidad,
y sentí mucho más
pavor. El sujeto dejó
de ser real y pasó a
ser una sombra, una sombra en
la oscuridad, una sombra que
daba el reflejo exacto de un
momento, de una situación.
No era más que la realidad
de las cosas, volví a
mirar para asegurarme, para
ratificar lo que creí
ver en esos momentos, y mi pavura
creció a un ritmo inesperado
al ver que ya el sujeto no era
tal, la luz más clara
y las imágenes también
se mostraban más luz;
miré mis manos y estaban
húmedas, pero de una
humedad pegajosa, y mis ojos
comenzaron con terror un recorrido
interminable hacia el suelo
y vi lo que no quería
ver: mi locura había
hecho lo suyo y mis manos también.
Retrocedí y comencé
a correr, pues habíame
dado cuenta que alguien había
observado la escena... Escena
en la que el extraño
del callejón no era otra
persona más que yo...
y que el cuerpo que en el suelo
yacía, también
era yo, y entonces mí
pánico ya había
recorrido todos los lugares
de mi cuerpo, hasta dejarme
en la situación de no
saber qué hacer con todos
esos declives de mi ser.. y
corrí, corrí hasta
agotar mi energía, culminando
en un callejón, donde
vi un hombre raro, muy raro...
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