Principal / Relatos / El gran juego
EL GRAN JUEGO

 

El niño que no quiso ser nada vivía con su abuela, una mujer con manos de hombre y labios de niña, a las afueras de la ciudad. Allí, donde nadie quería vivir. En una casa de ladrillos rojos y ventanas de madera. El niño que no quiso ser nada, se pasaba el día soñando que era un ángel. Un ángel desnudo de alas negras y sonrisa de culpable. El niño que no quiso ser nada, aprendió a jugar como le enseño su abuela. Volaba como el cuervo y miraba por sus ojos de pájaro, sentía el vértigo del vacío, la altura y sus plumas llenas de sangre posarse sobre el árbol o sobre la iglesia abandonada. El niño que no quiso ser nada hacía magia, como el falso viejo chino de ojos postizos y bigote puntiagudo. Se apoderó de sus manos enca­denadas y de su boca, donde escondía la diminuta llave del candado. El niño que no quiso ser nada no sólo era un niño, sino que era el cuervo sin rumbo en el cielo o entre las ramas, era el mago impostor del circo de papel, la vieja que dormía con su gato atigrado en la mecedora, el hermano muerto enterrado con el anillo de oro. Era quien él deseara, porque aprendió a jugar al gran juego que le enseñó su abuela.