Principal / Relatos / Crimen Imperfecto
CRIMEN IMPERFECTO

 

Habitación. Entra luz por unos ventanales situados en su parte superior (si no, puede haber una ventana normal, pero tapada con cortinas que no se pueden abrir porque están fijadas con cinta aislante). La habitación es un dormitorio tirando a amplio, puede que tenga armarios, diáfano, y tiene dos únicos muebles: una cama sin hacer apoyada en una de las paredes, y una mesilla apoyada en la pared opuesta, con un teléfono y dos sillitas a su lado, y en conjunto muy desordenada (ropa tirada por todas partes, alguna caja de Telepizza, botellas vacías...). Las paredes están cubiertas de carteles publicitarios: pueden ser de modelos en bikini, pero también podrían ser de películas (de hecho, sería conveniente que hubiera como mínimo algunos de películas).

Se abre una puerta situada en la pared de enfrente de la cama, y entra una chica (vestida con ropa provocativa: o bien una minifalda o mallas, tal vez enseñando el ombligo..). Justo detrás entra un hombre bastante desaliñado (alguna camiseta de algún grupo heavy- preferentemente negra- vaqueros...) apuntando con una pistola a la chica.

CHICO: Bueno, pues esta será tu habitación. Normalmente yo duermo aquí, pero no te preocupes que me instalo en el sofá del salón. Así que ahora te ato a la cama, y ya verás lo cómoda que vas a estar.

CHICA (se vuelve hacia su raptor, está a unos dos metros de éste): Ay, qué monada de habitación, me encanta. Además, aquí voy a pasarlo muy bien, siempre me han encantado los inframundos repletos de bichejos.

CHICO: Vaya, pues se me olvidó. Fíjate tú que sí tenía pensado haber pasado un trapo de polvo, pero, ya sabes, la primera vez que cometes un delito, los nervios del debut, que si lo harás bien... Menudo despiste, te debes de estar llevando una impresión muy mala de mí.


CHICA (en plan borde): No, qué va. Si es mi plan favorito, que me encañonen con una pistola y me arrastren a un parque temático. ¿Cuál de los tres es éste, Cucalandia, Cucaworld o Eurocuca?.

CHICO: Bueno, tampoco te pongas tan irónica, que no es para tanto. Vamos a ver, a ver si encuentro....

Echa una ojeada a la habitación, ve unas esposas –cuatro -tiradas por el suelo al lado de donde está, y las recoge .

CHICO: Venga, échate en la cama, que estarás más cómoda si te esposo mientras limpio.

CHICA: Mira, si no te importa me quedaré de pie. Un primo mío se tumbó en unas sábanas así de guarras, y tardaron tres meses en encontrar su cadáver.

CHICO: Joder qué repipi eres. Pues la próxima vez te va a secuestrar quien yo me sé.

Poco después (tras fundido en negro o lo que sea). La misma habitación, pero con unas bolsas de basura apoyadas en las paredes y llenas de cosas que el chico ha ido barriendo. La habitación mucho más limpia, aunque todavía quedan trastos que el chico está barriendo y dejando en un recogedor. La cama ya tiene sábanas limpias y está hecha, y la chica está tumbada encima de ella, atada de pies al respaldo, con las manos libres. Las otras dos esposas están encima de la mesita, al lado del teléfono.

CHICA: ¿Y por qué precisamente me has tenido que raptar a mí?.

CHICO (agachado al lado de los pies de la cama, pasando la escoba por debajo de la cama y sacando un montón de pelusillas): Hombre, no iba a secuestrar al gato de la esquina. Tu padre tiene una fábrica de butifarras en conserva, tú no llevabas escolta, y necesito desesperadamente mil millones de pesetas.

Termina de pasar la escoba debajo de la cama, recoge las pelusillas y las tira en la bolsa de basura que tiene más cerca. A continuación se levanta, y apoya las manos en la escoba.

CHICO: ¿Qué?. ¿Vale ya?.

CHICA: Ahí, al fondo. Ese calcetín. Se incorpora, y señala con la mano derecha un calcetín usado que hay en el suelo. El chico lo coge, y lo lanza hacia la bolsa de basura. Falla, y tiene que acercarse a meterlo.

CHICA: Mi amiga Mari Pili es hija de constructor, y tampoco lleva escolta. Pero claro, como es gorda y tiene voz de pito, pues nadie le toca un pelo. ¡Es que todos los secuestradores sois iguales, una panda de salidos de mierda!.

CHICO (camina hacia la mesita y se sienta en la silla): Anda, dame tu teléfono, que voy a llamar a tu casa.

CHICA: ¿Por qué no hacemos un trato?. Tú secuestras a mi amiga Mari Pili, me sueltas a mí, y yo a cambio no digo nada. Además, te llevarías muy bien con ella, su concepto de limpieza es muy parecido al tuyo (al decir esto podría poner cara de asco). (Tras una breve pausa, en la que la chica se tumba sobre la cama) Porque si piensas que me va a entrar el síndrome de Estocolmo, lo llevas de un claro que asusta. Con lo birria que eres tú, vas a tener que raptar a una muñeca hinchable para tener algo de éxito, e incluso ahí no te garantizo nada.

CHICO: Bueno, ¿me vas a decir tu teléfono de una vez?.

CHICA (incorporándose súbitamente): ¿Mil millones?. ¿De verdad vas a pedir mil millones por mí?. ¿Para qué quieres tanto dinero?.

El chico, viendo que la chica no le va dar el teléfono, coge las dos esposas que había sobre la mesita, se levanta y va hacia la cama, esposa los brazos de la chica al cabecero (venciendo la resistencia de la chica), coge un trozo de cinta aislante (un poco arrugadillo) de un bolsillo de sus pantalones y amordaza con él a la chica, que ni así se calla (mmmphhh...). A continuación, registra los bolsillos de la chica, saca una cartera, la abre, se dirige a la mesilla del teléfono, se sienta de nuevo, y marca un número. Tras unos segundos, cuelga bruscamente, se levanta, y quita la mordaza a la chica (sin quitarle las esposas de las manos).

CHICO: ¡Ha saltado un contestador!.

CHICA: Mis padres no cogen nunca el teléfono. Te lo iba a decir, pero como no me dejas hablar no he podido.

CHICO: Bueno, cogerán más tarde, ¿no?. ¡Tarde o temprano, se alarmarán cuando vean que no apareces por casa!.

CHICA: No creo. Están acostumbradísimos a pasar temporadas sin saber nada de mí. Se pensarán que me habré ligado algún hotentote y que me he ido con él a cazar misioneros, o algo así. Bueno, qué, ¿me sueltas los brazos?.

CHICO (desesperado): ¿Pero bueno, qué clase de educación te han dado? (apesadumbrado, se levanta, y suelta los brazos de la chica. Ésta no hace ningún esfuerzo por liberarse. El chico se vuelve a sentar, y se pone meditabundo).

CHICA (incorporándose): No me has contestado a la pregunta que te he hecho.

El chico no responde. Está hundido.

CHICA: ¿Para qué vas a pedir mil millones?. Con unos doscientos podrías irte al Caribe y allí vivirías muy bien.

CHICO (apesadumbrado): También quería rodar una película.

CHICA (interesada): ¿Sí?. ¿Sobre qué?.

CHICO: Una superproducción con muchos efectos especiales. La idea central era un grupo de aizkolaris que, hartos de que sus marmitakos se corten por culpa de tanta porquería transgénica, se meten en una estación espacial rusa, la toman, y se van al espacio exterior a buscar los ingredientes recomendados por su sociedad gastronómica y, ya de paso, a enseñar a bailar el aurresku a los venusianos.

A la chica le da un ataque de risa (si es posible, que tenga una risa contagiosa), y se tira sobre la cama.

CHICO: No te rías, que no tiene gracia.

CHICA (restableciéndose de sus risotadas): ¡Pero no seas tan tímido, hombre, deja un recado en el contestador!.

CHICO: Sí, claro, y ya de paso mando una foto de mi careto a la policía. Anda, que tienes unas ideas...

El chico se ha ido restableciendo poco a poco, ya no está tan hundido.

CHICO: Bueno, voy a intentarlo otra vez. (Coge el teléfono, mira de nuevo la cartera de la chica, marca, y a los pocos segundos cuelga de nuevo, aunque esta vez con resignación).

CHICA (incorporándose de nuevo): Te recuerdo el trato que te he ofrecido: tú secuestras a mi amiga Mari Pili, la cambias por mí, y yo no digo nada a nadie. Creo que va a ser tu única solución, si todavía quieres rodar esa maravilla (esta última frase dicha con risa contenida).

CHICO (se le ilumina el rostro, y sonríe. Acaba de tener una inspiración): ¡Pero qué tontería!. ¡Anda, que menudo cenutrio que estoy hecho!.

Se levanta, y se estira un poco, con una sonrisa de oreja a oreja.

CHICO: ¡Fíjate, si es que es sencillísimo!. ¡En lugar de dejar yo el mensaje, pues lo grabas tú, y así nadie me reconoce la voz!. ¿Cómo diablos no se nos había ocurrido antes?.

CHICA: Sí, precisamente en eso estaba pensando, en darte ideas para que arruines a mi familia. Vamos, pues ya es lo único que faltaba.

El chico va hacia donde está la chica, silbando (lo que sea, da igual), y, con la pistola apuntándola en la mano izquierda, con la derecha la libera. Retrocede para dejar espacio a la chica, y ésta se sienta en una de las sillas que hay al lado de la mesita del teléfono. A continuación, el chico le encadena una de las piernas a una de las patas de la mesita, y se sienta en la otra silla..

CHICA: Bueno, ¿qué digo?.

CHICO: No sé. Lo que se te ocurra.

La chica mira al chico con cara de este tío es tonto. A continuación coge el teléfono y se pone a marcar. El chico le corta la llamada.

CHICA: ¿En qué quedamos?. ¿Llamo o no llamo?.

CHICO: Mira, si no te importa, el número lo marcaré yo. No te lo tomes a mal, no es nada personal, pero cuando uno se hace criminal no se puede fiar de nadie.

Marca el número. La chica mira al techo mientras escucha el mensaje –como poniendo cara de menuda idiotez me acaba de soltar este imbécil-, y mueve los labios como si lo recitara en voz baja (si se decide que se oiga, será el clásico mensaje de contestador; si no, se puede rellenar el silencio haciendo que el chico vuelva a silbar). Finalmente concluye el mensaje, y la chica se pone a hablar.

CHICA (poniendo voz exageradamente cursi): ¿Papáaaa?. ¿Papuuuchi?. Ay, qué ilusión hablar con tu contestador. Soy Montserrat, tu hijita. Te llamo para decirte que he conocido a un chico monísimo, y que me voy a vivir con él a su casa. ¿Sí, cariño? (Esta frase la dice como haciendo que habla con su supuesto novio). Ah, sí. Es un solete, y te manda saludos. Ay qué ilusión te hará, con lo bien que te han caído siempre los indigentes a ti, ¿te imaginas qué romántico, vivir en una caja de cartón y vender droga en las puertas de los colegios?. Y, además, tengo otro notición que darte: ¡vas a ser abuelito!. ¿Verdad que estás contento?. Se nos ocurrió experimentar con un preservativo de ganchillo, y las pruebas de embarazo nos han dado positivo. Ibrahim al principio se enfadó mucho y me prendió fuego con gasolina, pero ya se le ha pasado el enfado, y está tan encantador como siempre. ¿Te he dicho que te manda saludos?. Ay sí, qué tonta soy. Bueno, pues... (mientras la chica dice eso el chico tiene las siguientes reacciones: cuando dice lo de “chico guapísimo” está entre colorado como un pimiento y muy ilusionado; a medida que va siguiendo la ilusión torna en sorpresa y después en furia).

El chico le arranca el auricular de un manotazo, y cuelga el teléfono de un golpe.

CHICO (lo más cercano que puede estar un tío tan apocado a enfadarse): ¿Pero se puede saber qué haces?.

CHICA (justificándose): Lo que tú me has dicho, ni más ni menos. He contado lo primero que se me ha ocurrido.

CHICO: Mira, tengamos la fiesta en paz. Lo mejor va a ser que escriba yo un mensaje y que lo leas tú. De momento, tú te vuelves a la cama.

Nuevamente apuntando con la pistola a la chica, se agacha y la desencadena de la pata de la silla, le deja espacio para que pueda ir a la cama y, una vez ella se ha tumbado, le esposa de nuevo los pies. A continuación, se pone a hurgar en una de las bolsas de basura, encuentra un papel arrugado y un boli, se sienta, y se pone a pensar a ver qué escribe.

CHICA: ¿Qué vas a poner?.

CHICO: Calla, déjame concentrarme (a continuación se pone a hablar consigo mismo, en todo quejumbroso). Quién me manda a mí. Todo esto me pasa por querer ser un hombre de provecho, si es que a veces tengo unas pretensiones...

Fundido en negro (o lo que sea). Poco después. La chica está de nuevo sentada en la misma silla en la que se sentó antes, con una de las piernas encadenada a la mesita, y el chico en la otra silla, apuntando a la chica con la pistola –aunque no deja de ser un relativo buenazo, sigue algo cabreado con la chica. La chica está leyendo atentamente el mensaje que ha escrito el chico.

CHICA: Tiene faltas de ortografía. Bueno, y la gramática es un desastre.

CHICO: Anda, no me toques la moral. Lee el mensaje, y déjame en paz.

CHICA: No digas luego que no te avisé.

Igual que la llamada anterior. El chico marca el número, la chica va moviendo los labios como si estuviera recitando el mensaje del contestador.

CHICA (leyendo trabajosamente, respetando escrupulosamente todos los errores ortográficos y gramaticales. Si hace falta, puede repetir alguna palabra o frase): Papa soy, Montserrat. Me ha ratapdo un, señor que dice que si cieres volver a verme viva le pages mil millones de, pesetas en billetes de bacno nuevos y con numeros de serie no contecusivos mi sequestrador te. Llamara a las doce asi que vas a tener que quitar el cotnestador adios espero, que algundia nos volvamos a, ver. (nótese dónde están colocadas las comas, y que no hay ningún acento en el texto, con lo que “numero” no se pronuncia como “número”) (El chico, pasmado al principio, hace como que amenaza a la chica con la pistola- pero, al mismo tiempo, tiene cara de estar pasando un rato horrible)..

La chica cuelga y mira al chico con cara de guasa.

CHICA: Ya está. ¿Contento?.

El chico está desesperado.

CHICO: ¿Pero qué has hecho?. Después de este numerito, ¿cómo diablos se va a dar cuenta tu padre de que tu vida corre peligro?. ¡Si seguro que no se entera de nada cuando lo oiga!.

CHICA: Te dije que el mensaje estaba fatal, y, como siempre, no me hiciste caso. ¿Pues sabes lo que te digo?, que allá tú.

CHICO (vehemente): ¿Pero no te das cuenta de que voy a tener que cortarte una oreja para que se tome esto en serio?. (Se levanta, y apunta a la chica con la pistola) ¡Venga, vuélvete a la cama!.

(la chica se incorpora) CHICA: Desde luego, no hay quien te entienda. Eres más raro que la calentura.

La chica levanta un poco la mesa, con lo que libera la esposa con la que estaba encadenada a la mesita. Silbando la misma canción que el chico antes, va a la cama, se tumba, y se esposa ella misma la otra piernas (la esposa está al lado del respaldo, o encadenada a los barrotes del respaldo). El chico, agitadísimo y lanzando juramentos (del tipo de ¡Dios de la verdad!), termina de esposarla, va a una de las bolsas de basura, se pone a hurgar y encuentra un cuchillo de carnicero, que pone sobre la mesita, y una botella de whisky, de la que empieza a beber a morro.

CHICO: ¿Pero quieres callarte ya?. (La chica para de silbar).

El chico pega otro trago a su botella, momento que aprovecha la chica para volver a silbar. Se oye una voz.

VOZ: ¿Oiga?.

Entra por la puerta un tercer personaje. Es el padre de la chica, un señor de mediana edad trajeado, y llevando un maletín de cuero.

SEÑOR (dirigiéndose al secuestrador, no percatándose de la presencia de la chica): Buenas tardes. La puerta principal estaba abierta y me he tomado la libertad de entrar. Si mi intrusión le molesta puedo salir y tocar el timbre, aunque sería recomendable que lo limpiara usted antes porque está hecho una porquería.

CHICO (hospitalario, un poco mosqueado y no sabiendo muy bien cómo reaccionar): No, no, de ninguna manera. Está usted en su casa.

SEÑOR: Bueno, a lo que voy. Mi hija Montserratita me ha dejado dos recados en el contestador, a cual más estrafalario, y eso me hace suponer que está bajo los efectos de alguna de las sustancias psicotrópicas que consume habitualmente. No le aburriré con los detalles técnicos, pero mi teléfono tiene una pantallita en el que se reflejan los números de las llamadas entrantes, y casualmente las dos parecían proceder de aquí. Mucho me extrañaría que eso fuera cierto, ya que para mi hija todas las calles al sur de Cea Bermúdez son territorio comanche, pero de todas maneras he venido para aquí a ver si consigo esclarecer algo.

CHICA (altiva, como diciendo aquí estoy yo. Las relaciones con su padre no son nada buenas): Hola. papá.

SEÑOR (dándose cuenta de la presencia de su hija): Montserrat, ¿qué haces en la cama de este señor?. ¡Sal de ahí ahora mismo!.

CHICO (nervioso, la situación se le está escapando de las manos): Ah, ¿pero es usted el padre de ella?.

SEÑOR: Bisulfito Fuster, para servirle a usted. (Volviendo la cara hacia su hija) Montserrat, no está nada bien que te instales en la cama de este señor. ¿Dónde va a dormir él, a ver?.

CHICA: ¿Pero no ves que me tiene secuestrada?. ¿Eres tan autista que ni siquiera eres capaz de darte cuenta de eso?.

SEÑOR (al chico): ¿Ve usted?. Te gastas un turrón en mandarla a colegios de pago, en sus clases particulares de patinaje artístico y no sé cuántos idiomas, en sus viajes de esquí al Pirineo catalán, incluso le compras la muñeca esa que llora y canta los grandes éxitos de Joan Manuel Serrat, y así es como te lo agradecen. Si bien lo dice el refrán, cría cuervos y te sacarán los ojos. Nunca tenga hijos, amigo mío, no dan más que problemas.

CHICO (en un súbito arranque de carácter): Diga que sí, don Bisulfito. Que no vea usted la guerra que me está dando su niña.

SEÑOR: Ya que Montserrat ha sacado el tema, si usted piensa sinceramente en secuestrarla y obtener un rescate por ella le veo muy mal, amigo mío. Mire, precisamente llevo aquí La Vanguardia de hoy, en que sale un reportaje acerca de la penosa situación que mi empresa está atravesando últimamente. Espere un momento, por favor... (abre su maletín, hurga un poco, encuentra el periódico, y se lo da al chico). Ahí tiene, el artículo está en la página 23, justo después del discurso del presidente del Barça. Lea, lea, fíjese qué prosa tan elegante.

El chico se pone a leer, angustiado.

SEÑOR (continúa): Ya ve usted, unas deudas a proveedores astronómicas, y unos impagos a la Seguridad Social cercanos al infinito. La más negra de las ruinas, amigo mío, y eso si tengo suerte y me libro de la cárcel.

CHICO (nervioso y cercano a la indignación): ¿Pero cómo ha podido usted hacer esto?. ¡Esto es inadmisible, si hace bien poco su empresa era de las más prósperas del país!.

SEÑOR: Pues mire, la culpa es de mi desmedida afición por las morenazas de culo respingón. Cada vez que veía una tenía que convertirla en mi secretaria particular, y muchas de ellas tenían unas aspiraciones económicas realmente elevadas. Al final, en mi fábrica tenía más secretarias monísimas que obreros propiamente dichos, y así resultaba muy difícil mantener el nivel de producción. Como empresario estoy con usted que soy un desastre, pero es que lo mío nunca fue vocacional. Y, por otra parte, en estos últimos años he podido dar rienda suelta a todas mis bajas pasiones, lo que siempre me había apetecido un montón.

CHICA (muy enojada): ¿De verdad has tenido la desvergüenza de pulirte la fortuna familiar en putas?. No me extraña nada, papá, cuando pienso el lo mal que lo pasaba cuando traía amigas a casa, en cómo te quedabas embobado mirándolas de arriba a abajo... salvo a Mari Pili, claro, a esa nunca la hiciste ni caso.

SEÑOR: Mari Pili tiene un cuerpo que ha nacido para la virtud, y eso es muy de agradecer hoy en día. (A continuación se dirige al secuestrador) Bueno, ha sido un auténtico placer charlar con usted. Me quedaría de buena gana un rato más, pero espero la visita de la Policía Judicial de un momento a otro, y me encantaría estar presente cuando me embarguen la casa y pongan a mi mujer de patitas en la calle. Así que le dejo, no sin antes agradecerle las amables atenciones que está teniendo con mi hija.

CHICA: ¡Papá, no serás capaz de dejarme con este psicópata!. ¡Estaba a punto de arrancarme una oreja cuando has venido!.

CHICO (compungido): Bueno, tampoco te pongas así. Si tienes otra más, sorda no te habrías quedado.

SEÑOR: Tiene que disculpar a Montserratita, siempre ha sido una chica muy negativa. Supongo que habrá sido la educación que ha recibido, pero ahí no le puedo asegurar nada porque ese tema siempre me ha aburrido soberanamente. Así que, sin más dilación, me voy. Le diría que ya sabe dónde puede localizarme, pero dado lo peliagudo de mi situación omitiremos esa fórmula de cortesía. Encantado de conocerle.

Le da la mano al secuestrador, que está totalmente rebasado por los acontecimientos, y se va.

CHICO (agobiadísimo): Bueno. Y ahora, ¿qué hacemos?.

CHICA: Por de pronto, podrías soltarme.

CHICO: Espera, espera, no me agobies. Déjame pensar.

CHICA (poniendo cara de incredulidad): ¿Pensar?. ¿Te refieres a ese proceso por el que una neurona envía una señal a su vecinas, y esa señal se acaba propagando por todo el cerebro?. Anda, pero, ¿tú eres capaz de eso?.

CHICO: Calla, por favor.

CHICA: Por si te interesa, mi amiga Mari Pili vive en el número 14 de la calle Cacaíto Rodríguez, que es una perpendicular a Arturo Soria. Tiene un Golf amarillo que le regaló su madre, que es la presidenta de Construcciones Ladrillo, y lo coge todos los días a las once de la mañana para ir a sus clases de cánticos tiroleses. Te podría decir dónde da sus clases de cánticos tiroleses y cuál es el punto idóneo para prepararle una emboscada, pero para eso tendrías que soltarme y aceptar darme el cincuenta por ciento del rescate.

CHICO: Entonces, ¿qué quieres?. ¿Que seamos socios?.

CHICA: Exactamente, lo vas cogiendo. ¿Me sueltas, o qué?.

El chico suelta a la chica, que se levanta y empieza a hacer estiramientos.

CHICA (mientras se estira): Cincuenta por ciento, ¿eh?. No admito ni una peseta menos.

CHICO (cortado): Está bien, está bien. Oye, mira, que si vamos a ser pareja desde el punto de vista profesional... (no es capaz de seguir).

CHICA: ¿Qué insinúas?. ¿Qué nos liemos tú y yo? (la última frase la dice con risa no muy contenida).

CHICO: Sí, como Bonnie y Clyde. Yo es que, si no me implico emocionalmente en el trabajo, soy un desastre.

CHICA (que, a todo esto, sigue con sus estiramientos): Ya. Vaya cara. (Está unos segundos meditando, y luego mira desafiante al chico) Está bien, pero nada de sexo.

CHICO: ¿Cómo?. Pero, vamos a ver...

CHICA (poniendo cara de pena, concluyendo por fin sus estiramientos): Es que soy frígida. Y lo paso fatal cuando me acuesto con alguien de quien estoy perdidamente enamorada. Como Bonnie y Clyde, precisamente.

CHICO: Pero lo podemos intentar, ir poco a poco...

CHICA (todavía con su cara de pena más falsa que un Judas de plástico): Eso preferiría hacerlo con otra gente que no me importe tanto. (tras unos segundos) No te irás a enfadar por esa tontería, ¿no, cariño?.

CHICO (intentando reunir fuerzas para mostrar su ira): No me parece bien...

CHICA (ya sin la cara de pena): ¡Que sí, tonto!. Ya verás, cuando raptemos a mi amiga Mari Pili te dejaré violarla todas las veces que quieras. ¡Ya verás tú lo bien que lo vas a pasar!.

El chico no acierta a decir nada.

CHICA: Bueno, me voy un momento a mi casa a recoger mis cosas. Hasta luego. (Le da un beso en la mejilla al chico, y pone un gesto de asco). Cariño, ahora que somos novios podrías aprovechar para lavarte un poquitín más. ¿Vale?.

Se va, el chico se queda solo.

CHICO: ¡Mujeres!. ¡No falla, siempre te la acaban liando!. Desde luego, cuánto debe de sufrir el pobre James Bond, menudo estrés, seguro que luego se pasa todo el día tomando tranquilizantes. ¡Y pensar que hasta hace bien poco era mi ídolo!.

FIN