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Habitación.
Entra luz por unos ventanales
situados en su parte superior
(si no, puede haber una ventana
normal, pero tapada con cortinas
que no se pueden abrir porque
están fijadas con cinta
aislante). La habitación
es un dormitorio tirando a amplio,
puede que tenga armarios, diáfano,
y tiene dos únicos muebles:
una cama sin hacer apoyada en
una de las paredes, y una mesilla
apoyada en la pared opuesta,
con un teléfono y dos
sillitas a su lado, y en conjunto
muy desordenada (ropa tirada
por todas partes, alguna caja
de Telepizza, botellas vacías...).
Las paredes están cubiertas
de carteles publicitarios: pueden
ser de modelos en bikini, pero
también podrían
ser de películas (de
hecho, sería conveniente
que hubiera como mínimo
algunos de películas).
Se abre una
puerta situada en la pared de
enfrente de la cama, y entra
una chica (vestida con ropa
provocativa: o bien una minifalda
o mallas, tal vez enseñando
el ombligo..). Justo detrás
entra un hombre bastante desaliñado
(alguna camiseta de algún
grupo heavy- preferentemente
negra- vaqueros...) apuntando
con una pistola a la chica.
CHICO: Bueno,
pues esta será tu habitación.
Normalmente yo duermo aquí,
pero no te preocupes que me
instalo en el sofá del
salón. Así que
ahora te ato a la cama, y ya
verás lo cómoda
que vas a estar.
CHICA (se vuelve
hacia su raptor, está
a unos dos metros de éste):
Ay, qué monada de habitación,
me encanta. Además, aquí
voy a pasarlo muy bien, siempre
me han encantado los inframundos
repletos de bichejos.
CHICO: Vaya,
pues se me olvidó. Fíjate
tú que sí tenía
pensado haber pasado un trapo
de polvo, pero, ya sabes, la
primera vez que cometes un delito,
los nervios del debut, que si
lo harás bien... Menudo
despiste, te debes de estar
llevando una impresión
muy mala de mí.
CHICA (en plan borde): No, qué
va. Si es mi plan favorito,
que me encañonen con
una pistola y me arrastren a
un parque temático. ¿Cuál
de los tres es éste,
Cucalandia, Cucaworld o Eurocuca?.
CHICO: Bueno,
tampoco te pongas tan irónica,
que no es para tanto. Vamos
a ver, a ver si encuentro....
Echa una ojeada
a la habitación, ve unas
esposas –cuatro -tiradas
por el suelo al lado de donde
está, y las recoge .
CHICO: Venga,
échate en la cama, que
estarás más cómoda
si te esposo mientras limpio.
CHICA: Mira,
si no te importa me quedaré
de pie. Un primo mío
se tumbó en unas sábanas
así de guarras, y tardaron
tres meses en encontrar su cadáver.
CHICO: Joder
qué repipi eres. Pues
la próxima vez te va
a secuestrar quien yo me sé.
Poco después
(tras fundido en negro o lo
que sea). La misma habitación,
pero con unas bolsas de basura
apoyadas en las paredes y llenas
de cosas que el chico ha ido
barriendo. La habitación
mucho más limpia, aunque
todavía quedan trastos
que el chico está barriendo
y dejando en un recogedor. La
cama ya tiene sábanas
limpias y está hecha,
y la chica está tumbada
encima de ella, atada de pies
al respaldo, con las manos libres.
Las otras dos esposas están
encima de la mesita, al lado
del teléfono.
CHICA: ¿Y
por qué precisamente
me has tenido que raptar a mí?.
CHICO (agachado
al lado de los pies de la cama,
pasando la escoba por debajo
de la cama y sacando un montón
de pelusillas): Hombre, no iba
a secuestrar al gato de la esquina.
Tu padre tiene una fábrica
de butifarras en conserva, tú
no llevabas escolta, y necesito
desesperadamente mil millones
de pesetas.
Termina de
pasar la escoba debajo de la
cama, recoge las pelusillas
y las tira en la bolsa de basura
que tiene más cerca.
A continuación se levanta,
y apoya las manos en la escoba.
CHICO: ¿Qué?.
¿Vale ya?.
CHICA: Ahí,
al fondo. Ese calcetín.
Se incorpora, y señala
con la mano derecha un calcetín
usado que hay en el suelo. El
chico lo coge, y lo lanza hacia
la bolsa de basura. Falla, y
tiene que acercarse a meterlo.
CHICA: Mi amiga
Mari Pili es hija de constructor,
y tampoco lleva escolta. Pero
claro, como es gorda y tiene
voz de pito, pues nadie le toca
un pelo. ¡Es que todos
los secuestradores sois iguales,
una panda de salidos de mierda!.
CHICO (camina
hacia la mesita y se sienta
en la silla): Anda, dame tu
teléfono, que voy a llamar
a tu casa.
CHICA: ¿Por
qué no hacemos un trato?.
Tú secuestras a mi amiga
Mari Pili, me sueltas a mí,
y yo a cambio no digo nada.
Además, te llevarías
muy bien con ella, su concepto
de limpieza es muy parecido
al tuyo (al decir esto podría
poner cara de asco). (Tras una
breve pausa, en la que la chica
se tumba sobre la cama) Porque
si piensas que me va a entrar
el síndrome de Estocolmo,
lo llevas de un claro que asusta.
Con lo birria que eres tú,
vas a tener que raptar a una
muñeca hinchable para
tener algo de éxito,
e incluso ahí no te garantizo
nada.
CHICO: Bueno,
¿me vas a decir tu teléfono
de una vez?.
CHICA (incorporándose
súbitamente): ¿Mil
millones?. ¿De verdad
vas a pedir mil millones por
mí?. ¿Para qué
quieres tanto dinero?.
El chico, viendo
que la chica no le va dar el
teléfono, coge las dos
esposas que había sobre
la mesita, se levanta y va hacia
la cama, esposa los brazos de
la chica al cabecero (venciendo
la resistencia de la chica),
coge un trozo de cinta aislante
(un poco arrugadillo) de un
bolsillo de sus pantalones y
amordaza con él a la
chica, que ni así se
calla (mmmphhh...). A continuación,
registra los bolsillos de la
chica, saca una cartera, la
abre, se dirige a la mesilla
del teléfono, se sienta
de nuevo, y marca un número.
Tras unos segundos, cuelga bruscamente,
se levanta, y quita la mordaza
a la chica (sin quitarle las
esposas de las manos).
CHICO: ¡Ha
saltado un contestador!.
CHICA: Mis
padres no cogen nunca el teléfono.
Te lo iba a decir, pero como
no me dejas hablar no he podido.
CHICO: Bueno,
cogerán más tarde,
¿no?. ¡Tarde o
temprano, se alarmarán
cuando vean que no apareces
por casa!.
CHICA: No creo.
Están acostumbradísimos
a pasar temporadas sin saber
nada de mí. Se pensarán
que me habré ligado algún
hotentote y que me he ido con
él a cazar misioneros,
o algo así. Bueno, qué,
¿me sueltas los brazos?.
CHICO (desesperado):
¿Pero bueno, qué
clase de educación te
han dado? (apesadumbrado, se
levanta, y suelta los brazos
de la chica. Ésta no
hace ningún esfuerzo
por liberarse. El chico se vuelve
a sentar, y se pone meditabundo).
CHICA (incorporándose):
No me has contestado a la pregunta
que te he hecho.
El chico no
responde. Está hundido.
CHICA: ¿Para
qué vas a pedir mil millones?.
Con unos doscientos podrías
irte al Caribe y allí
vivirías muy bien.
CHICO (apesadumbrado):
También quería
rodar una película.
CHICA (interesada):
¿Sí?. ¿Sobre
qué?.
CHICO: Una
superproducción con muchos
efectos especiales. La idea
central era un grupo de aizkolaris
que, hartos de que sus marmitakos
se corten por culpa de tanta
porquería transgénica,
se meten en una estación
espacial rusa, la toman, y se
van al espacio exterior a buscar
los ingredientes recomendados
por su sociedad gastronómica
y, ya de paso, a enseñar
a bailar el aurresku a los venusianos.
A la chica
le da un ataque de risa (si
es posible, que tenga una risa
contagiosa), y se tira sobre
la cama.
CHICO: No te
rías, que no tiene gracia.
CHICA (restableciéndose
de sus risotadas): ¡Pero
no seas tan tímido, hombre,
deja un recado en el contestador!.
CHICO: Sí,
claro, y ya de paso mando una
foto de mi careto a la policía.
Anda, que tienes unas ideas...
El chico se
ha ido restableciendo poco a
poco, ya no está tan
hundido.
CHICO: Bueno,
voy a intentarlo otra vez. (Coge
el teléfono, mira de
nuevo la cartera de la chica,
marca, y a los pocos segundos
cuelga de nuevo, aunque esta
vez con resignación).
CHICA (incorporándose
de nuevo): Te recuerdo el trato
que te he ofrecido: tú
secuestras a mi amiga Mari Pili,
la cambias por mí, y
yo no digo nada a nadie. Creo
que va a ser tu única
solución, si todavía
quieres rodar esa maravilla
(esta última frase dicha
con risa contenida).
CHICO (se le
ilumina el rostro, y sonríe.
Acaba de tener una inspiración):
¡Pero qué tontería!.
¡Anda, que menudo cenutrio
que estoy hecho!.
Se levanta,
y se estira un poco, con una
sonrisa de oreja a oreja.
CHICO: ¡Fíjate,
si es que es sencillísimo!.
¡En lugar de dejar yo
el mensaje, pues lo grabas tú,
y así nadie me reconoce
la voz!. ¿Cómo
diablos no se nos había
ocurrido antes?.
CHICA: Sí,
precisamente en eso estaba pensando,
en darte ideas para que arruines
a mi familia. Vamos, pues ya
es lo único que faltaba.
El chico va
hacia donde está la chica,
silbando (lo que sea, da igual),
y, con la pistola apuntándola
en la mano izquierda, con la
derecha la libera. Retrocede
para dejar espacio a la chica,
y ésta se sienta en una
de las sillas que hay al lado
de la mesita del teléfono.
A continuación, el chico
le encadena una de las piernas
a una de las patas de la mesita,
y se sienta en la otra silla..
CHICA: Bueno,
¿qué digo?.
CHICO: No sé.
Lo que se te ocurra.
La chica mira
al chico con cara de este tío
es tonto. A continuación
coge el teléfono y se
pone a marcar. El chico le corta
la llamada.
CHICA: ¿En
qué quedamos?. ¿Llamo
o no llamo?.
CHICO: Mira,
si no te importa, el número
lo marcaré yo. No te
lo tomes a mal, no es nada personal,
pero cuando uno se hace criminal
no se puede fiar de nadie.
Marca el número.
La chica mira al techo mientras
escucha el mensaje –como
poniendo cara de menuda idiotez
me acaba de soltar este imbécil-,
y mueve los labios como si lo
recitara en voz baja (si se
decide que se oiga, será
el clásico mensaje de
contestador; si no, se puede
rellenar el silencio haciendo
que el chico vuelva a silbar).
Finalmente concluye el mensaje,
y la chica se pone a hablar.
CHICA (poniendo
voz exageradamente cursi): ¿Papáaaa?.
¿Papuuuchi?. Ay, qué
ilusión hablar con tu
contestador. Soy Montserrat,
tu hijita. Te llamo para decirte
que he conocido a un chico monísimo,
y que me voy a vivir con él
a su casa. ¿Sí,
cariño? (Esta frase la
dice como haciendo que habla
con su supuesto novio). Ah,
sí. Es un solete, y te
manda saludos. Ay qué
ilusión te hará,
con lo bien que te han caído
siempre los indigentes a ti,
¿te imaginas qué
romántico, vivir en una
caja de cartón y vender
droga en las puertas de los
colegios?. Y, además,
tengo otro notición que
darte: ¡vas a ser abuelito!.
¿Verdad que estás
contento?. Se nos ocurrió
experimentar con un preservativo
de ganchillo, y las pruebas
de embarazo nos han dado positivo.
Ibrahim al principio se enfadó
mucho y me prendió fuego
con gasolina, pero ya se le
ha pasado el enfado, y está
tan encantador como siempre.
¿Te he dicho que te manda
saludos?. Ay sí, qué
tonta soy. Bueno, pues... (mientras
la chica dice eso el chico tiene
las siguientes reacciones: cuando
dice lo de “chico guapísimo”
está entre colorado como
un pimiento y muy ilusionado;
a medida que va siguiendo la
ilusión torna en sorpresa
y después en furia).
El chico le
arranca el auricular de un manotazo,
y cuelga el teléfono
de un golpe.
CHICO (lo más
cercano que puede estar un tío
tan apocado a enfadarse): ¿Pero
se puede saber qué haces?.
CHICA (justificándose):
Lo que tú me has dicho,
ni más ni menos. He contado
lo primero que se me ha ocurrido.
CHICO: Mira,
tengamos la fiesta en paz. Lo
mejor va a ser que escriba yo
un mensaje y que lo leas tú.
De momento, tú te vuelves
a la cama.
Nuevamente
apuntando con la pistola a la
chica, se agacha y la desencadena
de la pata de la silla, le deja
espacio para que pueda ir a
la cama y, una vez ella se ha
tumbado, le esposa de nuevo
los pies. A continuación,
se pone a hurgar en una de las
bolsas de basura, encuentra
un papel arrugado y un boli,
se sienta, y se pone a pensar
a ver qué escribe.
CHICA: ¿Qué
vas a poner?.
CHICO: Calla,
déjame concentrarme (a
continuación se pone
a hablar consigo mismo, en todo
quejumbroso). Quién me
manda a mí. Todo esto
me pasa por querer ser un hombre
de provecho, si es que a veces
tengo unas pretensiones...
Fundido en
negro (o lo que sea). Poco después.
La chica está de nuevo
sentada en la misma silla en
la que se sentó antes,
con una de las piernas encadenada
a la mesita, y el chico en la
otra silla, apuntando a la chica
con la pistola –aunque
no deja de ser un relativo buenazo,
sigue algo cabreado con la chica.
La chica está leyendo
atentamente el mensaje que ha
escrito el chico.
CHICA: Tiene
faltas de ortografía.
Bueno, y la gramática
es un desastre.
CHICO: Anda,
no me toques la moral. Lee el
mensaje, y déjame en
paz.
CHICA: No digas
luego que no te avisé.
Igual que la
llamada anterior. El chico marca
el número, la chica va
moviendo los labios como si
estuviera recitando el mensaje
del contestador.
CHICA (leyendo
trabajosamente, respetando escrupulosamente
todos los errores ortográficos
y gramaticales. Si hace falta,
puede repetir alguna palabra
o frase): Papa soy, Montserrat.
Me ha ratapdo un, señor
que dice que si cieres volver
a verme viva le pages mil millones
de, pesetas en billetes de bacno
nuevos y con numeros de serie
no contecusivos mi sequestrador
te. Llamara a las doce asi que
vas a tener que quitar el cotnestador
adios espero, que algundia nos
volvamos a, ver. (nótese
dónde están colocadas
las comas, y que no hay ningún
acento en el texto, con lo que
“numero” no se pronuncia
como “número”)
(El chico, pasmado al principio,
hace como que amenaza a la chica
con la pistola- pero, al mismo
tiempo, tiene cara de estar
pasando un rato horrible)..
La chica cuelga
y mira al chico con cara de
guasa.
CHICA: Ya está.
¿Contento?.
El chico está
desesperado.
CHICO: ¿Pero
qué has hecho?. Después
de este numerito, ¿cómo
diablos se va a dar cuenta tu
padre de que tu vida corre peligro?.
¡Si seguro que no se entera
de nada cuando lo oiga!.
CHICA: Te dije
que el mensaje estaba fatal,
y, como siempre, no me hiciste
caso. ¿Pues sabes lo
que te digo?, que allá
tú.
CHICO (vehemente):
¿Pero no te das cuenta
de que voy a tener que cortarte
una oreja para que se tome esto
en serio?. (Se levanta, y apunta
a la chica con la pistola) ¡Venga,
vuélvete a la cama!.
(la chica se
incorpora) CHICA: Desde luego,
no hay quien te entienda. Eres
más raro que la calentura.
La chica levanta
un poco la mesa, con lo que
libera la esposa con la que
estaba encadenada a la mesita.
Silbando la misma canción
que el chico antes, va a la
cama, se tumba, y se esposa
ella misma la otra piernas (la
esposa está al lado del
respaldo, o encadenada a los
barrotes del respaldo). El chico,
agitadísimo y lanzando
juramentos (del tipo de ¡Dios
de la verdad!), termina de esposarla,
va a una de las bolsas de basura,
se pone a hurgar y encuentra
un cuchillo de carnicero, que
pone sobre la mesita, y una
botella de whisky, de la que
empieza a beber a morro.
CHICO: ¿Pero
quieres callarte ya?. (La chica
para de silbar).
El chico pega
otro trago a su botella, momento
que aprovecha la chica para
volver a silbar. Se oye una
voz.
VOZ: ¿Oiga?.
Entra por la
puerta un tercer personaje.
Es el padre de la chica, un
señor de mediana edad
trajeado, y llevando un maletín
de cuero.
SEÑOR
(dirigiéndose al secuestrador,
no percatándose de la
presencia de la chica): Buenas
tardes. La puerta principal
estaba abierta y me he tomado
la libertad de entrar. Si mi
intrusión le molesta
puedo salir y tocar el timbre,
aunque sería recomendable
que lo limpiara usted antes
porque está hecho una
porquería.
CHICO (hospitalario,
un poco mosqueado y no sabiendo
muy bien cómo reaccionar):
No, no, de ninguna manera. Está
usted en su casa.
SEÑOR:
Bueno, a lo que voy. Mi hija
Montserratita me ha dejado dos
recados en el contestador, a
cual más estrafalario,
y eso me hace suponer que está
bajo los efectos de alguna de
las sustancias psicotrópicas
que consume habitualmente. No
le aburriré con los detalles
técnicos, pero mi teléfono
tiene una pantallita en el que
se reflejan los números
de las llamadas entrantes, y
casualmente las dos parecían
proceder de aquí. Mucho
me extrañaría
que eso fuera cierto, ya que
para mi hija todas las calles
al sur de Cea Bermúdez
son territorio comanche, pero
de todas maneras he venido para
aquí a ver si consigo
esclarecer algo.
CHICA (altiva,
como diciendo aquí estoy
yo. Las relaciones con su padre
no son nada buenas): Hola. papá.
SEÑOR
(dándose cuenta de la
presencia de su hija): Montserrat,
¿qué haces en
la cama de este señor?.
¡Sal de ahí ahora
mismo!.
CHICO (nervioso,
la situación se le está
escapando de las manos): Ah,
¿pero es usted el padre
de ella?.
SEÑOR:
Bisulfito Fuster, para servirle
a usted. (Volviendo la cara
hacia su hija) Montserrat, no
está nada bien que te
instales en la cama de este
señor. ¿Dónde
va a dormir él, a ver?.
CHICA: ¿Pero
no ves que me tiene secuestrada?.
¿Eres tan autista que
ni siquiera eres capaz de darte
cuenta de eso?.
SEÑOR
(al chico): ¿Ve usted?.
Te gastas un turrón en
mandarla a colegios de pago,
en sus clases particulares de
patinaje artístico y
no sé cuántos
idiomas, en sus viajes de esquí
al Pirineo catalán, incluso
le compras la muñeca
esa que llora y canta los grandes
éxitos de Joan Manuel
Serrat, y así es como
te lo agradecen. Si bien lo
dice el refrán, cría
cuervos y te sacarán
los ojos. Nunca tenga hijos,
amigo mío, no dan más
que problemas.
CHICO (en un
súbito arranque de carácter):
Diga que sí, don Bisulfito.
Que no vea usted la guerra que
me está dando su niña.
SEÑOR:
Ya que Montserrat ha sacado
el tema, si usted piensa sinceramente
en secuestrarla y obtener un
rescate por ella le veo muy
mal, amigo mío. Mire,
precisamente llevo aquí
La Vanguardia de hoy, en que
sale un reportaje acerca de
la penosa situación que
mi empresa está atravesando
últimamente. Espere un
momento, por favor... (abre
su maletín, hurga un
poco, encuentra el periódico,
y se lo da al chico). Ahí
tiene, el artículo está
en la página 23, justo
después del discurso
del presidente del Barça.
Lea, lea, fíjese qué
prosa tan elegante.
El chico se
pone a leer, angustiado.
SEÑOR
(continúa): Ya ve usted,
unas deudas a proveedores astronómicas,
y unos impagos a la Seguridad
Social cercanos al infinito.
La más negra de las ruinas,
amigo mío, y eso si tengo
suerte y me libro de la cárcel.
CHICO (nervioso
y cercano a la indignación):
¿Pero cómo ha
podido usted hacer esto?. ¡Esto
es inadmisible, si hace bien
poco su empresa era de las más
prósperas del país!.
SEÑOR:
Pues mire, la culpa es de mi
desmedida afición por
las morenazas de culo respingón.
Cada vez que veía una
tenía que convertirla
en mi secretaria particular,
y muchas de ellas tenían
unas aspiraciones económicas
realmente elevadas. Al final,
en mi fábrica tenía
más secretarias monísimas
que obreros propiamente dichos,
y así resultaba muy difícil
mantener el nivel de producción.
Como empresario estoy con usted
que soy un desastre, pero es
que lo mío nunca fue
vocacional. Y, por otra parte,
en estos últimos años
he podido dar rienda suelta
a todas mis bajas pasiones,
lo que siempre me había
apetecido un montón.
CHICA (muy
enojada): ¿De verdad
has tenido la desvergüenza
de pulirte la fortuna familiar
en putas?. No me extraña
nada, papá, cuando pienso
el lo mal que lo pasaba cuando
traía amigas a casa,
en cómo te quedabas embobado
mirándolas de arriba
a abajo... salvo a Mari Pili,
claro, a esa nunca la hiciste
ni caso.
SEÑOR:
Mari Pili tiene un cuerpo que
ha nacido para la virtud, y
eso es muy de agradecer hoy
en día. (A continuación
se dirige al secuestrador) Bueno,
ha sido un auténtico
placer charlar con usted. Me
quedaría de buena gana
un rato más, pero espero
la visita de la Policía
Judicial de un momento a otro,
y me encantaría estar
presente cuando me embarguen
la casa y pongan a mi mujer
de patitas en la calle. Así
que le dejo, no sin antes agradecerle
las amables atenciones que está
teniendo con mi hija.
CHICA: ¡Papá,
no serás capaz de dejarme
con este psicópata!.
¡Estaba a punto de arrancarme
una oreja cuando has venido!.
CHICO (compungido):
Bueno, tampoco te pongas así.
Si tienes otra más, sorda
no te habrías quedado.
SEÑOR:
Tiene que disculpar a Montserratita,
siempre ha sido una chica muy
negativa. Supongo que habrá
sido la educación que
ha recibido, pero ahí
no le puedo asegurar nada porque
ese tema siempre me ha aburrido
soberanamente. Así que,
sin más dilación,
me voy. Le diría que
ya sabe dónde puede localizarme,
pero dado lo peliagudo de mi
situación omitiremos
esa fórmula de cortesía.
Encantado de conocerle.
Le da la mano
al secuestrador, que está
totalmente rebasado por los
acontecimientos, y se va.
CHICO (agobiadísimo):
Bueno. Y ahora, ¿qué
hacemos?.
CHICA: Por
de pronto, podrías soltarme.
CHICO: Espera,
espera, no me agobies. Déjame
pensar.
CHICA (poniendo
cara de incredulidad): ¿Pensar?.
¿Te refieres a ese proceso
por el que una neurona envía
una señal a su vecinas,
y esa señal se acaba
propagando por todo el cerebro?.
Anda, pero, ¿tú
eres capaz de eso?.
CHICO: Calla,
por favor.
CHICA: Por
si te interesa, mi amiga Mari
Pili vive en el número
14 de la calle Cacaíto
Rodríguez, que es una
perpendicular a Arturo Soria.
Tiene un Golf amarillo que le
regaló su madre, que
es la presidenta de Construcciones
Ladrillo, y lo coge todos los
días a las once de la
mañana para ir a sus
clases de cánticos tiroleses.
Te podría decir dónde
da sus clases de cánticos
tiroleses y cuál es el
punto idóneo para prepararle
una emboscada, pero para eso
tendrías que soltarme
y aceptar darme el cincuenta
por ciento del rescate.
CHICO: Entonces,
¿qué quieres?.
¿Que seamos socios?.
CHICA: Exactamente,
lo vas cogiendo. ¿Me
sueltas, o qué?.
El chico suelta
a la chica, que se levanta y
empieza a hacer estiramientos.
CHICA (mientras
se estira): Cincuenta por ciento,
¿eh?. No admito ni una
peseta menos.
CHICO (cortado):
Está bien, está
bien. Oye, mira, que si vamos
a ser pareja desde el punto
de vista profesional... (no
es capaz de seguir).
CHICA: ¿Qué
insinúas?. ¿Qué
nos liemos tú y yo? (la
última frase la dice
con risa no muy contenida).
CHICO: Sí,
como Bonnie y Clyde. Yo es que,
si no me implico emocionalmente
en el trabajo, soy un desastre.
CHICA (que,
a todo esto, sigue con sus estiramientos):
Ya. Vaya cara. (Está
unos segundos meditando, y luego
mira desafiante al chico) Está
bien, pero nada de sexo.
CHICO: ¿Cómo?.
Pero, vamos a ver...
CHICA (poniendo
cara de pena, concluyendo por
fin sus estiramientos): Es que
soy frígida. Y lo paso
fatal cuando me acuesto con
alguien de quien estoy perdidamente
enamorada. Como Bonnie y Clyde,
precisamente.
CHICO: Pero
lo podemos intentar, ir poco
a poco...
CHICA (todavía
con su cara de pena más
falsa que un Judas de plástico):
Eso preferiría hacerlo
con otra gente que no me importe
tanto. (tras unos segundos)
No te irás a enfadar
por esa tontería, ¿no,
cariño?.
CHICO (intentando
reunir fuerzas para mostrar
su ira): No me parece bien...
CHICA (ya sin
la cara de pena): ¡Que
sí, tonto!. Ya verás,
cuando raptemos a mi amiga Mari
Pili te dejaré violarla
todas las veces que quieras.
¡Ya verás tú
lo bien que lo vas a pasar!.
El chico no
acierta a decir nada.
CHICA: Bueno,
me voy un momento a mi casa
a recoger mis cosas. Hasta luego.
(Le da un beso en la mejilla
al chico, y pone un gesto de
asco). Cariño, ahora
que somos novios podrías
aprovechar para lavarte un poquitín
más. ¿Vale?.
Se va, el chico
se queda solo.
CHICO: ¡Mujeres!.
¡No falla, siempre te
la acaban liando!. Desde luego,
cuánto debe de sufrir
el pobre James Bond, menudo
estrés, seguro que luego
se pasa todo el día tomando
tranquilizantes. ¡Y pensar
que hasta hace bien poco era
mi ídolo!.
FIN
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