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Cuentan que,
en el principio, los Primeros
extendieron su dominio por todo
el planeta y dejaron sin colonizar
la superficie terrestre, por
ser la menos vasta y la menos
rica de las tres. Los marinos
se adueñaron de los océanos
y de sus criaturas, mientras
que los celestes se apropiaron
de los cielos, los picos y las
cordilleras más altas
e inaccesibles...
... Durante
milenios, ambas razas convivieron
en paz y armonía. Y aquellos
que se atrevieron a desafiar
las estrictas leyes que garantizaban
la paz entre los dos mundos
fueron severamente castigados
y expulsados de sus territorios.
A los rebeldes celestes se les
cortaron las alas y se les condenó
a vagar sin rumbo por la tierra,
mientras que a los marinos se
les impuso una dolorosa existencia
como anfibios en los terrenos
inhóspitos de la costa...
...Y así
sucedió que se mezclaron
los ejemplares más impuros
de ambas razas, dando lugar
a un nuevo género más
agresivo, bípedo y peludo.
Aterrados, los marinos y los
celestes contemplaron cómo
esta nueva especie se propagaba
de continente a continente,
reproduciéndose, conquistando,
guerreando y matando...
Cuando los terrestres, olvidados
de sus orígenes, comenzaron
a extender su imperio por mar
y aire, los Primeros establecieron
un nuevo pacto. Durante tres
días y tres noches, un
gigantesco remolino de agua,
semejante a un horrible tornado,
permaneció inmóvil
sobre un punto situado en el
centro del Océano Atlántico.
En su seno los emisarios de
ambos mundos debatían
la manera de protegerse de los
terrestres...
... Finalmente,
convencidos de que, por su naturaleza
salvaje, los terrestres estaban
condenados a la extinción,
los Primeros decidieron esperar
a que el destino siguiera su
curso. Los marinos se retiraron
a las aguas abisales, donde
permanecen sumergidos en una
oscuridad eterna. Los celestes
volaron hasta las montañas
más inhóspitas,
donde el blanco de sus alas
se confunde con el manto de
nieves perpetuas que los rodea...
... Y así
fue como los seres humanos,
creyéndose solos en el
Universo, dejaron de creer en
ángeles y en sirenas
para relegarles al terreno de
la fantasía y de los
cuentos, ignorantes de que,
algún día, ellos
mismos se convertirán
en leyenda...”
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