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Si hubiera
sido otro le retorcería
el pescuezo. Sin remordimientos,
sin excusas, con la limpieza
de un profesional de los pollos.
Media vuelta y ya está,
como si escurriera la ropa lavada
a mano. ¡Maldita sea!
Ni siquiera tenía una
voz espectacular. Gangosa sí,
en alguna palabra pitona, y
sobretodo neutra, sí,
insusa, aburrida y fea. Pero
yo no se la corté de
cuajo. Si hubiera sido otro,
todavía. Le hubiera dicho
primero (porque siempre aviso):
"¡Eh, fulano! como
hables a mi novia te forro".
Porque mi novia es mía
¡Y ya está! No
tiene nadie porqué hablarla.
Digo yo. Si no te impones desde
el principio, estás apañao.
Que se acostumbren ¡Leches!
que no me las iba a comer, que
después te exigen y estás
como un cabrito trabaja que
te trabaja para que vivan como
reinas. Las mujeres son así,
se creen que diciéndote
una tontería noña,
ya tienen todos los derechos
de propiedad, como si compraran
una casa. Ahora le pongo unas
cortinitas, ahora cambio la
lamparita, ahora ya no se llevan
los azulejos de la cocina....
Con los hombres hacen lo mismo:
que te cambies esa camisa, que
los pantalones, que si el pelo
así como lo llevas, que
cómo vas a ir con esos
zapatos. Te vuelven del revés,
te lo digo yo, que si te haces
el blando ellas sí que
te comen vivo, pero no lo que
deben, que eso... es harina
de otro costal. "De aquí
no pasas hasta que nos casemos"
me decía Maruchi. Ahí
sí que nos tienen cogidos
por los huevos. Pero por eso
yo desde el principio las pongo
firmes. Mi chica, es mi chica,
y punto. Que no descubra yo
ni una mirada de reojo, bueno,
menos una sonrisita, porque
se la carga.
Pero el melindroso
ese me la tenía embobada,
oye, que si le tengo a mi alcance
más de un día
le doy un bofetón que
le hago calcamonía. Y
luego, le cuelgo de la pared
como al cuadro de un museo.
Porque ¿tú te
crees que se puede aguantar
quedar un rato con tu novia
y que no deje de hablar encima
de ese tipo?. "Hoy ha dicho
que las mujeres no nos tenemos
que dejar maltratar" me
lo soltaba, así, como
si tal cosa. Pero no creas que
yo me callaba, y es que me encendía
"¡Maltratar! pero
¿es que yo te maltrato,
niña? ¿Cuándo
te he pegao yo? anda, !dilo!"
Y se callaba, ¡toma, que
si se callaba! Por un par de
guantás de vez en cuando
(y merecidas ¿eh? merecidas)
me tenía frito. Que los
derechos de la mujer. ¡Qué
derechos ni qué niño
muerto! Si hacen de nosotros
lo que quieren. Porque cuando
te casas, ahí si que
la has jodido. Como vengas un
poco tarde: el morro hasta el
suelo, y de tocarlas, olvidaté.
Y como llegues algo tomao, ni
te cuento, el pollo que te montan,
ni que un hombre no pueda tomarse
unas copas con los amigos cuando
sales escoñao del trabajo.
Te quieren para ellas solitas.
Como si fueras un perrito faldero.
Pero yo me
dije: Si me caso con la Marichu,
la dejo en casa y ya no escuchará
tantas bobadas que le suelta
el otro mientras trabaja (porque
entonces trabajaba en una casa
por Cuatro Caminos). Pero, ¡qué
va! Van y le regala su hermana
un transistor. Y toda la mañana
tragándose a ese tío,
que parece que no tenía
otra cosa que hacer que meterles
ideas en la cabeza. Ni que ellas
solas no se bastaran y sobraran
para envenenarse. Porque se
juntan en la carnicería
y dale que dale; y luego dicen
"Chato, hoy no, que estoy
tan cansada..." ¡Claro!
Cansada de palique y de darle
a la húmeda. Y que no
tienen tiempo de na. Si encima
lo pierden escuchando a ese
guripa de mierda.
Por eso, si
llega a ser otro le hubiera
retorcido el pescuezo hace siglos.
Me la pervirtió, sí,
que hasta quiso ponerse a estudiar.
¡No me jodas! A su edad.
Y ¿pa qué? "Para
defender mis derechos"
me dijo muy finolis. "¡Coño!
¿Es que no tienes más
que derechos? Si tienes de todo,
tu casa amueblada de arriba
abajo, no te falta ni un detalle.
¿Qué más
quieres? Si vives como una señorona".
Y cuando me fue a rechistar,
la hostié. Ese día
sí que me sacó
de mis casillas. A la primera
me salta con que me va a denunciar
¡A mí! ¡A
su marido! ¡Faltaría
plus! Le dije: "Como salgas
por esa puerta te mato, por
éstas ¡que te mato!"
Y esa noche lo hubiera hecho,
estaba cegao, si no se achanta
como se achantó, porque
se echó a llorar enseguida,
no sé lo que hubiera
pasao, y eso que casi ni la
toqué. Pero le prohibí
que volviera a hablarme de estudios.
Osea, que yo currando como un
negro para que ella me venga
con esas gilipolleces. Que quería
sacarse el Graduado, ¿qué
falta le hace? Y seguro que
luego hubiera querido el bachiller,
para dejarle a uno en ridículo.
Las mujeres son así,
les gusta quedar por encima
y mandarte como si fueras una
zapatilla. Yo, porque soy un
buenazo, pero aquella noche
era para... me callo, no quiero
ni recordarlo. ¡Quererme
denunciar! Y toda la culpa la
tuvo el locutor ese, porque
a Marichu no se le hubieran
ocurrido esas cosas, si no oyera
esos programas.
Al día
siguiente le estampé
el transistor, lo lancé
a la calle y explotó
y se destripó como un
melón pocho. Me dije:
"Muerto el perro se acabó
la rabia". Seré
idiota, pues no va y se engancha
al culebrón mexicano
y luego al marujeo ese de la
Campos, y toda la mañana
pegada a la tele. No, si lo
que pasa es que las mujeres
de ahora son unas vagas y unas
señoronas. Le sacan a
uno hasta los higadillos y todo
para vivir como marajás.
Desde entonces la casa manga
por hombros. Así que,
cómo querían que
me pusiera, no iba a consentirlo.
Y encima me entero a los cuatro
días que el de la radio
ya no estaba, que le hicieron
un boquete en la garganta y
no podía ni hablar. Que
se joda. Se lo había
buscado. Otro marido que se
habrá cabreado. Aunque
ya sé que no, que fue
el tabaco, pero a uno le hace
ilusión pensar en la
venganza ¿no?
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