Principal / Relatos / Oyente Privilegiada
OYENTE PRIVILEGIADA

 

"¿Azúcar?". "Dos, por favor". "Yo sacarina que tengo que guardar la línea". "Será repipi la muy gorda, si casi no entra por la puerta de ascensor" pensó mientras se acercaba al puesto estratégico, justo al lado de aquel cuadro hortera de tonos rosáceos y anaranjados que ocupaba casi toda la pared. El mismo que servía de parche para camuflar una mancha de humedad con características de teleplastia que a cualquier otro hubiera hecho llamar a un albañil en cuestión de segundos. Precisamente a la pericia (nula o inexistente) del albañil, arquitecto o quien fuera que había construido aquella parte de la casa y a la debilidad que evidenciaba ese pegote le debía que la separación por el tabique entre ese piso y el de Nieves y Conchita (las dos hermanas solteras que estaban reunidas con Puri la del segundo) le confiriera a ella el carácter de oyente casi en el mismo estudio de radio, pero la pecera que le separaba de las locutoras no les permitía a ellas saber si había alguien al otro lado.

Esto le daba vidilla, porque así en ocasiones como esta servía para que luego ella y Juani, la del bajo, tuvieran sus propios conciliábulos aprovechando que la otra también tenía su propia base de operaciones: la ventana que daba a la entrada del portal donde pasaba las horas muertas viendo quién iba y venía o escuchando conversaciones ajenas entre vecinos que se cruzaban mientras ella se camuflaba convenientemente tras las cortinas.

Desde hacía mucho tiempo esta era una de sus prioridades y tareas principales junto a sus visitas al Carrefour o las cuestiones del hogar, nada que ver con las del barrigón que al poco de llegar a casa cada día bajaba al bar porque había Champiñons, Luefa o Intertoros. Y sino a Liga, y sino a tomarse unos porrascazos.

El sonido del timbre, en el cuarto de al lado, hizo entrar en escena a un nuevo participante. "Hola. Buenas tardes, aquí estamos". "Pase y deje las cosas por ahí, póngase a ello que nosotras vamos a estar aquí un rato de cháchara". "Vale, señora". "Pues no sabes la última". "Cuenta, cuenta, maja" dijo Puri con voz de pito. "El otro día nos cruzamos en el súper con Reme, la del portal diez y nos contó que últimamente los fines de semana, después de las doce, ha visto llegar a una "señorita" con pintas raras que entra en nuestro portal, sale ya de madrugada". "¿Y eso cómo lo sabe ella?" respondió la que estaba a régimen. "Pues hija, porque tiene que tomarse a esa hora la pastilla que le ha dado el médico" puntualizó con su flauta la menor de las dos mellizas. "Aaah, natural" se confortó la invitada. "Bueno, bueno, pues la cosa es que ya lleva varias noches viniendo los viernes y los sábados, porque Reme es muy cuca" subrayó con retintín Nieves "y ya le ha estado siguiendo la pista" terminó con su habitual tono chillón. "¡Madre, madre!" elevó la voz la tercera. "¡Ahí hay algo!. ¡Ahí hay algo!". "Pues claro que tiene que haber porque muy normal no es". "Hombre que no, porque ya me dirás tú". "A ver si se nos está metiendo aquí una fulana y nosotros sin saberlo". "¡Qué fuerte, qué fuerte! ¿Y vosotras la habéis visto?". "No, lo que nos cuenta, además a esas horas hay Salsa Rosa y eso es fijo". "Igual que yo" apuntó riéndose. "¿Visteis a la Pantoja?". "¡Qué mujer, qué mujer!" resaltó la mayor. "Bueno, bueno, que eso no es" fueron interrumpidas. "¿Y a quién creéis que viene a ver?". "Aaamiga" apoyó a la cuestión... "Yo os voy a decir una cosa, y yo tengo un ojito para estas cosas..." se vanaglorió la voz cantante, "me da a mi que de buena tinta lo huelo...".

La fundamental revelación pasó a un segundo plano cuando pudieron ver de frente a la agria de Carolina con un cuadro de papel barato de la tienda de los chinos atravesado en la cabeza, los ojos cerrados por el polvo (que la cubría entera) levantado al caer los escombros a sus pies y aposentada en una silla a través del agujero surgido cuando una pared decrépita cayó, sorprendentemente, por el primer golpe encargado de arreglar una horrible mancha de humedad que llevaba afeando la casa de las dos hermanas durante largo tiempo.

 

 

Luis Alberto Martín