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SALUD Y LIBERTAD

 

Pues no va y me enseñan un panfletillo en el que un tipo recoge una historia de una punki que tocaba la flauta en el tren y que terminaba su actuación deseando a los viajeros salud y libertad. Coño, esa soy yo...

Decía que me envidiaba porque yo había renunciado a todo por mi libertad, y que yo pedía para una causa digna de admiración, porque no tenía pinta de muerta de hambre, ni de yonkarra, sino de una tía que recorría el mundo como una mendiga por decisión propia, para esquivar la vida monótona y ordenada del resto de la tropa, “esa tiranía de tener que ser alguien y algo”. El amiguete decía que mi conducta era de mayor valentía que la de los que piden por necesidad, porque la necesidad, aunque es jodida, te fuerza a perder la compostura. Sin embargo yo soy valiente porque no teniendo necesidad material, pido por mi libertad, por mi manera de ver el mundo, por mi derecho a vivir como quiero y no como esta establecido. Pues me alegro, pero sabrá éste lo que yo necesito... Todo con palabras muy rimbombantes, eso si, propias de alguien que está jodido con su monótona vida y quiere poetizar la de los demás. Supongo que he sido algo así como la puta musa del colega este, aunque por poco tiempo, porque cuenta que pese a que le impactó mi presencia en el tren “con su voz dura, grave, imponiéndose a la acústica de un vagón plagado de voces vulgares que hablan del trabajo, de los niños, del puente (...) pero sin embargo con un timbre aterciopelado, fruto de una música interior libertaria y tolerante”, te cagas, pues que la preocupación se le fue cuando al salir del tren pensó que había perdido algo. Entonces se dio cuenta que él, inevitablemente, pensaba en material y que no era digno de mi, su musa anarca.

Lo que no cuenta es sí me echó algo en la bolsa. Fijo que no. Además, no sé qué dice de mi voz, si yo sólo toco la flauta y ahorro a la peña el discursito previo de “colabore con la música, con la causa, o conmigo misma”. Toco la flauta y me paseo con una bolsa de plástico abierta. Punto.

A mi todo esto me la pela, pero reconozco que me ha hecho gracia y por eso he escrito esto. Me hace gracia ser la musa secreta de un tipo que es el jefe de alguien, o el marido aburrido de alguna chavala asqueada o un profesional brillante y con éxito en su curro, o un líder nato o un oficinista o un facha o un rojo... La hipocresía ya no me escandaliza, ya ves, ahora me hace gracia. Ah, también viene a decir que a pesar de las apariencias soy educada y a la vez sincera, todo porque di las gracias con “palabras amables pero sin condescendencia” y mirando a los ojos a un compi que me echó alguna moneda. Hostia, yo no sé hablar de otra manera que con palabras y mirando a los ojos de quién hablo. Pero ya digo, a este tipo todo le choca.

Pues nada, que no sé si mi gris admirador leerá esto, pero que si es así, tío, espabila y se capaz de afrontar lo que quieres hacer o ser. Si es así te reconoceré, porque fijo que la próxima vez me paras y me cuentas algo. Y que te dejes de musas, que somos punkis y muy pasotas.

Salud y libertad

 

 

Madrid 7 de diciembre de 2005