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Terminal 4
del aeropuerto de Madrid, un
día soleado de finales
de primavera, el calor anuncia
la llegada próxima del
verano.
La gente camina por los interminables
pasillos, unos relajados ante
unas posibles vacaciones, ríen
y sus caras denotan felicidad.
Otros más estresados,
corren mientras la megafonía
avisa a los pasajeros de los
minutos que faltan para embarcar.
Giulia miraba
a su alrededor. Le encantaban
los aeropuertos; podía
pasar horas observando a la
gente. Y pese a todo cada uno
era diferente; unos vestían
grises trajes de chaqueta, los
niños pequeños
alborotaban, familias enteras
o personas solitarias. Parejas
de enamorados, melancólicas
despedidas y efusivas bienvenidas.
Bebe un largo
sorbo de café, mientras
acaricia un folleto de Paris…
…estaba a punto de embarcarse
en la que quizás sería
una de las aventuras más
importantes de su vida, no imaginaba
hasta que punto.
Un día
como otro cualquiera, suena
el teléfono. ¿Cómo
alguien puede tener tanta energía
por la mañana?
El jefe de
Francesc está más
irritado que nunca.
Una camiseta
blanca, se abrocha los vaqueros
y se calza unas converse negras.
No hay tiempo para más.
Su bicicleta y a trabajar.
Un trabajo
nada apetecible, monótono.
Una torre de papeles se avecinaba
sobre el escritorio de su despacho.
Cuentas y más cuentas,
firmas por aquí y allá.
Se abre la
puerta y aparece una esbelta
silueta. Amelia; ojos verdes,
rubia y de palidez infinita.
Compañera y amante de
Francesc.
-Bonjour mon
amour! Esta tarde a las 8 en
mi apartamento, no faltes.
Paris se le
antoja como una verdadera “ciudad
de la luz” amorosa, clandestina,
bohemia y hermosa.
Su coche aguarda;
una nueva vida le espera. Giulia
ha decidido abandonarlo todo;
necesita encontrar la inspiración
necesaria. Todo por su sueño,
ser escritora. Escritora en
Paris.
7.50 de ese
mismo día. No se decide
a acudir a la cita con Amelie.
Duda mucho sobre su relación.
Ella es atractiva, culta e interesante;
y pese a todo se siente vacío
junto a ella. Tan absorto se
encuentra en sus pensamientos
que cruza con el semáforo
en rojo.
3 días
después abre los ojos;
y la ve.
ha sufrido
un accidente. Fue atropellado,
milagrosamente solo unos rasguñas
asoman en sus brazos y piernas.
Pero el solo
puede mirarla a ella; Giulia
le da todas las explicaciones;
fue su chofer quien le atropello.
A él
todo le da igual, únicamente
la ve, la observa, y se da cuenta
de que la necesita más
que nunca. Ella es su ángel
de la guarda.
Y sus vidas
dieron un vuelco; se conocieron.
Poco a poco, sin prisas, sin
pausa. Se amaban, o eso parecía.
Discutían a veces, se
besaban y odiaban…pero
nadie es perfecto.
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