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UNA DE PELÍCULA

 

Madrid, agosto, no hace calor, algo casi impensable, incomprensible en estas fechas, como las cosas que me están pasando, también incomprensibles para mi. “Diblin” en el trabajo, un compañero que te hace luz de gas, que te traiciona, un amante que no contesta al teléfono, un teléfono sin contestador, igualito que hace Sabina “...la llamaré mañana, hoy se mi hizo tarde...” Y sigue la música y Madrid y llega la tarde y ¿Qué hacer? Pues ir la cine.

“El mismo amor, la misma lluvia”, alguien me dice que la vea, que no me la pierda. Alguien que sabe de amores y de mi. Suena el teléfono de camino ¡sorpresa! Pero yo ya estoy en la película, en la otra, porque esta mía no me gusta nada. Con la llamada y la falta de costumbre casi se me hace tarde. Entro en la sala, en la pantalla un lío de chicos y de camas –ya sabéis a que me refiero- enseguida caigo que ésta no es la mía, que ésta es otra y salgo a toda prisa. Entro en la sala 2, me siento al ritmo de la música y, todavía, a veces , siento que la oigo, que sigo allí. Comienzo a oír palabras que no utilizo, que nunca digo pero que reconozco –Argentina, argentinos, América toda, siempre en mi-

Las calles de Buenos Aires bajo la lluvia, su empedrado cubierto de hojas, el golpear de la lluvia en los cristales, como Madrid en mi Otoño – ya he caído- Yo, ya no soy yo, soy Jorge, el contador de historias, el inconformista, la mariposa que va de flor en flor.

Sigue la música y entre “Soles” y “Fas” me voy sintiendo Laura, -recibiendo la lluvia, derramando alegría en la mirada- la que quiere hacer algo diferente, trabajar en algo que llene su vida un poco más que las viandas de su restaurante. Voy y vengo a la par de unas historias que no me son ajenas. Porque la vida es un tango -“Comparsita” o “Cambalache”- y amamos, trabajamos, desamamos y nos acostamos con una facilidad y a una velocidad que el Concorde quisiera. Cambiamos de ideales, de camisa –tanto tienes, tanto vales- ahora sí, mañana no. Ya no, ya no eres útil. Ahora eres un paria, un inútil ¡fuera de mi trabajo, de mi vida!

-“Pero yo te di, te enseñé a escribir, corregí tus primeros escritos...”

- Sí, lo sé, pero ahora no es el momento, te llamo...

Y se nos mueren los amigos y el alma, de momento, porque la vida sigue y hoy no es mañana.

Y luego está el tiempo, los años que pasan sin pensar, como las crisis de gobierno que sólo se dan cuenta cuando están encima.

Y ahora quiero ser Laura, con el ideal de amar a un hombre para toda la vida o algo parecido y parir y tener un hijo y ser feliz y no nos dejan.

Y la vida va y viene, para Jorge, para Laura, para mi, y otros papeles y otros amores y un trabajo que te da más, no importa si te corrompe y los amigos se casan y, a veces, tú también.

Jorge tiene un precio, un móvil y un contestador –lo tiene todo- . Solo, va y viene, y, en una de sus idas decide no volver. No le gusta su película, se va, se despide. Su amigo, el suicidio, el amor, la resurrección. Jorge vuelve a nacer, a sonreír, a tener amigos, la sonrisa de Laura, su abrazo, su confesión y el su “...dame el teléfono, te llamo. Sí, sí, te llamo...” Llueve, la lluvia crepita en los cristales , con la ventanilla bajada, Laura vuelve a sonreír – su rostro está mojado, sus ojos eyaculan mirada- Jorge, calado hasta los huesos, casi no se lo cree . Llueve sobre Buenos Aires, brilla el empedrado, el taxi desaparece...

Aparecen los créditos en la pantalla. Soy consciente de que oigo una música. Alguien me pide permiso para salir.

¿Dónde estoy? Mis manos están mojadas, mis mejillas también. Dentro siento una explosión de esas de sin palabras.

Bajo por Carretas hasta Sol y cojo un metro que me lleva a Buenos Aires.

Si alguno no lo sabe -“el metro de Madrid vuela”-

Suena mi móvil ¡por fin! Es Sabina –con perdón- ha decidido llamarme. Hemos quedado a las ocho. Vamos a cenar en el “Belvedere”, con “El hijo de la novia”, la suya, por supuesto.

Madrid, 29 de septiembre, 2002

Y luego está el tiempo, los años que pasan ...