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Me dolía
la cabeza, la noche había
sido larga, dura y a ratos festiva,
y la resaca que estaba ya empezando
iba a ser igual que lo anterior
menos festiva, pero que podíamos
hacer, los fines de semana estaban
montados así, ó
te quedabas en casa viendo en
la televisión un concurso
basurilla ó un programa
“emocionante y excitante”
sobre la vida de Marujita Díaz,
ó bien sales a la calle
a emborracharte como hacen todos
los jóvenes.
Salí
de la cama como pude, se me
enganchó el pie derecho,
que no el izquierdo, con la
sabana y casi me caigo de morros,
la cabeza me retumbaba, y el
estomago después de removerlo
con el tropezón de la
sabana, parecía un volcán
a punto de desalojar lava a
diestro y siniestro. Levanté
la persiana y abrí la
ventana para ventilar la habitación,
como entrara mi madre me cazaba
al instante, aunque en cuanto
me mirara a los ojos me delataría
con ese instinto de sabueso
que tienen todas las madres,
se lo deben de dar a todas cuando
tienen su primer hijo. Me asomé
por la ventana para que el aire
fresco me diera en la cara y
despejara un poco mi embotada
mente, hacía una mañana
espléndida, el sol calentaba
lo suficiente como para que
pudieras pasear tranquilamente
en manga corta, el invierno
había llegado a su fin.
Todo parecía
en orden, de debajo de casa
llegaban los cánticos
del coro de la iglesia como
todos los domingos, en la terraza
de los del tercero estaban los
hermanos de Javi mirando hacia
el campo de fútbol, intentando
distinguir algo del partido,
como todos los fines de semana,
aunque el polideportivo estaba
a 1000 kilómetros de
distancia no les importaba dejarse
los ojos con tal de no pagar
la entrada, que ratas. En la
terraza de los del cuarto no
había nadie pero tenían
una cosa rara en el suelo, parecían
¿unos spaguettis?, que
raro ó que guarros mejor
dicho.
Me decidí
a salir del cuarto, muy sigiloso
para que nadie me dijera nada,
me metí en el cuarto
de baño e hice un desalojo
de emergencia como me pedía
mi estomago, me lavé
la cara y me fui a la cocina,
poniendo mi mejor carilla de
inocente, allí estaba
mi madre terminando la comida:
- Buenos días,
mama
- Buenos días,
¿qué tal ayer?
Menuda cara que traes.
Ya estamos,
ya me había cazado.
- Ayer bien,
fuimos al cine, luego nos tomamos
una cerveza y me vine a casa,
no era muy tarde
- Ya, pues
a las 3:00 me levanté
un momento para ir al baño
y me pareció que no habías
llegado
- ¿A
las 3? Pues….. , no sé….
Yo creo que a esas horas ya
estaba metido en la cama y por
el quinto sueño ¿estás
segura de la hora?
- Segurísima
. ¿ venías con
hambre no? Porque te comiste
todos los spaguettis que dejé
en la nevera.
¿ Spaguettis
? ¿ qué spaguettis
? No recordaba nada de lo que
hice ayer, me dije para mí
mismo.
- Si, si tenía
mucha hambre, conteste disimulando
lo mejor que pude.
- Bueno, desayuna
algo que me yo me voy, que tu
padre me está esperando
en el Bar “El Pote”
para tomarnos el aperitivo.
- Venga, vale…..
tranquila que me tomo algo y
después recojo el cuarto
para que no digas luego que
soy un mal hijo.
- Pero como
voy a decir eso de ti cariño……
- Que sí,
que sí, venga vete que
no llegas al aperitivo (no se
iba ni de casualidad la tuve
que echar)
En cuanto cerró
la puerta, empecé a asociar
ideas lo mas rápido que
me dejaba mi maltrecha cabeza,
me fui corriendo a la ventana
para mirar a la terraza de los
del cuarto, y ahí estaban
los condenados, eran una plasta
de pasta con tomate por todos
lados, ¿cómo podía
ser? ¿ eran míos?
¿cómo han llegado
hasta ahí?
Mil preguntas
me venían a la cabeza,
en mi mesa estaba mi bandeja
de las cenas, con un vaso lleno
de agua y un plato vacío
con restos de tomate, pero ¿qué
había pasado?, no me
lo explico, haber Diego recapacita,
piensa que hiciste ayer, me
llamó Jose para salir,
quedamos en La Bodeguita como
siempre con todos estos, nos
tomamos unos litros, por cierto
que risa, hicimos una competición
para ver quien se bebía
un litro mas rápido y
…. Claro ganó Jose
aunque yo quedé segundo
a sólo 15 segundos, bueno
esto no importa, ¿qué
más pasó?, luego
nos fuimos al Scruffi, allí
estaban estas, Marta, Almu,
Anita y Cristina, nos tomamos
unos cuantos cubatas cuatro
ó cinco creo, la noche
estaba animada y yo quería
intentarlo con Cristina como
fuera, llevaba varios días
en clase que hablaba mucho conmigo,
me toqueteaba con sus dulces
manos y me miraba sensualmente,
ó eso pensaba yo, así
que me tome otros dos cubatas
para coger fuerzas, ya llevaba
seis ó siete y empezaba
a estar muy dispuesto a todo,
tan dispuesto que llegó
la hora de que Cristina se fuera
a casa y me atreví a
decirla que la acompañaba,
pero ella me dijo que no, un
no muy cariñoso pero
un no en toda regla, un no que
me dejó hundido, un no
que no me daba ninguna opción
a nada, así que entré
otra vez al pub, me desahogue
con otros dos cubatas bien cargaditos
que me dejaron bastante tocado,
a partir de ahí empiezo
a tener lagunas en mi mente,
me acuerdo que hablaba y me
trababa, creo que toda la gente
me miraba mosqueada, eran todos
unos bordes de mierda y las
amigas de Cristina unas estrechas
y unas calientas de mucho cuidado,
eso si que se lo dije a la cara
me acuerdo perfectamente, porque
el novio de Anita casi me pega
y Jose me dijo que me fuera
para casa que la estaba cagando,
creo que fue así mas
ó menos. Una vez llegado
al portal, por cierto me costó
un triunfo abrirlo, menos mal
que llegó el borracho
del segundo, que tiene un bar
y venía mas cocido que
yo, me dijo:
- ¡Qué
pasa chaval! Ya te retiras porque
no tienes gotita de sed como
yo ¿eh? Deja que abra
el portal y metete en la cama
a dormirla.
Y me abrió,
una vez dentro de casa, entré
en la cocina, tenía un
hambre feroz, parecía
como sino hubiera comido en
todo el día nada, abrí
la nevera y encontré
un tupper repleto de spaguettis,
los cogí, llené
un vaso de agua, sería
por costumbre, porque como dijo
el del segundo no tenía
ni una gota de sed.
Llegué
a mi habitación, no sé
como, pero mis padres no me
oyeron, y luego…mmmmmmm,
piensa Diego…. Creo que
abrí la ventana para
tomar el aire y recuerdo que
hacía un montón
de viento, parecía el
huracán Mitch, me parece
que ya sé que pasó,
debí de asomarme con
el plato de los malditos spaguettis
para que me diera el aire en
la cara y me despejara un poco
el mareo que llevaba y…
se me cayó el plato ,
bueno el plato no, con tal mala
suerte el contenido, y entonces
con el viento se metieron en
la terraza de los del cuarto,
madre mía que ostia me
van a dar, ¿qué
puedo hacer? Tengo que buscar
una solución antes de
que se enteren mis padres ó
el vecino que tiene una mala
leche brutal, un día
casi me mata porque jugando
al fútbol en la calle
le volé el periódico
de un balonazo , madre mía.
Lo mejor es coger el toro por
los cuernos y bajar a explicárselo
porque como lo descubra él
y suba a casa para contárselo
a mi padre no me salva nadie
del pollo que me montan.
Me puse el
chandal a toda prisa y bajé
corriendo, llamé a la
puerta ansiosamente, esperé
unos segundos y…….
¡ no abren!¡ joder
! Llamé otra vez pulsando
esta vez con desesperación
e impaciencia.
- Ya va , ya
va – se escuchó
desde el interior
Menos mal pensé
, se abrió la puerta
y apareció el terrible
rostro del vecino, tenía
cara de pocos amigos, como siempre,
parecía el mas malo de
los guardianes de la película
“El expreso de medianoche”
- ¿Qué
pasa? ¿ no puedes esperar
un poquito ? ¿ tus padres
no te enseñan modales?
- Si….
Verás….. como no
contestabas a la primera…
dije tembloroso.
- Estaba recogiendo
en la terraza la cena de ayer,
pero bueno eso no te importa..
- ¿
La cena de ayer?
- Siiiiiii
, te lo tengo que explicar todo
¿ o qué?, se nos
cayeron unos spaguettis y como
hacia tanto frío y viento
no los recogimos, nos metimos
a ver la tele para que no se
enfriara la casa.
- Ahhhhhhhhh
Claro ya decía yo (las
ideas se me empezaban a aclarar)
- Bueno ¿qué
decías tu? ¿qué
querías?
- Nada, verás…..
(no sabía que decir,
estaba haciendo uno de mis mayores
ridiculos9
- Pero a ti
que te pasa ¡Chavallll!
Metió
un grito que se enteró
todo el vecindario, y aprovechando
el eco que hacía su grito
por el hueco de la escalera,
aproveche para escaparme escaleras
arriba sin darle tiempo a decir
mas, se quedó alucinado.
Cerré a toda la prisa
la puerta de casa, y una gran
sonrisa de satisfacción
me iluminó la cara, me
sentía totalmente aliviado,
placentero, a gusto, ahora si
que podía disfrutar tranquilamente
del domingo, aunque toda esta
sensación me duró
poco, al subir tan deprisa las
escaleras , los malditos spaguettis
, que ahora ya estaba seguro
me comí anoche, empezaron
a protestar en mi estomago,
y pedían salir a toda
costa, aunque esto ya forma
parte de otra historia que si
os apetece os cuento otro día.
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