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Llevo una corta
temporada compartiendo piso
con Clara y creo que va a ser
aún mas corto el tiempo
que tarde en estrangularla.
Al principio
todo fue mas o menos bien, su
orden me pareció necesario
frente a mi caos, sus manías
divertidas y su comida exquisita,
equilibrada. Pero después
de un tiempo necesito desesperadamente
mi desorden, comer comida basura
sin sentirme culpable, poner
los pies encima de la mesita
y fumar sin conocer los índices
de muerte por cáncer
de pulmón.
Ahora Clara
ha decidido levantarse antes
todos los días para que
podamos compartir el desayuno.
- Un ratito
juntas, que luego no nos vemos
en todo el día.
Pero es que
esta muchacha tiene demasiada
energía para mi, desde
las ocho de la mañana
R que R con Antoñito,
su novio. Que no la quiere,
que no la hace caso, que ya
no es como antes.......
- ¿Lola
me escuchas?
- Si claro,
¿cómo no iba a
escucharte?
Tan claro como
que estaba pensando meter baza
en su monólogo para contarle
que hoy me había levantado
con una terrible “vena”
maternal; pero mejor será
no hacerlo, no estoy para sermones
y mucho menos teniendo en cuenta
que la posibilidad de que pueda
tener un hijo en este momento,
se limita a un milagro de la
providencia o a un proceso ultrarrápido
de fecundación in-vitro
con espermatozoides anónimos.
Pero ¿con que derecho
va a tener mi hijo un cualquierón
como padre?. Además,
con lo bien que se lo pasa una
fecundando in-vivo. CREO, porque
hace algún tiempo que
estas noticias solo me llegan
en tercera persona.
Clara sigue
ensimismada en su discurso,
la verdad es que si su novio
no fuera tan repijo y atontado,
podría llegar a planteármelo
como padre de mi hijo. Esto
me demuestra que he perdido
definitivamente el juicio, que
necesito una ducha y que la
absurda conversación
monotema de Clara no ha conseguido
despertarme del todo.
- Mira preciosa,
lo mejor es que le plantes,
un poquito de mano dura y volverá
a ti como un corderito.
Esta es la
típica frase que espera
oír y que por supuesto
no opino, pero le va a dar carrete
para otra media horita de charla.
Tendré que soportarlo,
porque además de sus
múltiples defectos tiene
como virtud indiscutible la
cocina. Hace, entre otras cosas,
el mejor café de la comarca
y las tostadas mas doradas,
mantequillosas y crujientes
que jamás haya probado.
Creo que escucharla un ratito
es pagar un justo precio. He
dicho un ratito, se acabó.
- Clara, me
voy a la ducha, dejo la puerta
abierta y así seguimos
charlando ¿vale?.
Además
hoy voy con prisa, tengo seminario
de educación para la
salud con ese psicólogo
con el que buenamente hacia
yo una terapia. Claro que después
de saber que ese pedazo de tío
es el gay mas gay de todos los
gays de España, una se
plantea si el mundo entero se
ha puesto en su contra. Y no
es que el tipo en cuestión
sea una locaza llena de plumas
y lentejuelas, es que es el
presidente del colectivo de
gays y lesbianas de España.
Con esta perspectiva conseguir
volver a meterle en el armario
seria como pedirle a Fidel Castro
un discurso en menos de dos
horas.
Y mientras
yo vivo sin comerme un rosco,
Clarita se los traga a pares,
ahora resulta que la “pobrecita”
se ha liado con un tipo de su
empresa. He de entenderlo:
- Antonio no
me hace caso y llevamos tantos
años juntos que “se
ha apagado la llama de nuestra
pasión...........”.
Una sola frase
mas de este tipo y le planto
el cubo de basura por sombrero.
El caso es
que sin comerlo ni beberlo,
aquí estoy haciéndole
la cobertura a la mosquita muerta
para que no se entere su novio,
que dicho sea de paso, empezaba
a caerme bien el hombre.
Y como no,
habría de llegar el desenlace.
Dramón terrible pues
la tonta de Clara ha decidido,
en contra de mis consejos, contárselo
todo a Antoñito, no sin
antes llorarle y rogarle el
perdón eterno por su
equivocación. Y no es
que me importe demasiado, pero
después de tragarme todos
los capítulos de esta
telenovela, que ni sus mejores
tostadas merecen, he quedado
fatal con Antoñito por
cubrir a Clara, con Clara por
decirle que su colega estaba
buenísimo y que yo no
hubiera dudado en cambiarlo
por el engominado de su novio.
Aunque en realidad yo iba mucho
mas allá; Germán
su compañero de curro,
vivía solo y LEJOS, lo
que implicaba que Clarita se
pasara fuera el fin de semana,
TODO EL FIN DE SEMANA. Eso si,
no sin antes preguntarme quince
veces si no me importaba quedarme
sola. Pobre infeliz.
Se que me ha
perdonado, me necesita para
terminar su serie. El capítulo
de hoy es el de lagrimitas:
- ¡Ay!
Lola, cuanto daño le
he hecho, como he podido ser
así, con lo que le quiero,
creo que me han engañado.
Aunque tu no puedes saber lo
mal que me siento porque nunca
has tenido un novio así.
Lo que yo digo,
en fascinante compartir media
hora diaria con mi compañera
de piso. Nada mas levantarse
a una le suben la moral de esta
manera.
La pregunta
lógica es: ¿qué
hago yo viviendo con una persona
que tiene tan poco que ver conmigo?
Me imagino que me pudo la desesperación.
Lo acababa de dejar con mi “especie
de novio”, digo especie
porque nunca fuimos lo que se
podría denominar una
pareja tradicional. Ni siquiera
una pareja de ningún
tipo.
Nació
el mismo día en que años
antes acabo la segunda guerra
mundial y ese dato que podría
no tener ninguna relevancia,
a él le hacia considerarse
un tipo extremadamente especial.
Y la verdad, vivir con un Adonis
que adora su cuerpo y su mente
te desplaza a un segundo plano
a años luz de la consideración.
Te acoplas,
por ese flechazo que más
que malherida te deja lela.
Te parece que su percepción
de la vida es la adecuada y
aunque él no me hiciera
participe de ninguno de sus
logros en el mundo, empecé
a girar en su círculo,
valorando las cosas desde su
punto de vista. Y un día
de repente me di cuenta de que
no estaba viviendo mas que su
vida y lo peor de todo, que
no era feliz.
Salir de allí
no fue nada fácil, empiezas
a encontrar los defectos de
la supuesta relación
pero si exiges te vuelves horrible
y pesada. No te gusta como actúas
pero no puedes evitarlo. Se
convirtió en una verdadera
pesadilla de la que era mejor
huir, solo que mi huida poco
programada me llevo a manos
de Clarita “Krueger”,
amiga de la amiga de una amiga
que buscaba compañera
de piso.
Y ahora que
empezaba a acostumbrarme, Clara
y Antonio han decidido vivir
juntos, eso supone que bien
me largo y se quedan este luminoso
apartamento como nidito de amor
o bien se larga ella y me deja
sola. No creo que haya nada
en este mundo que me hiciera
tan feliz, solo que este caprichito,
ático, 90 m2, vistas
espectaculares, céntrico,
calefacción central,
excelentes calidades, bla, bla,
bla no puede sostenerse con
mi beca, cutre, temporal, adeudada
y con pocas posibilidades de
renovación. Por lo que
una noticia de tal calibre,
que podría haberme sumido
en una felicidad sobrenatural,
me ha caído como una
verdadera lacra. Clarita para
variar, lo ha entendido por
el lado equivocado y me da la
barrila con que seguiremos siendo
amigas y tomaremos café
juntas.
En fin, por
el momento aquí seguimos
los tres en amor y compañía.
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