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VIOLETA

 

Es noche de estreno y el teatro está lleno. La gente viste sus mejores galas porque hoy debuta una de las grandes promesas en el mundo de la ópera. Ella es un susurro en la boca de la muchedumbre, todos saben cómo consiguió el papel o lo asumen en cierto modo. Ella… Violeta. Pero todos callan, es noche de estreno y hay que disfrutar.

Dentro de los camerinos es imposible mantener la calma, todos van y vienen con trajes en las manos, con flores, regalos y cualquier capricho que se le antoje a los cantantes. Los pasillos están llenos de nerviosismo y de felicidad. En el último camerino, el más grande, una luz atenuada invita a pasar entre la puerta medio abierta. Es el camerino de la cantante principal, la que debuta esta noche. Adentro, dos enormes ojos color miel se miran en el espejo mientras la peinadora termina de arreglar el oscuro cabello café. La blanca y casi transparente piel armoniza con la perfección del vestuario. “Todo debe salir perfecto esta noche” piensa Violeta mientras repite dentro de su cabeza cada diálogo, cada partitura, cada movimiento, que memorizó desde hace seis meses.

- Violeta es tu turno- dice un hombre mientras toca la puerta. La cantante se mira por última vez al espejo y se percata de que su color ya no es el mismo ha perdido algo. No logra adivinar dónde está ella porque no se encuentra en el espejo. Se siente vacía. Sin embargo, poco a poco se levanta tratando de mover el pesado vestido. Rumbo al escenario todos la admiran y hacen comentarios entre ellos. Nadie lo nota pero sus ojos color miel están tatuados de tristeza, el engaño del amor prohibido, la certeza de que él no volverá con ella, de que ni siquiera volverá a mirarla.

Violeta está detrás del telón y ya se escuchan los primeros acordes del preludio de la ópera Carmen. Justo cuando tiene que salir a escena escucha una risa muy familiar. Es él. Está sentado en el lugar que ocupa el productor en primera fila…con su esposa. Violeta siente que su corazón esta a punto de estallar. Quiere moverse pero no lo logra. Entonces recuerda que su vida entera la ha dedicado al canto, esto es lo que quería y nada ni nadie podrá detener su carrera, no ahora. La decisión está tomada y continua su camino a escena. No hay tiempo para lágrimas, no hay tiempo para tratar de sanar un corazón destrozado. Es noche de estreno y el teatro está lleno.

 

 

Nadya Nieto