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Las cinco mujeres
que representan la secuela de
aquellos 5hombres.com que arrasaron
las taquillas de teatro el año
pasado, pisan con fuerza sobre
las tablas y se están
llevando de calle a un público
a priori ya entregado. Lo primero
que llama la atención
de esta obra es el espectacular
exitazo de taquilla que están
teniendo, con entradas vendidas
con mes y medio de antelación,
debido a una gran campaña
de márketing, no escondida,
y al hecho fundamental de nos
encontramos ante una adaptación
teatral de un programa de televisión.
Sin duda alguna, la influencia
de la televisión es vital
para comprender la marcha triunfal
de las 5mujeres.com. A esto
se une que las cinco actrices
trabajan o han trabajado en
televisión, por lo cual
son conocidas por el público
que está siendo arrastrado
de su sillón a la butaca
del teatro. Porque esta es otra
de las características
de la obra: su público,
una audiencia en gran parte
no demasiado habituada a asistir
al teatro.
Con una sencilla
escenografía, tan sencilla
que consiste en una butaca y
un falso micro, y un vestuario
e iluminación que pretenden
no distraer la atención
de lo importante, es decir,
el monólogo, la obra
comienza. El desarrollo de la
misma se inicia con un acto
previo mientras la gente llega
al teatro y se acomoda en sus
butacas.
Durante este proceso, una desgarbada
actriz va calentando el ambiente,
con preguntas directas e intimidatorias
sobre la guerra de sexos, mientras
su compañero, con cámara
al hombro, enfoca al pobre asistente
que ve su cara proyectada en
una pantalla improvisada delante
del telón y escucha las
risas del respetable ante sus
sosas respuestas a la voraz
entrevistadora, quien las acompaña
con cachondos comentarios. La
presencia de la cámara
hace que más de uno se
incomode. Y es que una cámara
en el patio de butacas es un
elemento extraño que
causa inquietud y excitación,
así como vuelve a recordarnos
el medio televisivo en el que
no hace mucho se desarrollaba
la acción.
Tras esta telonera,
comienzan los monólogos
de la mano de Llum, personaje
interpretado por Llum Barrera.
Cada personaje adopta su nombre
del de la actriz que lo interpreta,
en un acto deliberado de crear
complicidad, cercanía
y veracidad a la historia. Tras
el monólogo de Llum comienza
una historieta que va a desarrollarse
entre los monólogos y
que junta a las cinco actrices
en el escenario. Se trata de
una especie de cómic
sobre las relaciones virtuales,
que actúa de vínculo
entre monólogos, bastante
superficial y que termina por
transmitir la sensación
de estar robándole tiempo
a lo verdaderamente interesante,
por lo que el público
ha asistido al teatro y que
es mantener una conversación
unidireccional con cada una
de las actrices.
En cuanto a
los monólogos en sí,
el guión resulta demasiado
trillado. Le falta acidez, es
poco innovador y está
lleno de tópicos. Pero
lo cierto es que la gente no
para de reir, se lo pasa en
grande y al final sale de la
sala diciendo aquello de: “...muy
entretenida...”. Y es
que el valor se lo dan las interpretaciones,
con unas actrices que saben
llegar a su público (Nuria
González está
espectacular, con permiso del
resto). Nos queda la duda de
si en algún momento los
monólogos y sus secuelas
llegarán a su escenario
natural, un bar o café,
donde se puede ser todo lo ácido
que se quiera y la actuación
llega con toda su fuerza a la
veintena de parroquianos allí
congregados. Probablemente no,
por razones obvias.
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