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Yllana
cumple 15 años, y para
celebrar este acontecimiento
vuelve al Teatro Alfil con dos
de sus espectáculos más
representativos: Glub –
Glub y 666.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Esta es la
obra emblemática de Yllana,
con la que se dio a conocer
definitivamente al público
y la que constituyó el
inicio de una carrera exitosa,
gracias a una propuesta teatral
arriesgada, diferente y gamberra.
Su humor negro y escatológico,
su expresión corporal
hiperdesarrollada, su afán
de trasgresión, han contribuido
a crear un estilo propio como
compañía y un
reclamo para el público.
666 se compone
de varios sketch con un fino
hilo conductor en el que se
muestran pasajes de humor trasgresor,
sin decir una sola palabra.
Sonidos guturales, gestos, posturas,
efectos de sonido, alimentan
la galería de situaciones
extremas e hilarantes que pueblan
el espectáculo. Particularmente
me dejó asombrado la
capacidad mímica de algunos
de los cuatro componentes de
la obra, que puesta al servicio
de un guión caótico
y fuera de lo común proporciona
un excelente resultado cuya
máxima expresión
es la risa y perplejidad continua
que provoca en el público.
Con una puesta
en escena básica, un
montaje de sonido austero y
unos juegos de luces elementales,
Yllana consigue sacar el máximo
partido y conseguir los efectos
deseados en un alarde de imaginación
digna de reconocer.
En cuanto a los personajes,
a pesar de que como apuntaba
al principio todo es aparentemente
caótico e inconexo, cuentan
con una identidad propia que
persiste en cada uno de los
sketch. Desde el tipo repugnante,
creado para ser odiado por el
público pero capaz de
levantar aplausos y risas, pasando
por el insulso, el gafitas despistado
y abúlico, hasta llegar
al “bueno” de la
obra que sufre todas las desgracias,
manifiesta anhelos y llega a
mostrar su lado más oscuro.
No es mi intención
reventar al espectador la obra,
pero hay un par de sketch gloriosos,
como las historias oníricas
o las que apuntan al sexo, independientemente
del golpe de efecto que es mostrar
esos enormes pollones, que han
constituido quizás el
reclamo comercial, pero que
probablemente sea el elemento
menos representativo de la obra.
La estética
del espectáculo goza
de la agresividad más
propia de la música tipo
metal industrial y que en el
teatro sólo ha adoptado
grupos de vanguardia como La
Fura. Antes de comenzar la obra
en la sala se escuchan temas
del Mutter de Rammstein, lo
que se anuncia como un prólogo
perfecto a esta singular representación,
que aunque sea tópico
decirlo, no va a dejar a nadie
indiferente.
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