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Albert Boadella,
genio y figura, bufón
incómodo para el poder
y para la conciencia de los
sumisos. Director de la compañía
Els Joglars, es además
uno de los personajes de la
cultura que dejan huella, sobre
el escenario y en sus declaraciones
alrededor de la vida política,
social y cultural de nuestro
país.
Lo encontramos
inmerso en la presentación
de El
Retablo de las Maravillas,
cinco variaciones sobre un tema
de Cervantes, con el que recorre
España. Accesible, dialogante,
paciente a la hora de desgranar
por enésima vez su proyecto
teatral, habló con nosotros
de este Retablo, que permítaseme
el burdo juego de palabras,
a posteriori comprobamos que
efectivamente es una Maravilla.
Pero nuestra charla también
tomó otros derroteros,
puesto que es muy difícil
estar frente a Albert Boadella
y no pedirle una valoración
de cómo ve este nuestro
país.
Me gustaría
que para empezar nos explicara
esta visión propia que
han escenificado de El Retablo
de las Maravillas.
Es
una metáfora que tiene
que ver con las antiquísimas
leyendas orientales, la clásica
leyenda oriental de los tejedores
que tejen un hilo que no existe
y que Cervantes adapta a un
retablo en el que unos pícaros
van de pueblo en pueblo sin
llevar nada y en cambio ellos
dicen que hay gran cantidad
de cosas, que sólo pueden
ver los que no tienen sangre
judía en sus venas, los
que son hijos de legítimo
matrimonio. Los otros no pueden
ver nada. Naturalmente nadie
tiene sangre judía y
todos son hijos de matrimonio
legítimo. Es decir, juega
con el complejo, que es un elemento
muy importante y con la duda
también.
Esto
que es una cosa sencilla, ocurre
en nuestra época multiplicado
y aumentado porque los grandes
lobys, las grandes empresas
de la comunicación han
promocionado este mundo de retablos,
en el que no hay nada, porque
se están convirtiendo
en auténticos medios
de cretinización general.
Nosotros lo que hacemos es ponernos
en la piel de Cervantes, colocar
a Cervantes en Madrid, por ejemplo,
¿qué haría
Cervantes si se fuera al Reina
Sofía a ver la cantidad
de mamarrachadas que hay?. Bueno,
pues nos ponemos en su piel,
lo miramos y elaboramos lo que
creemos que podría hacer,
es decir, nos aprovechamos de
un gran maestro de la literatura,
del teatro y aprendemos de él
mirando a través de sus
ojos. En este sentido Cervantes
está vivo todavía
y con él vamos a distintos
lugares en el arte, en la religión,
en la gastronomía...
La denuncia
de la memez instalada en las
elites, es una constante de
su teatro. ¿qué
flecos quedaban por explorar
y que aparecen en El Retablo
de las Maravillas?.
Yo
creo que lo que a nosotros nos
ha interesado siempre más
es responsabilizar a las víctimas
y no a los verdugos. Esto ha
sido una constante en el trabajo
de Els Joglars. Porque claro,
si tiramos contra los verdugos
casi no podemos hacer nada,
(risas) sólo
existe la posibilidad de matarlos
o de meterlos en la cárcel.
Si que existe la posibilidad,
sin embargo, de concienciar
a los que se dejan tomar el
pelo y de azuzarles. Por tanto,
lo que hacemos en el Retablo
de las Maravillas es dejar muy
bien a los pícaros, pero
dar toda la responsabilidad
a los cretinos que se dejan
tomar el pelo. En esta sociedad
hay que hacerlo así,
hay que ser duros con estos,
no con los otros. Con los otros
nada se puede hacer.
Y ante los
cómplices de los verdugos,
los que guardan silencio, ya
que como decía Luther
King sobre nuestro siglo XX,
“no nos parecerán
lo más grave las fechorías
de los malvados, sino el escandaloso
silencio de las buenas personas”.
Claro,
la complicidad. Es que en este
momento existe la complicidad
de grandes masas de gente que
han votado una determinada opción
política y se convierten
en cómplices de lo que
haga esa opción política.
Así los que han votado
a Bush, pues tienen que tomar
la responsabilidad de lo que
haga el señor Bush, lo
bueno y lo malo. Esto es un
signo de nuestra época.
¿Cómo
ha sido el proceso de inspiración
en este clásico, para
una compañía que
ha hecho siempre un teatro rupturista,
libre, y si me permite el término,
contestatario?
Empecé
primero por otro canal, miramos
primero hacer algo con el relato
de Jerzy Kosinski “Desde
el Jardín”, pero
vimos que no era lo que nos
movía en aquel momento,
no nos sentimos identificados
en algunas formas, aunque si
en el objetivo. Entonces pensamos
que lo que más se adaptaba
a entender esta situación
era El Retablo de las Maravillas
de Cervantes. Entonces lo primero
que hicimos fue comernos mucho
Cervantes, para entenderlo,
para aproximarnos a él
y después, cuando yo
tengo algunos esquemas hechos,
empiezo a lo que nosotros llamamos
jugar –no me gusta la
palabra trabajar, entiendo que
es mejor la palabra jugar–
y jugamos constantemente bajo
temas que yo voy dando. De este
juego surgen a veces imágenes,
palabras, frases de enorme interés
y se van acumulando, de manera
que a través de ellas
se van construyendo las distintas
escenas. Sería un trabajo
de composición más
cercano a la música,
¿cómo componía
Bethooven una sinfonía?,
pues iba probando e improvisando
con el piano y los acordes que
le gustaban, los apuntaba; después
modificaba los instrumentos...
y eso es lo que hacemos nosotros,
un proceso creativo.
E imagino que
tras montar esta obra, ahora
verá a Cervantes de otra
manera. ¿Qué ha
aprendido de nuevo, del escritor?
He
aprendido que Cervantes era
un hombre con una agudeza extraordinaria,
muy valiente, de una enorme
valentía que a lo mejor
no la tenía de una manera
personal en su vida, aunque
fue bastante heroico puesto
que intentó fugarse varias
veces del cautiverio de Argel,
pero sobre todo fue valiente
en su obra porque él
traza una sátira sobre
la limpieza de sangre, que en
aquel momento era importantísima,
y se necesitaba un par de huevos
para poner en escena una cosa
como El Retablo de las Maravillas,
¡haciendo sátira
de la limpieza de sangre en
una época que existía
la Inquisición!. Por
lo tanto era mucho más
heroico que nosotros que tenemos
nuestro público y en
ese aspecto somos un poco intocables.
Él se la jugaba un poco
más.
Le quiero pedir
una valoración de su
paso por el cine, ahora que
ha pasado cierto tiempo desde
que rodará y estrenará
“Buen Viaje, Excelencia”.
A mi el cine
no me gusta, no me gusta ni
como arte. No quiere
decir que no vea cine, que no
me distraiga, pero yo lo considero
un medio de distracción,
no lo considero que sea un medio
que tenga la potencialidad ritual
del teatro. Yo hice la película
un poco a contracorriente: era
una proposición que nos
hacían, a los actores
les hacía ilusión
y yo, pues la hice. Pero no
me lo pasé bien haciendo
la película, lo pasé
fatal; para mi fue también
una Cruz de San Jordi (risas),
una auténtica lata, esto
lo cuento detalladamente en
mi libro. ¿Deseos de
volverlo hacer?, en las circunstancias
que lo hice, no. Produciendo
nosotros, quizás mejor,
pero en todo caso si tengo tiempo
y debo escoger, prefiero invertirlo
en el teatro.
Usted que siempre
ha sido un observador crítico
y locuaz de la realidad ¿cómo
ve este país y está
sociedad tras el cambio político?
Hombre,
lo veo en todo caso un poco
más relajado, porque
con el otro gobierno se había
llegado a un espacio de crispación.
Creo que el peor defecto que
tuvo el anterior gobierno, concretamente
su presidente, fue llegar a
encabronar tanto a sus adversarios.
Es natural que el presidente
tenga sus adversarios, es una
cuestión natural, no
hay nada que hacer, son unos
millones que no te han votado
y es legítimo. Pero si
uno llega a encabronarlos tanto,
a llevarlos a ese nivel de crispación,
entonces las cosas empiezan
a funcionar desequilibradamente.
Yo creo que le faltó
cintura para conseguir que sus
adversarios no fueran tan militantes;
que los tuviera, era inevitable,
pero si pudo evitar que fueran
tan combativos. ¿Qué
ocurre ahora?, que hay una situación
de relajo. ¿Qué
va a dar esto en el futuro?,
los políticos de este
país son muy malos profesionales,
los unos y los otros, por eso
yo soy más bien escéptico
con los resultados, por eso
no tengo grandes esperanzas.
No hay personalidades como las
que existían en la época
de la transición, quizás
con menos experiencia política,
pero más personalidades
humanísticas. En la época
de la UCD, en los principios
del PSOE había grandes
personalidades que tenían
más cosas que decir y
eso ha desaparecido.
¿Piensa
entonces que la profesionalidad
política va unida a tener
unas sólidas dotes humanísticas?
No
sólo una formación
humanística, sino unas
dotes que aplique esta formación
humanísticas a unas grandes
dotes administrativas, que conozcan
bien los mecanismos para colocar
lo que creen lo mejor para el
conjunto. El nivel de corrupción
es muy alto en todos los sentidos
y se produce la corrupción
como un elemento natural de
la política, -el tema
de la financiación de
los partidos ya es de escándalo,
esto no se ha tocado y sigue
en el mismo nivel- y después
su lenguaje, sus ideales...
son una cosa decepcionante.
No tengo gran confianza, pero
si que admito que se ha producido
una situación de relajo
real que era necesaria porque
íbamos al desastre.
Pues muchísimas
gracias por volver a ofrecernos
su visión del teatro
y de la vida, que a veces van
por senderos paralelos.
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