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SINOPSIS
Una visión
del universo femenino que nos
permite indagar en él
alejándonos de tópicos,
a veces rozando el absurdo,
pero siempre llena de contenido,
rica, tragicómica, pues
trata en clave de humor las
pequeñas tragedias de
la vida.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Los insomnes
viven más. También
tienen una capacidad de percepción
distinta, a veces lúcida,
otras histriónica. Las
protagonistas de este montaje
se inclinan más por lo
segundo, aunque en si mismas
constituyan un acertado retrato
de muchas de las fobias más
generalizadas. Se nota que estas
chicas no duermen, por eso se
dejan ver mejor. Potencian sus
sentimientos, sus pequeñas
o grandes paranoias, sus anhelos,
virtudes, defectos, la visión
de lo que les rodea. Y lo hacen
en seis entremeses de trepidante
alternancia temática,
emotiva y escénica, pero
con un nexo en común:
ese desvelo que las hace especiales,
divertidas, conmovedoras, histéricas,
adorables, insufribles, tiernas,
divas, indefensas, agresivas,
provocadoras...
El montaje
supera las expectativas que
pudiera suscitar el teatro contemporáneo
de pequeñas historias,
y eso es porque se produce una
especial conjunción de
textos ágiles y chispeantes,
con unas actrices fabulosas
y una dramaturgia sencilla,
pero teatral y efectiva. De
una historia a otra es fácil
pasar de la risa más
revitalizante a la angustia
de la locura, de la empatía
sentimental con los personajes
al estremecimiento ante personalidades
complejas. El caso es que no
hay historias planas y que el
leiv motiv del insomnio, aunque
no esté explicito, funciona
como hilo conductor y como un
perfecto catalizador de miradas
que ubica al espectador, para
luego sorprenderle.
La sencillez
en la dramaturgia es obvia,
pero eso no desvirtúa
la concepción teatral
de las historias que se manifiesta
de forma transparente, funcional
y de con cirta fidelidad a la
disciplina artística.
Otro grato ingrediente de la
obra lo constituye las interpretaciones
de las camaleónicas Vanesa
Espín, Sandra Ferrús
y Victoria Herrea, que necesitan
de poco más que de un
exiguo cambio de vestuario para
cambiar de piel y de rol, con
un nivel de credibilidad más
que aceptable. Su forma de actuar
engancha y además lo
hacen con aparente naturalidad.
Desveladas
es un sano ejercicio teatral,
de resultado satisfactorio para
el espectador y en el que además
se puede cumple el tópico
aquel de que lo bueno y breve,
dos veces bueno. Y eso en los
tiempos teatrales que corren
es mucho.
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