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EL CONTRABAJO
de Patrick Suskind

Versión y dirección: Rafael Álvarez El brujo

Interpretada por: Rafael Álvarez El brujo

TEATRO INFANTA ISABEL

SINOPSIS

Un músico de orquesta lucha contra su instrumento(el contrabajo) cómo si luchara con su propia vida, cansado de ser el último de la línea de los músicos.
Esa lucha le hará analizar los porqués de la música, el trabajo o el amor, justo antes de tener que acudir, un día más, a un concierto.

LA HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...

La mayor parte de las veces en que una obra o un actor en concreto es nombrado, entrevistado, envidiado o mentado en cualquier situación, ni me acerco al teatro donde se dé cobijo a ese fenómeno mediático.

El caso es que este es un país donde la existe una categoría de actores que se engloban en el grupo de “actores de teatro de siempre” y dentro de él se encuentra Rafael Álvarez “El brujo” y, a pesar de salir por todas partes con su trilogía El lazarillo, San Francisco Juglar de Dios y El Contrabajo y llegar a hartar, a veces hay que ver tragarse esa ética y apoyo de lo “alternativo” y ceder ante el teatro de actor.

Según uno se introduce (porque no entras, te introduces) en el patio de butacas, se puede observar en el escenario una estructura redonda, sin techo de aproximadamente dos metros de altura, de tela que recuerda a las pantallas de las lámparas, de hecho tiene una forma parecida.

Él ya está ahí hablando con el público, sin saber muy bien si es el actor o el personaje. Se observa la silueta del contrabajo, instrumento que da titulo a la obra basada en una novela del mismo autor de El Perfume, Patrick Süskind.

A la orden de ¡ale hop! la pantalla de la lámpara se abrió para dar paso a latas de cerveza, papeles, partituras, desorden y caos de artista. La obra en sí es entretenida, hace pensar a quien quiera pensar, y si no te apetece pensar, pues no tampoco te hace darle muchas más vueltas. La vida de un músico de orquesta, hastiado de su vida, enamorado sin reconocerlo y en continua lucha consigo mismo y con sus sentimientos es el eje (no central, sino único) de la obra.

Una hora y 45 minutos de espectáculo en el que un único actor, sin parar de hablar, oír música y beber cerveza(creo que es lo que más me impacto, la cantidad de latas que pudo llegar a vaciar en escena), dialoga de forma directa con un publico que puede interactuar con él casi en todo momento, aunque solo sea de palabra. Un hombre que dice lo que quiere manteniendo cuatro pinceladas de lo que era su idea original y lo demás lo improvisa. O no. O se sabe el texto al dedillo y deja al público con la duda.

El argumento de la obra no es una maravilla, pero hay pocos actores que sean capaces de engancharte solo con la palabra y cinco objetos a su alrededor y que, además, produzcan, versionen, diseñen y sean capaces que mantener cuatro obras más en cartel al mismo tiempo.
Me quedo con ganas de volver a verla y apuntar todos los cambios a ver quién engaña a quien.

 

 

 

 

 

http://www.elbrujo.es/

Tamara Berbés