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SINOPSIS
En un estado
totalitario sin nombre, Katurian,
un escritor, es arrestado e
interrogado por el horrible
contenido de sus cuentos infantiles
y la relación de estos
con una serie de crímenes
de niños ocurridos en
su ciudad.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
El Hombre Almohada
es un relato impactante, sobrecogedor,
que toca un tema tan tabú
como el de los maltratos a niños.
Lo primero que sustenta a una
buena obra es un buen texto
y desde luego el de Martin McDonagh
lo es. Está lleno de
conflictos, de suspense, pero
sobre todo es un texto crudo
que deja sabores intensos en
el paladar. A McDonagh lo describen
en wilkipedia de la siguiente
forma que, quizás sea
un poco excesiva pero bastante
ilustrativa: “es un dramaturgo
angloirlandés, conocido
por sus piezas teatrales de
gran brutalidad y estilo cinematográfico.
Se considera que cultiva una
vertiente extrema del teatro
de la crueldad, conocida como
in your face, que destaca el
aspecto violento y grotesco
de las obras para captar la
atención del espectador
y que tuvo como predecesor el
sangriento género del
grand guiñol”.
Bien pues todo eso es cierto,
pero con matices. Al menos en
esta espléndida versión
de Isabel Montesinos.
La obra sorprende
por su crudeza, pero no me atrevería
a calificarla de “brutal”,
por lo menos en el sentido más
morboso del término.
Por el escenario vemos evolucionar
una historia que empieza negra
y deriva hacia la oscuridad
absoluta. Es un proceso que
mantiene al espectador atento,
en vilo, alerta ante el próximo
detalle que pueda explicar esta
pesadilla endiabladamente retorcida,
pero no es para nada “lo
nunca visto”. Desgraciadamente
la realidad puede ser más
cruda que la ficción,
aunque cueste suscribir esto
después de ver la obra.
La compañía
Teatro del Noctámbulo
hace una propuesta honesta,
con habilidad escénica
y marcada por el buen hacer
de José Vicente Moirón,
que realmente está fantástico
en la piel de Katuria, el prolífico
escritor de cuentos con el nexo
común de crueldades cometidas
hacia niños. Su papel
es complicado, su conflicto
es intenso, su evolución,
difícil de explicar y
todo esto lo resuelve José
Vicente con sólidas armas
teatrales: buena expresión
corporal, una perfecta dicción
y proyección vocal al
servicio de diferentes emociones
expresadas con la voz, y una
composición efectiva
del personaje. Su trabajo es
tan brillante que en muchos
momentos llega a eclipsar a
sus compañeros de reparto
a base de proporcionarnos una
lección de interpretación
al servicio de la angustia.
Si la obra
pasa por tu ciudad no renuncies
a disfrutar de este estupendo
mal rato en el teatro. |



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