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Por ser conciso
y tajante, y por si acaso no
tienes ganas de leer toda la
disertación que tengo
en mente sobre esta obra, desde
ahora te digo que es cojonuda.
El Retablo de las Maravillas
son dos horas y media, de lucidez
escénica, divertidísima
sátira, brillantez interpretativa
e imaginación a borbotones,
que no deberías perderte.
Els Joglars
sigue apegado a la realidad
y sin embargo esta vez han recurrido
a Cervantes para encontrar la
percha que les sirve de punto
de partida para desplegar su
sátira mordaz y certera
sobre los temas les interesa.
Ver ese proceso sobre el escenario
es prodigio de sentido teatral
y crítico. El grupo puede
tener muy claras sus ideas,
las cosas que no les gusta de
esta sociedad, los temas que
les hacen reaccionar, pero en
ningún momento utilizan
el teatro como mero instrumento
de transmisión de esas
inquietudes, sino que adscritos
a este milenario arte, despliegan
sus mejores técnicas.
El Retablo es teatro puro y
a través del respeto
al teatro, Els Joglars lo engrandece
exprimiendo sus recursos, elucubrando
sobre sus posibilidades, aportando
su imaginación.
El proceso
lúdico de creación
teatral del que habla Boadella
se transmite perfectamente en
el escenario, donde hay juegos
de voces, juegos corporales
y juegos que tienen que ver
con la iluminación y
la técnica, capitalizada
por una gran pantalla electrónica
que como artificio del retablo
y de la alucinógena seta,
hace las veces de ese túnel
del tiempo. En definitiva y
para acabar con la parte del
lenguaje teatral de Els Joglars,
es sorprendente como vuelven
a demostrar que la investigación
en las técnicas teatrales
no tienen que pasar necesariamente
por la vanguardia de códigos
herméticos para aportar
resultados imaginativos, originales,
comprensibles por el público
y al servicio del libreto al
que dan vida.
En cuanto al
contenido de ese libreto, referente
a la trama y la sátira
que Els Joglars pone sobre las
tablas, uno sale de la obra
siendo consciente que la compañía
que dirige Boadella no ha perdido
un ápice de sentido crítico,
capacidad para el humor más
satírico y que pese a
sus años de teatro y
reconocimiento popular, siguen
siendo el referente del arte
contestatario frente al poder
y sus ramificaciones en la sociedad.
De nuevo lanzan
sus dardos hacia las elites
huecas de este país y
hacia las estúpidas vanguardias
que pretenden calar en la gente
con la amenaza de que si no
se aceptan, uno pueda ser considerado
un ser vulgar, como en el Retablo
de Cervantes se consideraba
que si no se percibían
sus maravillas no se era limpio
de sangre o no se prevenía
de matrimonio legítimo.
El mundo no ha cambiado desde
la época cervantina en
el intento de muchos de vender
humo a costa de la ignorancia
y del miedo del personal a revelarse
ante la dictadura de las elites
y como tampoco es la primera
vez que Els Joglars denuncia
esta pauta: en la política
tuvo su especial repaso en Ubu
President, la oligarquía
empresarial fue conveniente
diseccionada en El Misterioso
Caso de Mr. Floit y el sin sentido
de cierto tipo de arte fue puesto
de manifiesto en Daalí.
En este Retablo se aumenta el
rol de invitados a la demoledora
crítica de la compañía
y se le unen a los anteriores,
religiosos milagreros y cocineros
de prestigio.
Pero no menos
interesante es como se presenta
y desarrolla esta trama, que
partiendo del entremés
de Cervantes, nos embarca en
una espiral que llega a nuestros
días para conocer de
esos ilustres y reconocibles
menguados gracias a una sustancia
alucinógena y de la apremiante
necesidad del arlequín
de mostrar que estos menguados,
aquellos sin virtud reconocible
ni aptitudes para nada, triunfarán
en el futuro a base de vender
esencias intangibles en virtud
de una tropa ignorante que entra
en el juego sin rechistar. Un
artificio teatral válido,
imaginativo, con unos nexos
de unión psicotrópicos
y maravillosos.
De entre las
vanguardias que Els Joglars
critica se ha dejado fuera al
teatro. Era muy difícil
hacer un repaso de todas esas
porciones de nada bien envuelta
que circula en el mundillo,
por eso invito a mucho de los
creadores de teatro actual a
que se pasen a ver este retablo,
porque en él hallaran
una doble lección.
No me gustaría
despedir esta crónica
sin hacer mención al
trabajo de los actores, pero
francamente, no se muy bien
como expresar el buen hacer
de este grupo dotado de inteligencia
interpretativa, perfectamente
conjuntado y capaces de explorar
cualquier recurso que se les
ponga a su alcance. Ellos contribuyen
activamente a que este Retablo
se convierta en una auténtica
Maravilla, logrando que el humo
se vuelva corpóreo, sólido
y de auténtico deleite
colectivo.
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