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Mi debilidad
por el teatro de Els Joglars
es confesa y desde hace algunos
años procuro no perderme
ningún montaje de la
compañía encabezada
por Albert Boadella. Ahora nos
presentan “En Un Lugar
de Manhattan” una obra
que surge por un encargo de
la Comunidad de Madrid, parece
que directamente por su presidenta,
Esperanza Aguirre, cosa que
no deja de sorprenderme aunque
favorablemente. No se si tendrá
que ver con la oposición
de Boadella al proyecto nacionalista
y la implicación de la
izquierda catalana en él.
O con la creación de
esa plataforma junto a otros
intelectuales como Félix
de Azua, Arcadi Espada, etc.,
para protestar por la deriva
nacionalista de Catalunya e
intentar formar un partido político
de corte progresista y no nacionalista.
Pero sean cuales fueren las
razones extra-culturares del
encargo, la elección
de Els Joglars para realizar
un montaje de teatro que conmemore
el IV centenario de la publicación
del Quijote, parece de lo más
acertada desde un punto de vista
meramente artístico:
por una parte porque el último
montaje de la compañía,
El Retablo de las Maravillas,
demostró que la compañía
tiene recursos, perspectiva,
gusto y sentido analógico-crítico
para interpretar a Cervantes
en clave actual, sin que por
ello se pierda en un ápice
la genialidad de su obra. Por
otra parte, está sobradamente
demostrado que Els Joglars es
una de las compañías
más solventes, ingeniosas,
críticas, originales
y depuradas técnica y
artísticamente de nuestro
teatro contemporáneo.
Con este convencimiento
acudí al Teatro Albéniz
de Madrid, sin disimular cierta
emoción por estar ante
un nuevo montaje de Els Joglars
y para disfrutar de este particular
homenaje al Quijote. Un homenaje
que no se resiste a la crítica
del revisionismo de este clásico
de la literatura, lo que le
da a Boadella un nuevo argumento
para cargar contra las vanguardias
que tanto le incitan a la sátira.
En ese aspecto En Un Lugar de
Manhattan, recoge las constantes
del teatro de Els Joglars, no
sólo por su particular
vendetta frente a las expresiones
artísticas rupturistas
e incomprensibles, sino porque
también retoma los puentes
que establecen los clásicos
con la crítica a la realidad
actual o especiales fijaciones
como esa exaltación del
folcklore catalán como
seña de identidad, que
ya fue objeto de sus ironía
en montajes anteriores, especialmente
en "La Increíble
historia del Dr. Floit &
Mr. Pla".
Lo mejor de
la obra es que el ingenio de
Boadella como dramaturgo vuelve
a relucir en escena y el trabajo
de los actores sigue siendo
impecable, porque denota una
preparación meticulosa
en expresión corporal,
voces e interpretación
y porque la compañía
se ha consolidado como un engranaje
de precisión interpretativa,
que aprovecha al máximo
las virtudes de sus componentes.
Ramón Fontserè
vuelve a estar inmenso, Pep
Vila, al igual que en “El
Retablo”, es el escudero
perfecto y las aportaciones
de Xavier Boada, Xavi Sais,
Dolors Tuneu, Jesús Agelet,
Minnie Marx, Francesc Pérez
y Pilar Sánchez son imprescindibles
para este montaje, que quizás
sea el que más vocación
coral tiene de los puestos en
escena por la compañía.
Por contar
algunas pequeñas decepciones
del montaje, quizás está
sea una obra en la que el ritmo
al que nos tiene Els Joglars
se ralentice un poco y en el
que los sketch estén
incluidos con más artificiosidad,
dado que parece predeterminado
que algunos pasajes del Quijote
(La Aventura de los Galeotes,
el yelmo de mambrino, los turcos
y la berbería…)
eran de referencia inevitable
para la Boadella. Algunos de
estos engarces son algo forzados,
otros están hechos con
un ingenio que minimizan la
impresión anterior. También
la escenografía es más
simple y funcional que en otras
ocasiones, pero en cambio hay
una gran labor de vestuario
y una inteligente y visual utilización
de las impresionantes armaduras
que aparecen en la obra.
Dice Boadella
que ya no quedan Quijotes en
España, que esa impronta
soñadora, justiciera
y un poco desvariada se ha borrado
de nuestra esencia en aras de
actitudes más mundanas
y probablemente más mezquinas.
Quizás tenga razón
y este Quijote tan especial,
es una divertida, disparatada
y a la vez lúcida argumentación
de esta afirmación.
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