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MIMOS
PASADOS POR AGUA
Desde hace
bastantes años, creo
que no había cumplido
los 10, en cada ciudad que piso
me encuentro con un mimo. Me
gustan los mimos. Un mimo no
siempre tiene la imagen de payasete
triste de cara blanca, con una
lagrima negra cayendo por su
mejilla o está encerrado
en una caja de cristal inexistente.
Un mimo, para la inmensa mayoría
de la gente, es cualquiera que
se pinta la cara y se para en
medio de una calle ha hacer
teatro “mudo”.
Demos un paso
más, introduzcamos el
movimiento. Un mimo que se mueve.
Un personaje mudo. No exactamente.
Un personaje que no necesita
de la palabra para comunicarse.
Todas las ciudades
tienen mimos, muchos son usados
incluso en anuncios de televisión
(una marca de telefonía
móvil, creo recordar,
ha usado a un famoso “hombre
contra el viento con paraguas”
que pasea por la Puerta del
Sol). El caso es que no hay
nada más triste que ver
a un mimo quitándose
el maquillaje, fumándose
un cigarro o hablando por el
móvil. Pierde la magia
del personaje, la magia del
origen de la mímica,
del (en griego “mimos”)
actor. Por eso el teatro sin
palabras puede llegar a los
escenarios, salir de las plazas
y las calles y convertirse en
espectáculos completos
que, usando solamente sonidos,
y evitando la palabra llenan
el espacio vació de un
escenario.
Esa es la base
de Yllana, una compañía
que compatibiliza la gestión
del Teatro Alfil con la producción
de sus propios montajes teatrales
basados en el gag, la expresión
corporal y la onomatopeya.
En Glub Glub,
con gorro de baño y camiseta
a rayas, los actores se visten
de marineros y se tiran de cabeza
a un océano de sketches:
motivar galeones a latigazos,
hacer surf con tiburones o salvar
tempestades son algunas de las
peripecias a los que se enfrentarán
en un espectáculo bañado
por su ironía característica.
Músicas externas conocidas
por todos y relacionadas (casi
siempre) con el tema que nos
ocupa: Vacaciones en el mar,
el vuelo del moscardón,
tiburón...
Irremediablemente
me acuerdo de la última
que pude ver en el Alfil: Mi
misterio del Interior de Ron
la lá. No se si por la
coincidencia (que ...para que
nos vamos a engañar...)
o por qué razón,
pero cosas como la estructura
de un espectáculo de
humor en sketches no es nada
nuevo, de hecho es habitual,
pero que en la entrada repartieran
bolas de calcetines y confeti
en Glub Glub para liarnos a
“calcetinazos” contra
los pájaros que poblaban
el barco, exactamente igual
que el “Tiro al tuno”
de los antes mencionados, hace
que uno de los dos espectáculos
cojée, y teniendo en
cuenta que es un miembro de
Yllana es quien dirije a los
“roneros”... para
qué decir mucho más.
Sí,
unos hablan , otros sueltan
onomatopeyas, unos cantan, otros
no...pero si una décima
parte (por pequeña que
sea) del montaje calca al que
se exhibió el mes anterior...mosquea.
Independientemente de eso, las
risas estaban garantizadas en
un espectáculo internacional(es
lo que tiene no hablar) y multidisciplinar.
La compañía
cumple 15 años con mas
de 10 montajes propios y colaboraciones
y ejercen también de
distribuidores (actualmente
de Leo Bassi y Javier Veiga
entre otros). Además
producen espectáculos
para todo tipo de publico. De
hecho han tocado hasta el teatro
infantil con Splash y Olimpiaff
y con Yanana, una producción
conjunta con Mayumaná.
Con motivo
de este aniversario la compañía
toma el Alfil con esta obra
y con la ya popular 666 y hasta
mediados de julio se puede disfrutar
de ambos montajes que aseguran
la carcajada paseando por el
agua de Glub Glub y el fuego
del infierno de 666.
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