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Una
obra que lleva cuatro años
en cartel. Más de un
millón de espectadores
la han visto. Todo el mundo
habla maravillas del montaje.
Después me entero de
que dura tres horas y veinte
minutos aproximadamente, si
no se demora más por
la interacción con el
público. Dudo que pueda
aguantar tanto tiempo en la
butaca y entro al teatro Movistar
con todas las reservas.
Al final, como
dice el tópico, el público
siempre tiene razón y
si Hoy No Me Puedo Levantar
ha triunfado es porque uno sale
del teatro colmado de emociones,
extrañamente contento
de haber repasado la banda sonora
de un tiempo y feliz por haber
visto un espectáculo
de música y baile divertido,
colorista, eficaz. Y casi cuatro
horas, sin removerse en el asiento…
Las letras
de las canciones de Mecano dan
para elaborar varios recorridos
dramáticos. El elegido
no es que sea espectacular,
pero es efectivo y permite el
encaje de los temas seleccionados.
Quizás el punto más
débil del espectáculo
sea este, la concepción
dramática del mismo.
La historia está ubicada
en los 80, en los que no sólo
estaba Alaska, Almodóvar
y Kaka de Luxe. Los hermanos
Cano y Ana Torroja también
son participes y protagonistas
de esa época, y me parece
muy bien que se recuerde y se
reivindique. En HNMPL la fábula
de la movida esta presente,
con especial hincapié
en lo cómico, divertido,
desenfadado y de explosión
de libertad durante el primer
acto. Una comicidad estirada
al máximo y que sin embargo,
conjugada con los números
musicales, es digerida de buen
grado por un espectador siempre
a la expectativa del próximo
número. La segunda parte
ya es otro cantar, la parte
amarga de cualquier historia
alegre, con momentos de congoja
dramática de recurso
fácil, pero dramática
de lágrima pelada como
anuncian en la promoción,
aunque siempre hay lugar para
la esperanza y el buen sabor
de boca que al final deja una
época intensa. Como dice
el protagonista de la HNMPL,
“de los ochenta me quedo
con todo”.
Para los que
hemos cumplido la treintena,
asistir a HNMPL es corroborar
que Mecano forma parte de nuestras
vidas y que el pop que hacía
este grupo es de una gran clase,
con decenas de canciones inolvidables.
En este sentido no es que se
descubra a Mecano en el musical,
pero si que ayuda a ubicar al
grupo en el lugar que por su
calidad merece. También
incita a recordar sus grandes
temas y a descubrir su poder
adherente, porque lo cierto
es uno sale uno con ganas de
revisitar las composiciones
de los hermanos Cano.
Pero si hay
algo que hace que todo este
conglomerado funcione es el
aspecto musical del espectáculo.
Es esa idea que exponía
Bjork en “Bailando en
la oscuridad”: en los
musicales nada horrible puede
suceder; pero además
de inocuos, en HNMPL los números
son divertidos, espectaculares,
impactantes, emotivos. Un grupo
de bailarines, y actores, acompañados
por cantantes y una banda en
directo, hace las delicias del
público. Luz, color,
alegría, sentido del
humor y belleza se aúnan
en unos bailes cuyas músicas
y letras tarareamos con facilidad.
Sencillo, pero eficaz y atractivo.
Nada más, nada menos
y si además le añadimos
esa concepción de montaña
rusa de emociones, estamos ante
un musical que en absoluto defrauda
y que poco tiene que envidiar
a sus vecinos de cartelera que,
provenientes de Broadway, se
han instalado en la Gran Vía
madrileña. |




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