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LA NOCHE DEL OSO

Autor: Ignacio del Moral.

Dirección: Ernesto Caballero.

Con Fernando Ramallo, Críspulo Cabezas y Eloi Yebra.

TEATRO ARLEQUÍN

SINOPSIS

Una obra, sobre el difícil proceso del crecimiento. Narra tiempo después y a través de los recuerdos un momento clave en la existencia de tres adolescentes, unas horas en las que todo cambió. Los protagonistas se enfrentan a situaciones crudas, dramáticas, pero que desde sus pocos años viven con la coraza del humor, el desgarro y la camaradería.

LA HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...

Siguiendo la estela argumental de la película Barrio, uno de los colaboradores de Fernando León y coguionista de Los Lunes Al Sol, Ignacio del Moral, ha desarrollado este pieza teatral, aunque según sus propias aclaraciones, el proyecto surge de una obra breve, llamada “Oseznos”, que se representó en el 92, junto a otras.

Sea como fuere, nos encontramos ante una obra protagonizada por adolescentes de diferente estrato social, pero unidos por el barrio y por una acusada y variopinta problemática dentro de sus respectivos senos familiares. Sin rozar la marginalidad estética y económica, del Moral carga en exceso el drama de cada uno de los chavales, hasta el punto de afectar al realismo pretendidamente perseguido. Desde luego hay hallazgos dentro del texto y sentido del humor, aunque éste entre demasiadas veces en conflicto con el dramatismo de situaciones, que bien merecen otro tratamiento distinto a una salida de tono para provocar la carcajada. El aporte de los tres actores al lenguaje utilizado parece fundamental para imprimir frescura y cierta credibilidad a los diálogos, sin embargo en ellos reside el principal problema de la obra.

Eloy Yebra y Críspulo Cabezas se dieron a conocer por sus papeles en Barrio, y después han hecho alguna incursión en el cine. Fernando Ramallo fue el descubrimiento de David Trueba para su Buena Vida, y después ha intervenido en numerosas películas como adolescente en perpetuo conflicto (Carreteras Secundarias, Krampac, El Corazón del Guerrero...). Es decir, son chavales sacados de castings cinematográficos que han dado buenos resultados en el cine, pero que carecen de cualquier formación teatral. Y eso se nota. Sus textos no son interpretados, sino más bien recitados y los recursos actorales con que cuentan se antojan limitados. Se detecta cierto agarrotamiento ante la perspectiva de las tablas y se desvela así un aspecto deficitario en el montaje de la obra que ha optado por aprovechar su tirón como actores conocidos en las pantallas, antes de plantearse un reparto cualificado. Un nuevo y triste ejemplo del poco respeto que la gente del cine y la televisión muestra ante el teatro.

Si el espectador es capaz de olvidarse de estas circunstancias, quizás pueda disfrutar de una obra entretenida, que toca temas espinosos y en ocasiones interesantes, y que no cabe duda, esta bien estructurada y contada. Hay un esfuerzo en hacer un libreto que trasciende de la corriente monologuista y musical que nos asola, y en el que se da paso a otros temas, aunque esten notoriamente manidos por el cine y la televisión., pero aún así, ese esfuerzo de resultados tibios, no hay que dejar de reconocerlo.