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SINOPSIS
Alice y Edward
forman un matrimonio rutinario
y convencional. Llevan juntos
casi cuarenta años. Tienen
un hijo Jaime que viene a visitarlos
y se entera de que el matrimonio
de sus padres va a pique.
LA HEMOS VISTO Y NOS PARECE
QUE…
La Retirada
de Moscú es una obra
que se sostiene sobre un sólido
texto en el que William Nicholson
conjuga experiencias personales
con ágiles reflexiones,
hilvanado todo con un fino sentido
del humor que raya la ironía.
El texto es bueno, los actores
también, con lo cual
la obra además de digerible
es degustada por el público
que es capaz de introducirse
gustoso en una ruptura matrimonial,
que más que nada es la
crónica de un hastío
vital.
El título
de la obra hacer referencia
al libro que lee y relee el
marido de esta historia y que
trata de la retirada de las
tropas napoleónicas tras
el fracaso de la campaña
rusa. En ese episodio histórico
se ilustra el desastre con escenas
dantescas del retiro, se habla
de la vergüenza de la derrota,
se narra el instinto de supervivencia
que hace a los soldados egoístas
y se describe ese frío
en las entrañas que les
acompañará por
siempre. Todos esos paralelismos
están perfectamente trazados
con la narración de la
ruptura entre un hombre que
ha encontrado una relación
mejor y una mujer soñadora
que se resiste a la retirada,
una historia que además,
cuenta con la presencia doliente
de un hijo, un testigo débil
y forzoso del desastre.
Durante hora
y media Nicholson es capaz de
agitar la coctelera de las emociones
con buen pulso. La obra deja
al espectador reír, emocionarse,
pensar, elucubrar y disfrutar
con los diálogos de manera
natural, de apariencia casi
espontánea. Sin que exista
un papel protagónico
claro, el personaje de Alice
(Kiti Manver), es el que transmite
sensaciones más intensas.
Es un personaje que evoluciona,
porque es el que más
sufre. Su apasionamiento, su
capacidad de ilusión,
esa cierta ingenuidad cercana
a la enajenación, le
convierte en un personaje frágil,
quebradizo, pero que precisamente
sorprende por su evolución
y la extraña templanza
que va adquiriendo. También
se da la circunstancia de que
el personaje es defendido por
esa excelente actriz llamada
Kiti Manver, que siempre es
una grata caja de sorpresas
de recursos interpretativos,
sin confeti, pero con raudales
de talento.
William Nicholson,
que es un escritor de éxito
para cine (Tierras de Penumbras,
Gladiador…), nos propone
un teatro basado en el texto,
en el desarrollo de una trama,
en unos diálogos trabajados
con habilidad y buen oficio.
Aunque estas premisas parezcan
una obviedad, es grato encontrarse
con una obra contemporánea
que las sigue, las respeta y
sabe sacarles jugo. Nacho Artime
y Luis Olmos, lo han sabido
ver y nos proponen una versión
interesante, atractiva y en
ocasiones, vibrante.
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