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LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Recuerdo una
columna de Carlos Boyero, de
hace ya algunos años,
titulada “Grita, Gordo,
Bufón”. Hacía
referencia a la aparición
de Javier Gurruchaga en un programa
de televisión, creo que
de Mercedes Milá cuando
ejercía de periodista
seria, en el que el showman,
actor y cantante denunciaba
la presión que él
y mucha gente como él
recibía del entorno etarra
en Euskadi. Boyero, incisivo
y con su habitual cinismo irónico,
condensaba en ese magnífico
titular tamaño arranque
de libertad de expresión
del showman, que para muchos
se desvirtuaría al contextualizarlo
en el particular perfil del
personaje que la protagonizó,
pero que en definitiva constituía
un emotivo e intenso alarde
de sinceridad y valentía
a la hora de expresar lo que
Gurruchaga y muchos más
sentían en ese momento,
pero que sólo él
se decidió a expresar
con contundencia.
Me vino a la
cabeza el titular de Boyero
cuando asistí al final
de La Revelación a un
improvisado ritual laico en
la plaza contigua al Teatro
Alfil, contemplando de cerca
a este otro “gordo bufón”
que es Leo Bassi. Allí,
pintado, medio desnudo, con
un frío de pelotas, el
bufón seguía con
su función, la de un
convencido predicador laico
cuya meta es abrir los ojos
a sus parroquianos frente a
los sinsentidos de todas las
religiones. Y el discurso puede
ser más o menos maniqueo,
puede que a muchos les parezca
inmoral que a otros, una retahíla
de obviedades sobre las absurdas
historias de los textos sagrados
y la inquina de los jerarcas
religiosos, o que haya muchos
espectadores que disfruten con
una exposición tan incisiva
de los hechos, pero lo que nadie
puede negar es que el bufón
ha dejado de lado la peor censura
que existe, la que uno se impone
a sí mismo. Y eso, no
merece mas que respeto y, según
está el patio, mucha
admiración.
La cruzada
de Bassi es conocida. Su trayectoria
teatral, sus actos multitudinarios
y reivindicativos e incluso
sus apariciones televisivas
muestran el perfil de un cómico
comprometido, que busca divertir
pero también denunciar
y reparar injusticias. A pesar
de contradicciones como intentar
boicotear esa escoria de concurso
que es Gran Hermano y a la vez
entrar en el juego de otro lamentable
y nocivo producto televisivo
como fue Crónicas Marcianas,
Bassi ha hecho en cada momento
lo que ha querido y donde ha
querido. Nunca ha reparado en
usar su voz, sus habilidades
como actor, sus dotes como malabarista,
su sentido trasgresor y su imaginación
para montar sus espectáculos.
Con La Revelación lo
ha vuelto a hacer, por lo que
el teatro y el ejercicio de
la libertad de expresión
están de enhorabuena.
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