|
SINOPSIS
La metamorfosis
de Franz Kafka supone para La
Fura dels Baus y Javier Daulte
un inmejorable punto de partida
para explorar las angustias
del hombre urbano del siglo
XXI.
LA HEMOS VISTO
Y NOS PARECE QUE...
De nuevo,
una vez más, me encuentro
acudiendo a presenciar la última
propuesta artística de
La Fura Dels Baus (esta vez
en el Teatro María Guerrero,
de Madrid) y... si ya hablar
de los montajes que son experiencias
propias de ellos me ha resultado
siempre complicado... comentar
los espectáculos que
no tienen origen en una idea
que haya surgido directa e inicialmente
de las entrañas de este
colectivo me supone de verdad
un arduo ejercicio de funambulismo.
Quiero decir que —aunque
tengo más o menos asimilado
el concepto de esta organización
delictiva dentro del panorama
actual del arte, por haber “estudiado”
y asistido a casi todos sus
montajes— si la génesis
de la representación
parte de un texto ya escrito,
en esta ocasión se trata
de “La Metamorfosis”
de Kafka, la combinación
de parámetros teatrales
más habituales y los
elementos novedosos que ellos
siempre aportan hacen que tenga
que estar replanteándome
el sentido del equilibrio de
manera casi constante. Creo
que ir al teatro, sentarme a
ver una obra montada por La
Fura Dels Baus es un vertiginoso
“paseo” por esa
cuerda floja que ellos tienden
entre el concepto clásico
de teatro y los nuevos territorios
escénicos que tanto les
apasiona descubrirnos y que
a mí me fascinan. Digo
esto porque cuando estrenaron
“Faust 3.0.”, basado
en “Fausto” de Goethe,
y posteriormente —aunque
de una manera menos ”traumática”—
cuando vi “XXX”
(versión libre de “La
Filosofía En El Tocador”,
de Sade) ya experimenté
aquél vértigo
y todavía hoy recuerdo
la poderosa sensación
de ir a caer en el vacío
al siguiente paso.
Bueno... Ya
hace tiempo de eso y poco a
poco he logrado controlar ese
temor. No es que no me cause
ninguna impresión tener
que andar de esa manera, pero
es verdad que no me preocupo
demasiado... ahora siempre me
preparo algún arnés
de seguridad. Ahora bien, es
verdad que aunque también
tenía la red debajo,
en esta última obra —“Metamorfosis”—
la percepción de esa
inestabilidad no ha sido tan
acentuada, y no porque ya no
me vayan a pillar por sorpresa
(que algo de eso puede haber),
sino porque creo que en la adaptación
del mítico libro de Kafka
han hecho más hincapié
en la idea de que lo que le
acontece al protagonista, y
las repercusiones que tiene
para los demás personajes,
es algo que puede llegar a ser
tan cotidiano (con todo lo que
de terrible tiene que eso se
pudiera aceptar así...
sin apenas inquietarnos) que
en la espectacularidad que tendría
semejante hecho y el estupor
que debería causar. Y
tan bien lo han sabido plantear
y desarrollar, tan cercano nos
lo han presentado que yo en
todo momento me noté
seguro. Ahí reside el
principal mérito de la
puesta en escena de este singular
texto: en que, de una forma
verdaderamente sutil, la representación
de la metamorfosis que sufre
el personaje principal pasa
a convertirse en algo que asimilamos
rápidamente, a pesar
de que tanto emocional —como
visualmente— debería
dejarnos impactados de por vida.
Esa es la esencia del libro
de Kafka y que La Fura Dels
Baus ha sabido captar con toda
la mezcla de miserabilidad,
incredulidad, angustia y resignación
que genera el episodio del que
arranca “la Metamorfosis”.
Evidentemente
para conseguir esta sensación
de manera tan acertada, los
personajes que pueblan y recorren
la escena están perfectamente
definidos (son fácilmente
reconocibles por todos en nuestro
entorno) y sus impulsos completamente
subordinados a lo que se considera
llevar una vida normal y sin
sobresaltos. Pero nada de esto
nos llegaría así
de forma tan rotunda de no ser
—y no podía ser
de otra forma— porque
el reparto realiza un trabajo
verdaderamente fantástico
al lograr imprimir a cada una
de sus reacciones toda la cotidianeidad
que implica esa vida monótona.
Realmente admirable el trabajo
de los actores y, claro está,
la dirección artística
así como la dirección
escénica y dramaturgia.
Sé que
no diré nada nuevo, pero
tengo que hacerlo porque si
no sería injusto, si
digo que en nada desmerece todo
el diseño de iluminación
y escenografía que acompaña
a esta labor actoral. Nada como
un estudio, casi de carácter
anatómico-forense, de
las pulsiones y los movimientos
de los personajes —y la
tensión dramática
de cada instante— para
poder dar verdadero sentido
a los elementos que aparecen
y desaparecen del escenario
y lograr la intensidad justa
que requiere cada acción.
Y cuando hablo de elementos
no me refiero solamente a los
tangibles (mobiliario, el cubo,
los focos, etc) me refiero,
y mucho, a otros inmateriales
como al uso tan acertado de
las proyecciones de imágenes,
al juego de perspectivas, a
la intensidad de las luces y
a los colores que inundan o
de pronto desaparecen. Y por
encima de cualquier detalle
de todos esos elementos destacaría
el mérito que tiene haber
logrado mantener ese desasosiego
soterrado sin llegar a perder,
salvo en los momentos concretos
en que la desesperación
estalla, la apariencia de normalidad
que impregna toda la obra. No
hay ningún elemento,
si exceptuamos —ocasionalmente—
el habitáculo donde se
produce la espantosa mutación,
que acapare nuestra atención
por encima de el drama que se
está desarrollando, y
esto a mi juicio es algo realmente
digno de admiración,
pues se podría haber
caído fácilmente
en la tentación de incluir
propuestas impactantes para
realzar toda la fuerza visual
que tendría una metamorfosis
de este tipo en un ser humano.
La Fura Dels Baus, demostrando
(nuevamente) una de las capacidades
escénicas más
auténticas que tiene
en toda su trayectoria, consigue
de manera sencilla pero con
gran fuerza estética,
hacernos ver tal cambio sin
caer en el recurso del efectismo
inmediato.
En cuanto al
“tempo” de la obra
también hay que reconocer
que ha sido llevado con un pulso
maestro. Mientras que en otras
propuestas, no sólo de
ellos mismos, se tiende con
cierta frecuencia (sea esta
ya de forma premeditada o no)
a romper bruscamente el ritmo
para generar una sensación
de incertidumbre, y así
captar a toda costa la atención
del espectador, en “Metamorfosis”
todo el tiempo transcurre bien
pautado. Nada se acelera o se
ralentiza para así mantener
al espectador en tensión
porque sí, no. En esta
propuesta la intensidad se consigue
de manera uniforme, lo que no
quiere decir que no sea creciente,
porque la tensión no
se genera en nada ajeno a la
obra... está en la misma
esencia de la representación,
nace con ella, crece con ella...
porque con esta versión
de Kafka, como bien señala
la propia Fura Dels Baus, se
comprueba que ya no son necesarios
grandes motivos para una transformación
tan brutal, que la angustia
que cada día envuelve
más y más al ser
humano en la sociedad puede
ser suficiente para convertirnos
en algo espeluznante. Y las
proyecciones de determinados
temores, la mezcla de imágenes
grabadas con la acción
que transcurre en ese preciso
instante en el escenario...
pero con diferentes perspectivas
y en diferentes intervalos de
tiempo, el habitáculo
que ofrece como diferentes puntos
de fuga (pero que a la vez es
una celda sin horizonte), los
personajes que viven durante
unos instantes el tiempo real
de los espectadores... para
luego desaparecer y reaparecer
en el tiempo de la representación
que nos resulta ajeno pero que
no lo es... todos esos juegos
escénicos, todos esos
recursos dosificados con exquisitez
logran a la perfección
que la tensión sea la
propia del drama, que nada resulte
extraño a pesar de estar
ocurriendo una situación
de lo más desconcertante.
De ahí justamente nace
la tensión.
En definitiva
un espectáculo de gran
factura artística en
el que La Fura Dels Baus parece
haberse metamorfoseado de forma
sorprendente ante nuestros ojos,
como el protagonista de esta
obra... que sin dejar de resultarnos
algo ajeno a nosotros nuestra
intuición animal nos
susurra que se trata de él...
de ellos mismos. Este colectivo
artístico demuestra,
otra vez más, ser un
valor firme y con mucho vigor
en el panorama de las artes
escénicas... a pesar
de todos los años que
llevan recorriendo y creando
escenarios, o precisamente por
ello... porque siempre logran
dar una vuelta más de
tuerca, porque aportan elementos
que desarrollan otras formas
de interpretación, descubren
que los límites del hecho
teatral pueden llegar más
allá y nos empujan (no
sólo físicamente,
como hacen en muchas ocasiones)
a reconsiderar la óptica
del ser humano, y la visión
que tenemos de nosotros, en
todas y cada una de las representaciones
que se realizan del mismo.
|







|