|
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
El Centro Dramático
Nacional nos ofrece esta nueva
adaptación del clásico
de Chejov, con todos los ingredientes
de calidad que debe tener un
buen montaje. Lo primero que
sorprende al espectador, nada
más acceder al Teatro
María Guerrero, es la
escenografía propuesta.
Se trata de una minuciosa recreación
de una gran casa colonial con
la selva de fondo, en la que
aparecen unos enormes árboles
al fondo reproducidos con una
verisimilitud impactante. La
luz, el atrezzo, la disposición
del espacio escénico
nos ponen sobre aviso del mimo
con el que Carles Alfaro se
ha tomado esta nueva representación
de Tío Vania, que ya
llevaran a nuestros escenarios
directores tan prestigioso como
William Layton en 1978 o Miguel
Narros en el 2002, por citar
algunos.
Pero la riqueza
de este nuevo montaje no reside
en su espléndido envoltorio,
sino en el trabajo de los actores
con el magnífico texto
del dramaturgo ruso. Tío
Vania es un clásico porque
los conflictos de sus personajes
son atemporales, filosóficos,
irresolutos, universales. El
dolor del Tío Vania cuando
en su madurez echa la vista
atrás y descubre la futilidad
de su vida, el cinismo con que
el doctor afronta esa sensación
similar azuzada por la lucidez,
el drama de Sonia por no conseguir
el amor correspondido y el refugio
en el trabajo de estos personajes
incapaces de reaccionar ante
su desdicha, son conflictos
sempiternos e identificables.
La virtud de Chejov es saber
transmitirlos con naturalidad,
bajo la apariencia de una simple
escena costumbrista, que obviamente
encierra mucho más de
lo que parece.
Los textos
de Chejov fueron abrazados por
los seguidores del célebre
“método”
de Stanislavsky, ya que el dramaturgo
ruso dibuja a sus personajes
con gran profundidad emocional
que el actor debe explorar y
sacar a relucir ante el público.
No sé si gracias al “Metódo”
o a otras técnicas, al
menos igual de respetables que
las seguidas por Brando, Newman
y compañía, los
actores de Tío Vania
cumplen con creces con su cometido.
El reparto a priori es fantástico,
la mayoría son actores
y actrices de reconocido prestigio
y probada solvencia, y todos
ofrecen al espectador un trabajo
célebre en sus interpretaciones.
Francesc Orella
y Enric Benavent, por cierto
ambos presentes también
en el montaje más celebrado
el año pasado en el Centro
Dramático Nacional, El
Enemigo del Pueblo, están
soberbios en sus complejos papeles
del cínico doctor y el
atribulado Vania. La seductora
Enma Suárez está
fantástica en su papel
de joven esposa del viejo profesor
y además brilla en momentos
como en el monólogo en
el que parece descubrir con
sobrevenida desesperación
la abulia de su personaje. También
están sobrios en sus
papeles Malena Alterio, la veterana
Sonsoles Benedicto, el siempre
eficaz Emilio Gavira, el profesor,
Víctor Valeverde y al
querida Maria Asquerino en un
papel pequeñito.
Tío
Vania es teatro en estado puro.
Una frase que hecha que aquí
cobra sentido en cuanto el drama
humano se materializa sobre
las tablas con una visión
artística. Para no perdérsela.
|



|