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SINOPSIS
Dionisio llega
a un hotel de una pequeña
ciudad, la noche antes de su
boda. Es recibido por el dueño
del establecimiento, Don Rosario,
que intenta hacer lo posible
por que la estancia de Dionisio
sea placentera y tranquila.
Pero la tranquilidad se ve truncada
cuando al hotel llega una compañía
de variedades que interrumpe
la plácida víspera
de boda del Dionisio.
LA HEMOS VISTO Y NOS PARECE
QUE…
Mihura hizo
una obra mirando a la gente,
para que se divirtiera, para
que disfrutara con una historia
diferente en aquella época.
Pero la gente de 1932 no lo
entendió y tuvieron que
pasar muchos años y el
empeño de un joven director,
Gustavo Pérez Puig, para
que se estrenara en Madrid.
La gente seguía sin entenderlo
mucho en ese estreno de 1952
y en provincias decían
incluso que era una obra inmoral,
pero Tres Sombreros de Copa
se convirtió, a pesar
de lo complejo de su época,
en una gran y laureada obra.
Y eso ocurrió porque
destilaba un humor blanco, universal,
encerrado dentro de una texto
que sigue con un ritmo admirable
el viejo axioma de planteamiento,
nudo y desenlace. Porque su
trama es trepidante, porque
hay un humor en cada frase,
pero también ternura
y una inteligentísima
crítica social espolvoreada
en sus diálogos.
En el centenario
de Mihura, el ya no tan joven
director Gustavo Pérez
Puig, vuelve a poner en marcha
el montaje con ilusión,
con una producción digna
y con un escrupuloso respeto
al texto del autor. Nos propone
así dos horas de teatro
moderno, divertido y ejecutado
con la delicadeza del artesano.
Los actores son un prodigio
de dicción y como decía
Pérez Puig no es necesario
venir más que una vez
a verla, se les entiende perfectamente,
pero es que también tienen
sentido escénico, dotes
cómicas y el punto de
ternura, ingenuidad y absurdo
que exige el libreto. Cipriano
Lodosa está grande, muy
grande en el papel de Dionisio,
Ángeles Martín
es ya un activo infalible en
cualquier obra y secundarios
de lujo como Miguel de Grandy,
inconmensurable como Don Rosario
o Jose Luis Coll, hacen de estas
dos horas una exhibición
de buen teatro.
Aunque a Mihura
le costara reconocerlo, dio
un primer paso hacia el teatro
de lo absurdo, un paso que luego
consolidaría Ionesco
con su Cantante Calva, pero
cuyo germen se encuentra en
estos Tres Sombreros de Copa.
Mihura, formaba junto con el
gran Jardiel Poncela y a Tono,
Nedville ya otros colaboradores
de La Codorniz, una generación
que revolucionó el humor
y que hizo de él una
forma de vida. El humor de Mihura
puede ser revisado medio siglo
después sin problemas,
porque se ha convertido en clásico
gracias a que sin excesivas
referencias temporales, y mucho
menos personales, es capaz de
abordar los grandes conflictos
humanos de manera original e
hilarante. Por eso es justo
que se le recuerde todos los
años y aún más
en su centenario; Tres Sombreros
de Copa es su primera, y para
muchos, su mejor obra; el montaje
que produce y dirige Pérez
Puig, es probablemente el mejor
de los posibles, con lo que
estamos de enhorabuena ante
un homenaje perfecto para un
dramaturgo de gran merito.
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