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SINOPSIS
Mansión
de Mandacrest, en la campiña
inglesa, a finales del siglo
XIX.
Lord Edgar,
un eminente egiptólogo,
tras la muerte en extrañas
circunstancias de su primera
esposa, Ira Vamp, se ha vuelto
a casar en segundas núpcias
con la actriz de teatro londinense,
lady Margaret.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Si alguien
te dice que vas a ver una obra
en la que actúan Josema
Yuste y Florentino Fernández,
te da muchos datos. Sabes que
vas a ver una comedia, que repetirán
los tics que tanta gloria les
han proporcionado en la pequeña
pantalla y que probablemente,
te reirás. Eso ocurre
en esta Una Pareja de Miedo,
una obra al servicio de la comicidad
poco cuestionable de estos dos
animales televisivos, colegas
del humor.
La obra es
una versión de la comedia
de Charles Ludlam, que a la
vez es una especie de parodia
de Rebeca, con su mansión
MandaCrest, su tétrica
ama de llaves, Grátula
y en definitiva con muchos de
los elementos argumentales de
la magistral película
de Hitchcook. La versión
es cosa de amiguetes, y nunca
mejor dicho porque en los créditos
figura, además de Florentino,
Josema, Pedro Febrero y Alberto
Papa-Fragomén, el ínclito
Santiago Segura. Todos ellos
firman un libreto en español
salpicado de humor grueso y
gags a base de exprimir giros
lingüísticos y juegos
de palabras.
La producción
es inmejorable: buenos decorados,
iluminación al servicio
de los efectos especiales y
un buen sonido. Pero sobre el
escenario el protagonismo es
para los dos cómicos
que hacen un intenso trabajo
de desdoblamiento de personajes
sin perder la concentración.
Josema parece atesorar más
tablas y cuando logra contener
su vena “Martes y Trece”,
nos regala momentos de comicidad
a base de elementos de interpretación
como la expresión corporal
y una facilidad pasmosa para
imitar acentos de la Europa
del este. Florentino parece
tener algunas dificultades más,
pero aún así realiza
con solvencia un trabajo caracterizado
por el desdoblamiento, ya que
da vida hasta a cuatro personajes
de ambos sexos.
Una Pareja
de Miedo sólo parece
perseguir una objetivo: hacer
pasar un buen rato al espectador,
y lo consigue. Que nadie busque
nada más, sólo
un espectáculo digno,
bien dirigido por Jaime Azpilicueta
y que en una hora y media escasa,
consigue arrancar al espectador
algunas carcajadas.
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