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XXX
Versión libre de La Filosofía en el tocador del Marqués de Sade

Dirección: Àlex Ollé y Carlos Padrissa (La Fura dels Baus) Dramaturgia: Mercedes Abad, Àlex Ollé, Carlos Padrissa y Valentina Carrasco.

MADAME Teresa Vallejo
GIOVANNI Pau Gómez
EUGÉNIE Sonia Segura
DOLMANCÉ Pedro Gutiérrez

TEATRO DE MADRID

A partir de la obra “La Filosofía en el Tocador” de El Marqués de Sade, la Fura se adentra en el espinoso mundo del sexo, que han abordado de manera frontal y arriesgada. Sin renunciar a su propia visión, eso que ya se denomina el “estilo furero”, en XXX la Fura se convierte en una factoría al servicio del mundo del sexo, rescatando como hilo conductor la iniciación sexual de la joven Eugenia. La obra traslada la acción al momento actual y Eugenia, una joven aspirante a actriz, se presenta a un casting para una empresa de pornografía. La prueba se convierte en una auténtico rito iniciatico de tintes masoquistas (sado, por supuesto), siguiendo aquella máxima del Marqués de que para llegar a la auténtica liberación sexual, hay que pasar por la humillación, un instrumento fundamental de inhibición.

Y la obra es explícitamente el desgrane de ese proceso, con escenas de alto voltaje sexual, influenciada por la estética del porno, agitada en esa peculiar coctelera en la que incluyen trapecios, imágenes de vídeo, unas dosis de cybersexo, artilugios varios de la factoría furera y mucho descaro interpretativo.

A decir verdad, la obra es francamente impactante, no sólo por la exposición descarnada del sexo, o si queréis, por el hecho de que tenga mucho de porno, sino por la crudeza de ciertas escenas, por el impacto visual de otras, y por lo abrumador de la obsesión sexual. Y el análisis de ese impacto es complicado porque trasciende del juicio basado en los índices de liberación sexual personal hacia una realidad visual y sensorial novedosa. Dentro del componente moralizante, que en un sentido contiene la obra de Sade, XXX ha explorado su vigencia y su puesta en escena en la sociedad actual, donde parece haberse alcanzado altas cotas de aceptación de la complejidad sexual, por lo menos en su expresión audiovisual y artística. Sin embargo la Fura ha perseguido la ruptura, hacer un espectáculo sexual que puede sorprender y porque no decirlo, escandalizar. Lo que pasa es que no han perseguido un escándalo puramente visual, sino en forma de interrogantes que lanzan al público sobre su propia sexualidad, y esa actitud mesiánica, terapéutica y tremendamente directa, provoca una violencia en el espectador absolutamente innecesaria. El hecho de declarar públicamente las tendencias, los gustos sexuales, las fantasías eróticas y mucho menos la incitación a ponerlas en práctica en un teatro, nunca debe ser forzado y provocado en un contexto como el de XXX, donde los actores son profesionales que han aceptado un reto difícil, que el público quiere ver y participar en un grado testimonial. Pero el hecho de que saquen de manera casi forzada a alguien de la grada, sea un gancho o no, para animarle a ser protagonista de un felación, que queréis que os diga, me parece violento y no creo que aporte demasiado, ni a la historia, ni al espectáculo en si. Es una tendencia que ha adoptado el teatro contemporáneo, quizás con un fin de crear un verdadero acto comunicativo pleno, en el que exista la respuesta del público ante los mensajes que se transmiten desde el escenario, pero una vez más esa respuesta es coercitiva y manipulada al antojo de los que fuerzan esa “participación”.

Independientemente del mal rato de la “toma de contacto con el público” (por cierto, ni se me pidió participar, ni lo hubiera hecho aunque se me pidiera), al final me quedé con ese regusto de escandalillo y sensaciones cercanas a las que puede producir una película de John Waters, sobre todo después de contemplar un final sobrecogedor y digno de cualquier film del citado provocador.