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CLANDESTINIDAD

 

Pasamos a la clandestinidad: épocas oscurantistas nos meten en los sótanos, en las catacumbas, en las cloacas. Pasaremos de la atmósfera gris que nos envuelve al humo negro más denso, a la negrura de las dictaduras. En ello están. En el retroceso: lo retrógrado de la vida.

Nada sucede por casualidad ni porque llevemos tatuado el destino en la frente. Lo andábamos buscando. El obrero aspira a ser jefe que domina a los obreros: el jefe a apretar las clavijas de las cuentas corrientes, a pisar duro en el cuello de los obreros. Pero no nos engañemos: nadie desea ser obrero hoy en día. Da vergüenza. El mundo de las apariencias. El del quiero y no puedo. Embadurnarse la cara con cosméticos de “Todo a 1 euro”. Salir a la calle con el maquillaje de la democracia. Como si existiera.

Votar al PP significa desear un dictador. Alguien a quien admirar y odiar a partes iguales. Habrá quien sólo admire el estilo barriobajero de su líder. ¿Lo utilizará para atraer al populacho? O quizá, es lo más probable, su naturaleza le ha dotado de una mala sangre corrompida que gana en espesura y malas artes a su maestro: a su Franco.

Cada pueblo tiene lo que merece. Lo he oído muchas veces. Y me niego a pensar que existen verdades como esa. Pasaré a la clandestinidad. Ya he estado en ella, no he dejado de estar en ella. Pero algunos, puede que más jóvenes o más ingenuos, tendrán que acostumbrarse: torear a las autoridades con la capa mágica que nos haga invisibles. Porque quien crea en “derechos” se engañará; quién piense que, aquí, en España, existen “libertades”, será un tonto de capirote: ni siquiera tenemos la libertad de comprar lo necesario.

Clandestinamente nos expresamos delante de cuatro amigos: ni uno más. Y bebemos a escondidas y fumamos a escondidas (incluso el tabaco del Estado). Clandestinamente anotaremos los teléfonos en nuestras agendas o nuestros móviles: en clave enrevesada que no recordaremos nosotros pero sí descifrará la policía si caen en sus manos. Clandestinamente utilizaremos el doble sentido en las conversaciones telefónicas. La era del control: la tecnología al servicio del espía, del gobierno, del poder.

El primer paso: utilizar un “Alias” que no nos servirá para escondernos, pero que garantiza la tranquilidad de no usar nuestro DNI. Y además, es tan poéticamente romántico. Clandestinamente seré, a partir de este momento, el número pi: TRES CATORCE DIECISÉIS. Vosotros, los que aspiréis a ser clandestinos, ir buscando un nuevo nombre. Llegan tiempos de persecución y maltrato. De mentiras absolutistas impuestas. De pensamiento plano. De golpes de pecho ante los altares… de hipocresía… De.

 

 

Isabel Morales Trillo

“TRES CATORCE DIECISÉIS”