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En una esquinita
de uno de esos periódicos
que reparten gratis en el metro
apareció publicada hace
ya bastantes días la
siguiente noticia:
“ Paseo
por el ‘suelo oculto’
de la capital
El colectivo
de artistas situacionistas La
Felguera organiza esta noche
una acción poética
en forma de «deriva por
el subsuelo oculto de Madrid».Advierten
de que hay una «alta probabilidad»
de perderse, pero animan a los
interesados a descubrir «otra
ciudad posible» y participar
en esta «exploración
de las catacumbas ».La
cita es a las 23.00 h en dos
puntos de Madrid Centro: Lavapiés,
15 y Olmo, 8. Habrá dos
puertas y se debe pulsar una
clave para acceder al interior:
3578.”
Esa noche puñados
de gente pululaban desorientados
por las calles de Lavapiés
buscando puertas secretas. Algunos
habían leído en
el periódico, al ir al
curro, soñolientos, que
el subsuelo de Madrid se abriría
a las 23 h para ellos. Muchos
anhelan la anunciada posibilidad
de perderse para siempre y olvidarse
así de jefes, hipotecas,
atascos, apreturas en el metro
y viejas reclamando su asiento
en el circular. Otros simplemente
pasaban por allí.
La ingenuidad
de los que apretaban el código
de acceso que se facilitaba
en el periódico o gritaban
“ábrete sésamo”
sólo fue superada por
la de la policía, que
tomó las calles y se
presentó puntual a la
cita con sus achiperres de espeleólogo.
Una chica
hizo la siguiente lectura del
asunto: "¿Pensabais
que esto iba en serio? Nos han
tomado por gilipollas".
Otras lecturas
posibles: los “convocantes”
consiguieron sacar a la calle
a un grupo de gente que iba
buscando cosas imposibles (¿
catacumbas bajo los bloques,
entre los túneles y las
obras? ¿ como en “La
Torre de los siete jorobados”,
la extraña película
de Edgar Neville?). La multitud
especuló sobre si los
verdaderos "situacionistas"
eran los policías, que
en realidad iban disfrazados,
la gente se rió, hablaron
unos con otros…, muchos
se conocían de vista,
a otros les sirvió para
decir, hey, somos vecinos y
casi todos terminaron de cañas
por los bares de los alrededores...
En las dos
puertas había pegado
un pequeño cartel, que,
resumiendo, venía a decir:
“Habéis acudido
a nuestra convocatoria con la
esperanza de que algo maravilloso
iba a ocurrir. No esperéis
a que ese algo maravilloso os
lo den hecho, creadlo vosotros.”
A mi me encantó.
Todo el mundo
quiere jugar, como cuando éramos
pequeños, pero se nos
ha olvidado cómo.
¡Hagan juego, señores!
Esto es uno
de los comentarios que hay en
la página de los “situacionistas”
estos:
“La
ciudad como campo de batalla
es el resultado de la suma de
fuerzas del capitalismo y la
posmodernidad triunfante. Diariamente
somete a sus habitantes a miles
de señales que invitan
a la derrota en el intento por
construir la poesía.
Bajo esta sinergia y esta forma
de dominación cualquier
forma de vida se convierte en
simulacro y espectáculo.
No habrá revolución
ni posibilidad de emancipación
y/o construcción de un
proyecto opositor sin que destruyamos
la ciudad.”
Y esta
es su página, por
si alguien tiene curiosidad,
aunque es bastante “espesa”.
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