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Así
se dirigió el músico
uruguayo Jorge Drexler a quien
quiso leerlo o escucharlo, luego
de enterarse que no cantaría
su canción “Al
otro lado del río”,
nominada como mejor canción
original e integrante de la
banda sonora de la película
Diario de Motocicleta, dirigida
por el brasileño Walter
Salles.
“Mi canción
“Al otro lado del río”
escrita por encargo de Walter
Salles para la película
“Diarios de motocicleta”,
ha sido nominada para la 77ª
edición de los premios
Oscar de la Academia en la categoría
“Mejor canción
original”. Como saben,
ésta es la primera vez
que se nomina una canción
en castellano a estos premios.
Me hubiera
gustado cantar yo mismo mi canción,
o al menos que la producción
de la gala de los Oscar me consultara
acerca de cómo presentarla
en vivo, cosa que nunca ocurrió.
Tampoco se han puesto jamás
en contacto conmigo para comunicarme
sus decisiones.
Quisiera destacar
que Antonio Banderas, el intérprete
elegido finalmente por la producción,
ha mostrado una gran elegancia
en esta incómoda situación,
manifestando su disposición
para que las cosas se desarrollen
con el respeto y la consideración
que la canción, la película
y su equipo realizador merecen.
Puede que
para los productores de la ceremonia
de los Oscar una canción
no sea más que una oportunidad
para lograr un índice
de audiencia determinado, pero
a mi modo de ver, una canción
es antes que nada un hecho artístico
y debería haber sido
tratada como tal.
No responsabilizo
de esta situación a la
Academia de los Oscar. Es más,
cuando nominó mi canción,
lo hizo a partir de una voz
y un sonido determinados que
no se verán representados
en la ceremonia. Son los productores
del show quienes tienen una
visión reduccionista
de lo que es un artista latino,
tratándonos como un grupo
homogéneo de piezas intercambiables,
en el que el único criterio
válido es el índice
de audiencia.
Estoy muy
contento con mi nominación
y no voy a renunciar a esta
alegría por mis diferencias
de criterio artístico
con la producción de
un programa masivo de televisión.
Así mismo, me gustaría
pensar que esta circunstancia
puede impulsar un debate cultural
acerca de qué significa
ser un artista latino, al margen
de guetos, estereotipos y preconceptos.
También
soy consciente de la importancia
de que se cante por primera
vez en la historia de estos
premios una canción en
español, justo en un
momento en que este idioma está
en plena expansión.
No nos van
a aguar la fiesta.
Jorge Drexler,
Los Angeles, 24 de febrero del
2005.
Parece que
aún en el Siglo XXI los
prejuicios y la necesidad de
brindar un espectáculo
“vendible” a nivel
mundial puede más que
el derecho de un artista a disfrutar
de la oportunidad de presentar
su obra ante un público
numeroso e importante en una
ceremonia que se ve en todos
los rincones del mundo.
En Uruguay,
la alegría y orgullo
de la nominación inicial
dio paso a una profunda disconformidad
por no entender las razones
de los productores de la ceremonia,
que pretendían que fuera
Enrique Iglesias quien estuviera
en el escenario. Un intérprete
que transita por una línea
totalmente diferente a la de
Drexler. Finalmente, se logró
que fuera Antonio Banderas quien
esté en el escenario
cantando la bellísima
canción.
La pregunta
es con qué autoridad
moral los organizadores de la
ceremonia entienden que un autor
no es lo más idóneo
para interpretar su propia canción?
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