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HASTA EL MOÑO

24 de marzo de 2004

Malditas palabras: Terrorismo: Muralla: Frontera: Atentado: Ejecución: Víctima…
Y más y más y más…

Maldita historia cíclica. Malditos los que no leen la historia. Los que la leen y la repiten o la interpretan en su beneficio. Los que venden masacres. Los que venden la muerte ajena. Los que lloran sólo por la propia.

Maldita migraña social, socialmente inhumana.

Hasta el moño. Y podría decir hasta las tetas, pero el moño está más alto.

Maldita Torre de Babel, Muro de las lamentaciones, cúpulas doradas, plaza de San Pedro.
Y mientras, hay quienes, como yo, no entendemos nada. El hilo de pesca se nos enreda entre los pies y a un tiempo nos oprime la boca. Censura y autocensura: un cerco que se nos cierra. Y mientras… Locos universales suben escaleras de sangre y de poder. Qué les importa, si chorrean las suelas de sus botas cuando el empeine reluce. Qué les importa si previamente otros les limpian la propia caspa de sus impecables trajes de marca.

Siento que una locura colectiva nos envuelve.

Conmoción por unos muertos cercanos, los de tu ciudad. Pero hay ciudades y pueblos y aldeas que reciben asesinados cada día con la impotencia llenándoles los bolsillos. “Siempre pierden los mismos” dice la generación de Los niños de la guerra. Pierden los oficinistas y trabajadores de Nueva York por la avaricia de Bush, y de los petroleros, y de los fabricantes de armas (hay que darles salida). Pierden los obreros, estudiantes, emigrantes de Madrid por el ansia de grandeza de Aznar y su hipocresía. Pierden los judíos de las calles de Jerusalén por el nazismo exterminador del gobierno israelí con Sharon a la cabeza arrasando con tanques campos de refugiados como campos de concentración. Pierde el pueblo palestino su tierra y su dignidad con palabras de venganza por las directrices de un Yassin ejecutado sin juicio…

Oriente Medio hoy es el ojo del huracán que nos engulle en el desconcierto. ¿Qué hacer? Nosotros, los que llevamos siempre los números de la pedrea que cae de un cielo prepotente y despiadado.

 

 

Isabel Morales Trillo

“TRES CATORCE DIECISÉIS”