|
El feminismo
es un fenómeno vario
y complejo, mucho más
de lo que a primera vista parece,
y que ha tenido más éxito
de lo que algunas mujeres quieren
admitir y menos de lo que muchos
hombres perciben. No quiero
decir que el esfuerzo o la lucha
haya terminado, ni mucho menos;
tampoco me ha gustado nunca
la expresión «guerra
de los sexos», porque
si de verdad la hubiese, todos
seríamos unos desgraciados
y me resisto a que así
sea. Al menos, más de
lo que ya lo somos por otras
razones. Me gusta creer que
el otro sexo, como el nuestro,
es más bien cálido
y acogedor. Y que, si se está
en guerra, mejor que sea contra
alguien en concreto que contra
todo un sexo o identidad sexual.
Voy a centrarme
en el éxito del feminismo,
pero como soy hombre, me disculparán
las féminas si lo hago
desde una perspectiva masculina.
Aparte de que nos sintamos amenazados,
cosa evidente y natural, porque
antes los competidores eran
hombres, es decir, conocíamos
al enemigo porque era como nosotros,
y ahora, además de tener
más competidores (en
número), los tenemos
incomprensibles, no sabemos
por dónde pueden salir
ni qué piensan... A parte
de que la mujer, con sus roles
conquistados, nos amenace o
nos haga sentir amenazados,
decía, ha adquirido un
poder con el que quizá
no contaba y nosotros, mucho
menos. Hay algo que las mujeres
hacen muy bien y los hombres,
no es que lo hagan peor, es
que no suelen hacerlo: tomar
decisiones. Pues bien, la mujer
ha tomado decisiones sobre cómo
quiere que seamos los hombres
y esto es deslumbrante e inesperado.
Con anterioridad, la buena esposa
(«la perfecta casada»)
debía reunir una serie
de caracteres más impuestos
por el lugar que ocupaba que
por una decisión de sus
dominadores masculinos. La mujer
callada, hacendosa, obediente,
que todavía reclaman
algunos grupos (masculinos y
también femeninos), venía
impuesta por la forma de la
organización social.
Pero los hombres actuales, si
quieren recibir algo de las
mujeres actuales, tienen que
reunir una serie de requisitos
que, al menos a primera vista,
no parecen impuestos por la
organización social,
que tampoco ha cambiado mucho
para los hombres, sino que esos
requisitos son requeridos por
las mujeres. El metrosexual
y el más nuevo «metrosentimental»
o como quiera que se llame,
son creaciones femeninas, resultado
de una serie de decisiones femeninas
que han cambiado la forma de
ser y comportarse (sobre todo
esto último) de muchos
hombres.
Los hombres
siguen haciendo una vida semejante
a la que llevan casi un siglo
haciendo. Son las mujeres las
que han cambiado, no sólo
su forma de vivir sino también
ellas mismas, claro. Mas, al
tomar posiciones en un mundo
de hombres, no sólo se
han masculinizado en parte (el
otro día vi a una mujer
escupir en plena calle, un gargajo
sonoro y plástico; por
favor, mejor que no nos copiéis
ciertas cosas), sino que también
han feminizado el entorno, en
un proceso de clara ósmosis.
El hombre actual, al feminizarse,
quizá haya mejorado en
algunos aspectos (por ejemplo,
el sentimental), pero en muchos
otros no se ve la mejora (dejando
de lado el hecho de que, en
la mayoría de los casos,
el«nuevo hombre»
es un actor). Una de las consecuencias
nefastas de la toma de decisiones
femenina ha sido convertir al
hombre en un esclavo del mercado
cosmético. Si lo positivo
habría sido que la mujer,
al dejar de ser un objeto decorativo,
hubiera abandonado las prácticas
maquilladoras del disfraz, el
efecto negativo es que hombres
y mujeres, hoy, compiten por
decorar el ambiente con sus
potingues, sus nalgas de silicona,
los labios inyectados y las
pestañas postizas. En
vez de liberarse el sexo femenino,
ha decidido que el masculino
sea también esclavizado.
Y eso nos puede llevar a preguntarnos
quién ha tomado realmente
las decisiones, si las personas
o el mercado. Y si pensásemos
que el metrosexual y el metrosentimental
son creaciones del mercado,
más que de las mujeres,
se nos cierra un poco la esperanza,
porque también podríamos
pensar, la revolución
feminista, ¿fue fruto
del esfuerzo de una serie de
mujeres y hombres que lucharon
por un ideal, por la justicia,
o fue acaso resultado del mercado
en expansión, que necesitaba
fagocitar nuevas criaturas?
Espero que no, quiero que no
haya sido así. |
|