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HOMBRES A LA CARTA

06/05

El feminismo es un fenómeno vario y complejo, mucho más de lo que a primera vista parece, y que ha tenido más éxito de lo que algunas mujeres quieren admitir y menos de lo que muchos hombres perciben. No quiero decir que el esfuerzo o la lucha haya terminado, ni mucho menos; tampoco me ha gustado nunca la expresión «guerra de los sexos», porque si de verdad la hubiese, todos seríamos unos desgraciados y me resisto a que así sea. Al menos, más de lo que ya lo somos por otras razones. Me gusta creer que el otro sexo, como el nuestro, es más bien cálido y acogedor. Y que, si se está en guerra, mejor que sea contra alguien en concreto que contra todo un sexo o identidad sexual.

Voy a centrarme en el éxito del feminismo, pero como soy hombre, me disculparán las féminas si lo hago desde una perspectiva masculina. Aparte de que nos sintamos amenazados, cosa evidente y natural, porque antes los competidores eran hombres, es decir, conocíamos al enemigo porque era como nosotros, y ahora, además de tener más competidores (en número), los tenemos incomprensibles, no sabemos por dónde pueden salir ni qué piensan... A parte de que la mujer, con sus roles conquistados, nos amenace o nos haga sentir amenazados, decía, ha adquirido un poder con el que quizá no contaba y nosotros, mucho menos. Hay algo que las mujeres hacen muy bien y los hombres, no es que lo hagan peor, es que no suelen hacerlo: tomar decisiones. Pues bien, la mujer ha tomado decisiones sobre cómo quiere que seamos los hombres y esto es deslumbrante e inesperado. Con anterioridad, la buena esposa («la perfecta casada») debía reunir una serie de caracteres más impuestos por el lugar que ocupaba que por una decisión de sus dominadores masculinos. La mujer callada, hacendosa, obediente, que todavía reclaman algunos grupos (masculinos y también femeninos), venía impuesta por la forma de la organización social. Pero los hombres actuales, si quieren recibir algo de las mujeres actuales, tienen que reunir una serie de requisitos que, al menos a primera vista, no parecen impuestos por la organización social, que tampoco ha cambiado mucho para los hombres, sino que esos requisitos son requeridos por las mujeres. El metrosexual y el más nuevo «metrosentimental» o como quiera que se llame, son creaciones femeninas, resultado de una serie de decisiones femeninas que han cambiado la forma de ser y comportarse (sobre todo esto último) de muchos hombres.

Los hombres siguen haciendo una vida semejante a la que llevan casi un siglo haciendo. Son las mujeres las que han cambiado, no sólo su forma de vivir sino también ellas mismas, claro. Mas, al tomar posiciones en un mundo de hombres, no sólo se han masculinizado en parte (el otro día vi a una mujer escupir en plena calle, un gargajo sonoro y plástico; por favor, mejor que no nos copiéis ciertas cosas), sino que también han feminizado el entorno, en un proceso de clara ósmosis. El hombre actual, al feminizarse, quizá haya mejorado en algunos aspectos (por ejemplo, el sentimental), pero en muchos otros no se ve la mejora (dejando de lado el hecho de que, en la mayoría de los casos, el«nuevo hombre» es un actor). Una de las consecuencias nefastas de la toma de decisiones femenina ha sido convertir al hombre en un esclavo del mercado cosmético. Si lo positivo habría sido que la mujer, al dejar de ser un objeto decorativo, hubiera abandonado las prácticas maquilladoras del disfraz, el efecto negativo es que hombres y mujeres, hoy, compiten por decorar el ambiente con sus potingues, sus nalgas de silicona, los labios inyectados y las pestañas postizas. En vez de liberarse el sexo femenino, ha decidido que el masculino sea también esclavizado. Y eso nos puede llevar a preguntarnos quién ha tomado realmente las decisiones, si las personas o el mercado. Y si pensásemos que el metrosexual y el metrosentimental son creaciones del mercado, más que de las mujeres, se nos cierra un poco la esperanza, porque también podríamos pensar, la revolución feminista, ¿fue fruto del esfuerzo de una serie de mujeres y hombres que lucharon por un ideal, por la justicia, o fue acaso resultado del mercado en expansión, que necesitaba fagocitar nuevas criaturas? Espero que no, quiero que no haya sido así.