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Jorge Drexler
expresó con elocuencia
en una carta abierta que publicamos,
su descontento por la decisión
que tomó la producción
de la ceremonia de entrega de
los premios Oscar de que fuera
Antonio Banderas quien interpretara
la canción, acompañado
de Carlos Santana. Esta arbitraria
decisión, despertó
todo tipo de comentarios y actitudes.
Desde la muestra de solidaridad
del actor mexicano Gael García
Bernal, que se negó a
presentar la canción
en la ceremonia, a la diplomacia
de Salma Hayek, que se lo hizo,
pero que se preocupó
en todo momento de destacar
el contenido de la letra y la
autoría de Drexler.
Y Drexler estaba
allí, sentado junto a
su esposa y haciéndole
guiños a la cámara
que lo buscó una vez
finalizada la particular interpretación
de Banderas, tan diferente de
la versión original.
Pasaron los minutos, Prince
subió al escenario con
el sobre lacrado y dijo en un
malísimo español
el nombre del uruguayo.
Drexler atravesó
corriendo el pasillo y aprovechó
los segundos otorgados para
el discurso de agradecimiento
para entonar la primera estrofa
de la canción y mostrar
en parte la versión original
para los que no la conocían.
Quienes votaron
la canción, los integrantes
de la Academia, no tienen en
apariencia, nada que ver con
los encargados de producir la
ceremonia. Ellos simplemente
escucharon la canción
al final de la película
de Walter Salles y a eligieron
como la más destacada.
Luego vinieron
los falsees, la historia que
les estoy resumiendo recorrió
el mundo como la gran paradoja
de la ceremonia. Uruguay, que
se preparaba para el histórico
cambio de gobierno horas después,
tuvo más motivos para
festejar. Por primera vez en
la historia del país,
un uruguayo se llevaba la dorada
estatuilla.
No es casualidad
que haya sido Jorge Drexler,
porque es el músico de
mayor trayectoria en los últimos
años. El que apostó
a emigrar porque su propio país
sólo podía abrirle
el corazón en boliches
de público reducido.
Una vez en España, formó
su propia familia, trabajó
a puro talento, escribiendo
canciones por encargo pero sin
perder el rumbo en las propias.
Drexler incorporó a su
música las bondades de
la globalización. Es
un ciudadano del mundo que crece
y se enriquece a cada paso,
y que contagia su sensibilidad,
dulzura y talento a todos los
que lo conocen.
Su nombre despertó
aplausos, cuando el recién
asumido presidente Tabaré
Vazquez lo destacó en
su primer discurso oficial.
Días después fue
recibido en su patria como un
héroe. Con el premio
en la mano pudo percibir el
cariño de todo un pueblo
que lo aprecia y reconoce como
el hijo más querido.
Ahora es fácil
olvidar la omisión de
los productores, pero creo que
sería interesante que
pensaran la omisión que
tuvieron. Pensaron en la popularidad
de los intérpretes en
la ceremonia, e impidieron que
millones de personas en el mundo
conocieran la canción
elegida, tal como se la puede
oír en la película.
Y Drexler que
hizo en medio de tantas idas
y vueltas? No mucho, sólo
se sacó el gusto de cantar
un pedacito de su canción
en la ceremonia. ¿Hacía
falta algo más? |