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Señoras
y señores, me juego la
barba a que el PP arrasa el
26 de octubre en Madrid.
Imaginemos
la profesión política
como una partida de poker. Como
todo jugador sabe, lo importante
no es llevar cartas, sino ser
capaz de adivinar las que lleva
el contrario, sin que él
adivine las tuyas.
Imaginemos
una partida en la Asamblea de
Madrid: un jugador lleva años
decidido a chupar de la teta
de los constructores. Todo el
mundo lo intuye, pero él
no lo dice. Enfrente, dos jugadores
se han aliado. Representan una
opción más progresista.
La gente confía en que
pongan coto a los desmanes inmobiliarios.
¿Y qué hacen ellos?
¿Ponen cara de poker
y aguantan?
No.
Se ponen a contar a todo el
mundo su próxima jugada.
¡Delante del adversario!
Es normal que les hagan trampas.
El PP arrasará
porque sabe jugar al poker.
El amigo Fausto y Simancas todavía
van por la brisca. ¿Qué
se puede esperar teniendo en
cuenta contra quién juegan?
Gallardón, por ejemplo,
ha conseguido pasar por un tío
progresista, y eso que el tío
tiene que sujetarse el brazo
derecho cuando pasa delante
del Valle de los Caídos.
Ha conseguido incluso crearse
fama de melómano. No
importa si se carga un conservatorio
reconocido como el mejor de
España. No importa si
monta el pelotazo más
grande de la historia de Madrid,
con la nueva estación
de Sol.
No importa… porque sabe
esperar y estarse calladito.
El conservatorio, se lo cepilla
en la última semana de
su mandato. Y lo de Sol, ni
una palabra hasta asegurarse
la mayoría absoluta.
Claro, que
tiene de quién aprender.
Fijémonos en Aznar. Otro
tahúr de mucho cuidado:
el 20-N aceptamos condenar el
régimen franquista. Qué
significativo. Pero luego le
atizamos otros 27000 euros a
la hija del genocida. Como todos
los años(1).
Y la jugada
maestra: el candidato a presidente(2).
Aznar sabía hace por
lo menos un año quién
sería su candidato. Pero
también sabe que, quitando
a Gallardón, nadie tenía
la talla política necesaria
para levantar el desastre político
que ha organizado el último
año.
O sea, que no llevaba buenas
cartas.
¿Qué hizo? Pues
lo que hace un buen jugador.
Poner cara de poker y dar largas.
Ganar tiempo, que se ponga nervioso
el adversario.
Y ha conseguido tener a toda
la prensa detrás moviendo
el rabo durante un año,
pervirtiendo el idioma castellano
de tal forma que nos ha grabado
en la mente la perversa idea
de que el candidato que él
designase sería, por
definición, el próximo
presidente del gobierno.
En nuestro
fuero interno -¿qué
puñetas será eso?-
todos sabíamos que, cualquiera
que fuese la nueva marioneta,
como mucho llegaría a
empatar con Zapatero. Aunque
sólo fuese por el tiempo
que lleva como candidato.
Así que Aznar le ha hecho
campaña antes de que
llegase. ¿Cómo?
Haciéndose de rogar con
los plumillas. Anunciado un
nombramiento… Y luego
dando largas, como en el bolero:
quizás, quizás,
quizás.
Y ha picado todo el mundo. ¡En
El País le hacen un reportaje
especial! ¡Gabilondo pasa
media mañana comentando
la designación!
No recuerdo tanto despliegue
cuando eligieron a Paco Frutos,
de una forma mucho más
democrática, por cierto.
Y eso que tomaba el relevo de
un auténtico símbolo,
como había sido Anguita.
¡Y es que no es noticia,
coño!
Pero como en este país
las facultades de Periodismo
parecen estadios de fútbol
en día de derby, tenemos
los medios de comunicación
inundados de gilipollitas que
sólo piensan en rellenar
sus mil palabras. A veces me
sorprende que conozcan tantas.
La única
baza de Simancas es que tiene
enfrente a una jugadora tan
mala como él. Pero Esperancita
ya ha sido Presidenta del Senado,
y Ministra, nada menos. Y les
gusta mucho a las beatas de
este páis, que son muchas
y votan todas, no como esos
niñatos que dicen ser
de izquierdas, pero el domingo
decisivo se quedan en casa alegando
resaca, y luego tienen los santos
bemoles de quejarse del gobierno.
El 26 de octubre
recibiremos otro derechazo.
Y el próximo presidente
será el títere
de Aznar. Así se hunda
otro Prestige en Irak y los
fondos de Gescartera nos empapucen
las playas.
Y será gracias a la ingenuidad
de nuestra izquierdita, y a
los papanatas que escribís
cosas como “la policía
baraja la hipótesis”
o “las espadas están
en todo lo alto”.
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