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El 29 de setiembre,
Mafalda cumplió 40 años.
Esta niña de cerquillo
particular, creada por Quino
(Joaquín Lavado) mantiene
su genial vigencia a pesar del
paso del tiempo. Sus reflexiones,
que sintetizan profundidad y
sencillez siguen alegrando a
grandes y chicos.
La primera
tira de Mafalda se publicó
el 29 de Setiembre de 1964 en
la revista Primera Plana. Quino,
no sospechaba entonces que las
reflexiones puestas en boca
de este personaje serían
traducidas a 26 idiomas (desde
el japonés, italiano
y portugués, hasta el
griego, francés y holandés),
y que sus libros venderían,
sólo en Argentina, 20
millones de ejemplares. Los
diez únicos libros de
la serie continúan reimprimiéndose
una y otra vez en todo el mundo.
En tiempos
en que recién comenzaba
a tener lugar la liberación
femenina, Quino apostó
a un personaje femenino: “¿Por
qué mujer? No lo sé.
Al principio uno no se detiene
a pensar en esas cosas?",
dice hoy Quino.
Julio Cortázar
llegaría a decir: "No
tiene importancia lo que yo
pienso de Mafalda. Lo importante
es lo que Mafalda piensa de
mí".
Todo empezó
por casualidad. "En realidad
Mafalda iba a ser una historieta
para promocionar una nueva línea
de electrodomésticos
llamada Mansfield. La agencia
Agnes Publicidad le encargó
el trabajo a Miguel Brascó,
pero como él tenía
otros compromisos, me lo pasó
a mí. Esto fue en 1963.
Pero la campaña nunca
se hizo y las ocho tiras que
dibujé quedaron guardadas
en un cajón. Hasta que
al año siguiente Julián
Delgado, secretario de redacción
de "Primera Plana",
me pidió una historieta.
Entonces rescaté esas
tiras y bueno, ahí empezó
todo", cuenta Quino.
El nombre de
Mafalda, surgió de la
versión cinematográfica
de la novela "Dar la cara",
de David Viñas. En una
escena de esa película
aparece un bebé dentro
de un moisés que se llama
así, y Quino adoptó
el nombre.
Mafalda es
la primera hija de una familia
típica de clase media
porteña. Tiene muy claros
sus amores y sus odios. Es fanática
de los Beatles, busca la paz
y defiende los derechos humanos
y la democracia. No entiende
la guerra, detesta las armas
nucleares, y sobre todo, odia
la sopa. El padre es corredor
de seguros, juega con su hija
al ajedrez y cuida las plantas
como hobby. La madre lo conoció
en la Facultad, pero después
abandonó sus estudios.
Guille es el hermanito más
chico, que muchas veces atormenta
a Mafalda con sus preguntas
y que es capaz de dejarla sin
respuesta con sus inquietudes.
El grupo de amigos de Mafalda
es heterogéneo. Quino
se inspiró en algunos
personajes reales de su entorno
para crearlos. Así surgieron
Manolito, Felipe, Susanita,
Miguelito y Libertad. Con ellos,
Mafalda comparte momentos de
diversión, charlas, afinidades
y diferencias.
Luego de diez años de
creatividad constante, Quino
decidió dejar de dibujarla.
“Dejé de hacer
Mafalda después de otros
10 años porque me di
cuenta que me costaba mucho
esfuerzo no repetirme, sufría
con cada entrega. Cuando uno
tapa el último cuadrito
de una historieta y ya sabe
cual va a ser el final es porque
la cosa no va. Y por respeto
los lectores y a mis personajes
y por mi manera de sentir el
trabajo decidí no hacerla
más y seguir con el humor
que nunca dejé de hacer”,
cuenta Quino en su página
web oficial.
No es fácil
afirmar cuales son las razones
del éxito y la vigencia
de Mafalda cuarenta años
después. La mayoría
de los temas que ella cuestionaba
en las décadas del ’60
y 70 siguen sin resolverse.
Todavía la humanidad
está azotada por las
guerras constantes, por el temor
a las armas nucleares y las
madres siguen obligando a los
niños a tomar la sopa.
“No puedo concebir cómo
sería Mafalda ahora,
ni tengo idea de cómo
sería una Mafalda nacida
en los 90. Hay quien propone
que la haga casada, con hijos
de mentalidad mediocre atados
al consumo y que Mafalda tuviera
que sobrevivir a eso. Otros
sugieren que Mafalda fue guerrillera
y que cuente cómo sobrevivió
a la represión. La historieta
es una forma de comunicar la
actualidad y Mafalda comentaba
una actualidad de hace 30 años.
Y si bien me halaga que se siga
leyendo también es triste
pensar que los temas de los
que hablaba Mafalda siguen existiendo,
a veces algunos tienen otro
nombre pero son los mismos.
Lamentablemente muchas cosas
no han cambiado. El mundo que
existía en 1973 cuando
dejé de hacer la tira
y que Mafalda tanto criticó,
está igual o peor que
entonces. También yo
tengo 30 años más
y por supuesto mi visión
de lo que me rodea no es la
de entonces”.
La fama de Mafalda ha superado
las fronteras geográficas
de varios países, pero
Quino es un tanto descreído
del éxito mundial de
su creación: “Después
de 10 años de hacer humor
mudo y con texto empecé
a hacer Mafalda que fue traducida
a muchas idiomas pero no siempre
con éxito, no ha sido
publicada en Estados Unidos
y los ingleses siempre la han
considerado "demasiado
latinoamericana". Hay una
idea muy restringida del mundo
cuando me dicen que tengo fama
mundial: no se conoce en Africa,
en los países del Este
de Europa, ni en el Sudeste
Asiático, no se conoce
en Australia (hubo un intento)”.
Cuatro décadas después
de que Mafalda se publicara
por primera vez, con millones
de libros vendidos, Quino disfruta
del aniversario de su creación
más reconocida, sin perder
la capacidad de autocrítica:
“A veces releo Mafalda
y me pregunto cómo hice
para que se me ocurrieran esas
cosas. Algunas son buenas. Mas
la obra completa de nadie es
completamente buena. Mafalda
tampoco es toda buena. Como
personaje es muy retórico
y mucho menos interesante que
otros”.
La historieta, que fue concebida
en un principio para adultos,
hoy es disfrutado por chicos
y grandes: “Siempre hice
Mafalda para adultos, el diario
lo publicaba en la página
de editorial. Y continúa
siendo así. Los niños
entienden ahora a causa del
volumen de información
que reciben de la televisión”.
Mafalda festeja
y Quino sigue manifestando que
fue un alivio dejarla. Es difícil
imaginar que habría sido
de ella en la triste época
de las dictaduras latinoamericanas
y cualquier especulación
al respecto está de más.
Como el propio Quino manifestó,
“Mafalda no me persigue,
me acompaña”. Como
nos acompaña a todos
y cada uno de los que hemos
disfrutado con sus preocupaciones
de niña, que no entiende
como los adultos llevan tan
mal el mundo.
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