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No existe indicio
alguno de comportamiento racional
en el maltrato hacia la mujer,
como tampoco existe para cualquier
otra manifestación de
maltrato. La esencia de esta
actitud irracional no es otra
que la herencia animal que predomina
en muchos de nosotros, en mayor
o menor grado; se trata del
instinto de supervivencia que
consigue, sin darnos cuenta
en la mayoría de las
ocasiones, que predominemos
sobre el más débil.
En el caso del maltrato a la
mujer aparece otro componente,
al mismo nivel que el anterior
e independiente totalmente del
nivel cultural del maltratador:
son los celos. El ser humano,
como el resto de los seres vivos
(animales al fin y al cabo)
lleva grabada “de serie”
la necesidad de reproducirse,
de expandir sus genes en beneficio
de la perduración de
la especie. El “hombre
animal” no entiende de
razones y menos de relaciones;
para él, cualquier actitud
expansiva de su compañera
es interpretada como un intento
de procrear con otro “macho”,
con otro portador de genes totalmente
distintos a los suyos. El maltratador,
además de celoso, suele
ser infiel a su compañera;
para él no existen amor,
respeto, compromiso,... , solo
se deja llevar por el instinto
reproductivo.
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