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Es costumbre
de toda generación madura
el hecho de criticar la falta
de educación de cada
nueva generación; ya
en la antigua Grecia los grandes
filósofos, por nosotros
hoy tan conocidos, criticaban
duramente a la generalidad de
sus discípulos que, en
defensa de la juventud actual,
eran casi más atolondrados
que los de hoy en día.
Criticamos a los jóvenes
porque gritan, porque ensucian,
porque corren demasiado, porque
no juegan, porque no leen, porque
no estudian... pero pocos hacen
frente a los problemas de educación;
entre estos héroes están
los profesores de niveles inferiores,
con la enorme responsabilidad
del alquimista, que hará
del alumno una persona equilibrada
en la que la proporción
de conocimientos y habilidades
será fundamental en todos
los aspectos de su crecimiento
físico e intelectual,
los profesores de niveles medio
y superior que sobre la base
de alumnos de tan dispar formación
y talante, forjarán la
sociedad del presente-futuro.
No me olvido de la familia,
y en especial de los padres
responsables que, desde la cuna,
controlan la educación
de sus hijos. La educación
es una labor de equipo en la
que familia y profesorado han
de involucrarse de forma equilibrada,
respetando los respectivos espacios
de trabajo y logrando que el
joven asuma la necesidad de
ambos agentes en su formación.
Nos hallamos
inmersos ahora en el proceso
de reforma de la LOE, pero sospecho
que no se corregirá el
principal problema de todos
los sistemas educativos que
están sufriendo los jóvenes
de las sucesivas generaciones:
la falta de coherencia; el objetivo
de la enseñanza es dual,
por un lado enriquecer a la
persona y por otro enriquecer
a la sociedad, ¿cómo
valora la Administración
el valor añadido que
los jóvenes aportan a
la sociedad, a la industria,
a la ciencia, ...?. La Administración
debería comportarse de
forma más profesional
y menos política, estudiando
la evolución de nuestra
sociedad para anticiparse en
todo momento, y con la suficiente
antelación, a los cambios
futuros en beneficio de todos.
Los parches son soluciones temporales,
a la larga la rueda termina
explotando; sirva de ejemplo
el excesivo número de
titulados en informática
y derecho sin empleo, mientras
que para otras profesiones es
difícil encontrar profesionales
cualificados. |
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