Principal / El Zoom / Qué Bonita Pareja!!!
QUÉ BONITA PAREJA!!!

 

Da pena desmoronarla: tan monos, tan pulcros… tan estéticamente de los tiempos que corren. La imagen perfecta a seguir. Todo está estudiado: calculado. Un año de empacho de boda. Qué casualidad!!! El de las elecciones. Al personal le gusta. Cómo no… tantos cuentos de ranas que se convierten en príncipes, tantos Sissí, Preety Woman, y Princesas Prometidas que nos parece normal: lo hemos mamado desde la cuna. Se admite la monarquía con asombrosa admiración. La naturalidad de los plebeyos en agachar la cabeza ante los nobles: los de casta.

El sueño americano.

La educación que recibimos lleva ese camino. En las aulas, en los medios de comunicación, en la calle. El sueño americano. Aznar lo consiguió: casar a su hija como si fuera una princesa. Con la pomposidad de El Escorial: máximo exponente del estilo absolutista. El complejo del burgués que no tiene el título de nobleza. Ya lo tendrá: ya lo comprará. Hay muchas formas de trueque legal. Las leyes los respaldan.
La monarquía: constitucional: legalizada. La monarquía tan mona, queda tan bien… las relaciones públicas más caras; los representantes de una España, la otra, la de los republicanos está en la “clandestinidad”. Ni siquiera los que se llaman de izquierdas se atreven a criticarla. Lo establecido.

La gente se queda admirada de los 1.700 m2 de la celebérrima mansión. Cotilleo y envidia se mezclan en armonía. El personal vive en menos de 100 con su familia. Cada día más, en casas compartidas. En habitaciones con derecho a cocina y baño (cuando está libre). El personal se consuela viendo fotografías retocadas y perfectas en las revistas: en internet, en las teles. En todo lo visual que existe. Quién fuera ella! Mi barrio es Aluche, San Blas, Moratalaz, Carabanchel… Quién fuera ella. Tan estudiada. Tan letrada. Hasta compra los libros de El País. Quién fuera ella: la pulcra imagen conservadora. Se deben de preguntar muchos. Pero, ¿quién pagó el lujoso chalet? ¿Quién los viste? ¿Quién los calza? Hay quien va a trabajar en zapatillas. Hay quien se recorre la ciudad para ahorrarse unos céntimos en el cartón de leche. Hay quien decora su casa con muebles regalados o encontrados en los contenedores… No han heredado el título monárquico. Tan absurdo. Y aún resulta más increíble el llegar a ser reina por “tus ojos bonitos”.

Interesa el olvido, llenar la cabeza de fantásticos vestidos de tul. Ellos están por encima de cualquier cuestión.

He oído a todos los periodistas y seudoperiodistas aceptar con alegría la elección del Príncipe: ha hecho muy bien, ha buscado una novia de nuestro tiempo. ¡Tiene carrera! ¡Dios! Qué preparación. Aunque esté divorciada y no sea virgen. Prescripción indispensable para su iglesia católica. Pero éste no es el fondo: ¿Qué pinta la existencia de monarquías en este siglo? Tendremos que reflexionar.