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Antes
de entrar en harina, dejemos
claras un par de cosas:
1. No vivimos
en democracia. En esta legislatura
se ha ilegalizado EH, un partido
con representación parlamentaria
y cientos de miles de votos.
Y se ha permitido el transfuguismo,
una lamentable burla de la voluntad
política del pueblo.
2. No vivimos en un Estado de
Derecho. La separación
de poderes no se cumple en España,
siendo el caso más flagrante
el método de designación
del Consejo General del Poder
Judicial. Además, nuestro
país ha violado las leyes
internacionales al invadir Irak
sin una agresión previa.
Estos dos puntos
nos ayudarán a comprender
la postura del Partido Popular
en la crisis del tripartito.
La única
salida que ve el partido de
José María Aznar
es que se disuelva el gobierno
de izquierdas. Por alguna razón
que sólo ellos entienden,
los pecados de Carod-Rovira
contaminan al partido entero,
y a todo el que tenga relación
con el partido.
Es una postura perfectamente
coherente con el estilo antidemocrático
del PP, pero insostenible desde
una perspectiva democrática.
Por inconcebible
que le parezca al señor
Aznar y sus correligionarios,
el pasado 16 de noviembre, en
Cataluña, hubo más
votantes de ERC (16,4%) que
del Partido Popular (11,87%).
Y, mal que les pese, la fuerza
más votada fue el PSC
(31,17%).
Naturalmente, puede comprenderse
que ellos querían ganar,
y para ello era necesario que
perdieran sus oponentes. Pero
las ganas de gobernar, de momento,
son menos importantes que la
voluntad del pueblo soberano.
Tal vez al señor Aznar
le cueste comprenderlo, porque
no fue eso lo que le enseñaron
en el colegio, pero a día
de hoy las cosas son así.
Por esa razón,
por ejemplo, Ponferrada sigue
gobernada por el PP, a pesar
de que su alcalde tuvo que dimitir
tras ser condenado por acoso
sexual a una concejala. Pero
un solo acosador no invalida
la voluntad política
de esos millones de españoles.
A mí me encantaría
que el Partido Popular desapareciese
no ya de Ponferrada, sino de
mi vista, pero como la mitad
de España les vota todavía,
me aguanto.
Mantenga la compostura, señor
Aznar, que se le ve el plumero.
Mientras no sea usted capaz
de recortarse el bigotito un
poco por los lados y de sacar
los tanques a la calle, seguirá
siendo usted un funcionario
más a merced del pueblo.
Y ahora pasemos
a hablar de los pecados de Carod-Rovira.
Según
la derecha más conservadora,
Carod-Rovira es algo así
como un diablo con tridente
y rabo que ha ido a pedirle
a los malos que maten españoles
y dejen vivir a los catalanes.
Bien, como la media de edad
de los lectores de esta revista
supera los tres años,
entiendo que esta visión
les resultará un poco
pueril.
Como representante político
catalán, entiendo que
su la jurisdicción de
Carod-Rovira es Cataluña.
Querer interpretar una tregua
en Cataluña como un agravio
comparativo con el resto de
España es querer ver
el vaso medio vacío.
Los hechos son: Carod-Rovira
se reúne con (alguien
de) ETA para negociar.
Los términos
de la negociación ya
parecen más oscuros.
Se supone que la oferta de ETA
es una tregua en Cataluña.
Pero ¿cuál
es la contrapartida que ofrece
Carod?
Ésa
es la pregunta clave, porque,
a pesar de la opinión
de esas personas que invaden
países sin agresión
previa y permiten gobernar a
abusadores confesos, negociar
no es pecado.
A pesar de la opinión
de esas otras personas que tienen
a un ex-ministro en la cárcel
por ordenar crímenes
y encabezan sus listas con don
nadies manejados por los de
siempre, negociar no es pecado.
Una salida negociada acabó
con las acciones armadas en
el Ulster. Una salida negociada
–por Carod-Rovira- puso
fin a Terra Lliure.
El único problema sería:
¿qué piden a cambio
de la tregua?
La negociación en sí
no puede calificarse de negativa
sin conocer el precio de la
oferta.
Si lo que ha
ofrecido Carod-Rovira es apoyo
político a la causa independentista
vasca, con perdón del
señor Aznar, la vida
de un solo español es
más importante que la
unidad de España.
Porque España no es una
unidad de destino en lo universal,
señor Aznar. Quíteselo
de la cabeza. La Reconquista
no existió. Franco no
era Caudillo por la Gracia de
Dios.
Si tanto le preocupa la unidad
de España, señor
Aznar, agarre un Cetme y váyase
a recuperar el Sáhara
Español, o Cuba, o las
Filipinas.
En cuanto a
Carod-Rovira, su mayor pecado
–a ojos de la derechona-
es ser catalán y de izquierdas.
Si mañana un líder
nacional se sentase a negociar
con ETA y consiguiese una tregua
total, se consideraría
un mérito político
enorme. Ah, pero si es catalán,
es egoísmo y traición.
Si todos los presidentes autonómicos
tuvieran las dotes políticas
de Carod-Rovira, probablemente
conseguiríamos una tregua
total. Obviamente, en Galicia
y en Extremadura, hoy por hoy,
no habría nada que hacer,
pero por intentarlo...
La escena política
de este país está
llegando a unos niveles de crispación
insólitos. La discusión
programática ha desaparecido
por completo. Las campañas
electorales empiezan a parecerse
a zocos donde los mercachifles
vocean su género, intentando
gritar más alto que el
de al lado.
Los políticos, únicos
funcionarios cuyos sueldos no
se han congelado –vaya
usted a saber por qué-
parecen haber olvidado quién
les paga.
Incluso los
que les pagamos parecemos olvidar
que son empleados nuestros.
Y que su contrato sólo
dura cuatro años.
Negarse en
redondo a hablar de los problemas
equivale a renunciar a solucionarlos.
Y eso debería ser motivo
de despido. |